Los tropiezos del Mundial

La gala más corta de la historia; el prodigio del exoesqueleto, eclipsado por el autobús de la selección brasileña y un árbitro favoreciendo la victoria de la anfitriona deslucen la inauguración de la cita futbolística más importante del planeta

Sao Paulo ofreció la gala inaugural más corta de la historia en un Mundial. (Mauricio Dueñas, EFE)
Sao Paulo ofreció la gala inaugural más corta de la historia en un Mundial. (Mauricio Dueñas, EFE)

Juliano Pinto debía protagonizar ayer el que sería el gran momento de la inauguración del Mundial de Fútbol Brasil 2014 pero la cámara se olvidó de él. Pinto era el parapléjico que haría el saque de honor del partido inaugural entre la anfitriona y Croacia vestido con un exoesqueleto que le permitiría levantarse, caminar y dar una patada al balón para dar inicio al campeonato. Cuando la televisión se acordó de él, ya era demasiado tarde y solo logró captar dos segundos del exoesqueleto avanzando torpemente hacia el árbitro. Los realizadores se disculparon y reconocieron que se les "escapó" el momento de la retransmisión al coincidir con la llegada de la selección nacional al estadio Arena Corinthians de São Paulo. Mientras, las redes sociales se movían entre la mofa y la indignación.

El exoesqueleto no solo era un alarde de espectacularidad para la ceremonia sino una exhibición de hasta dónde puede llegar la neurociencia. Con un presupuesto de 15 millones de dólares (diez veces más de lo que suelen recibir otras investigaciones) y dos años de trabajo, el equipo de Miguel Nicolelis había desarrollado este experimento que emula el sistema nervioso humano y consigue movimientos dirigidos por el cerebro en personas sin movilidad. "Será como poner un hombre en la luna", dijo el científico brasileño. Pero un simple autobús lleno de futbolistas eclipsó su gran momento.

La brevedad del momento del exoesqueleto era un reflejo, casi, de lo que había sido la gala inaugural. Con solo 25 minutos de duración –el más corto de la historia del Mundial- el evento arrancó con un homenaje a la naturaleza y a los pueblos de Brasil e intervinieron más de 600 artistas disfrazados de árbol, gotas de agua y fuego. Aunque el momento más esperado era el de la actuación de Pitbull, Jennifer López y Claudia Leitte cantando We are one, el himno oficial del evento, la presencia del público fue escasa, debido al retraso en los medios de transporte por las manifestaciones contra la celebración de la Copa del Mundo de Fútbol en el país.

Brasil no ha logrado desprenderse del enfado que ha provocado en la población la organización de un evento de tal magnitud en un país que ya no mantiene los indicadores económicos tan favorables que exhibía en 2007, cuando ganó la sede. Las quejas por los elevados impuestos o los precios del transporte y la exigencia de mejoras sociales como prioridad frente a un evento deportivo han provocado unas inagotables protestas contra la organización del Mundial en un país que, históricamente, venera el fútbol.

Y si bien el resultado del partido inaugural, con su selección venciendo a Croacia, podría haber alegrado la jornada a los brasileños, lo cierto es que el resultado no fue siquiera merecido. Un penalti mal pitado por el árbitro japonés Yuichi Nishimura transformó el empate a cero en una victoria para la anfitriona y desató la ira a miles de kilómetros, en Zagreb. "Brasil celebra con ayuda arbitral", titula el periódico Vecernji List. "Un asesino japonés disparó a Niko Kovac (seleccionador croata) por la espalda", escribe el Novi List.

Ante tan decepcionante inicio,  algunos empiezan a preguntarse: ¿Qué pasará si Brasil no gana este Mundial?

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