Servicios a domicilio, el negocio que cautiva a los cubanos

Los negocios privados popularizan los pedidos de comida por teléfono que hasta hace poco eran una quimera en Cuba

En La Habana, de 458 negocios de venta de comida que aparecen inscritos en el directorio ‘AlaMesa’, al menos 66 ofrecen la opción de llevar a domicilio. (14ymedio)
En La Habana, de 458 negocios de venta de comida que aparecen inscritos en el directorio ‘AlaMesa’, al menos 66 ofrecen la opción de llevar a domicilio. (14ymedio)

El colorido vehículo sale disparado cuando el semáforo se pone en verde y deja, tras de sí, un olor a pizza recién horneada. Es una de las señales visibles de que los negocios privados están conquistando en un país donde ordenar comida a domicilio era una quimera hasta hace poco.

En tiempos de Uber Eats y Amazon, los emprendedores nacionales usan métodos más tradicionales. Anuncios de papel pegados en zonas públicas, números de teléfono junto a fotos de deliciosos platillos y clasificados en sitios digitales forman parte de las estrategias del negocio de la entrega a domicilio, más conocido en la Isla como el delivery.

"Empezamos con dos motos y ya tenemos cinco", cuenta Yosniel, empleado en un negocio de la barriada habanera de la Víbora que ofrece comida china por encargo. "Al principio recibíamos pocas llamadas al día, pero desde que más personas se enteraron de nuestras ofertas, el teléfono no para de sonar", agrega.

AlaMesa, el más completo directorio de servicios gastronómicos de la Isla, tiene registrados hasta la fecha unos 930 locales, entre restaurantes, bares, pizzerías y cremerías en todo el país. En La Habana, de 458 negocios de venta de comida que aparecen, al menos 66 ofrecen la posibilidad de llevar a domicilio.

Anuncios de papel pegados en zonas públicas, números de teléfono junto a fotos de deliciosos platillos y clasificados en sitios digitales forman parte de las estrategias del negocio

Mamma Mia es uno de ellos. En una hermosa casona de la calle 23 se pueden comer pizzas al estilo italiano y también se preparan los envíos para clientes de varios municipios cercanos. "Cuando no tengo ganas de salir, llamo por teléfono y hago el encargo", cuenta a este diario Víctor Manuel, cliente asiduo del local y vecino de la zona.

El comensal cree que los consumidores nacionales cada vez se entusiasman más con la posibilidad de ordenar a distancia. "La gente desconfía si no puede ver previamente la comida que va a comprar, pero cuando se ha probado la calidad de un lugar esa desconfianza disminuye", comenta.

Víctor Manuel trabaja junto a dos amigos en un negocio de diseño de interiores por cuenta propia. "A veces tenemos que pasar horas y horas haciendo planos o diseñando en la computadora, por lo que tener la opción de tener la comida en la puerta nos facilita mucho el trabajo", apunta.

Al cierre de enero de este año 539.952 cubanos ejercían el trabajo por cuenta propia, de ellos 59.368 se dedicaban a la elaboración o venta de alimentos. La mayoría en pequeñas cafeterías o locales muy sencillos, pero la sofisticación y el glamour también tiene presencia en el sector.

Las entregas a domicilio son un feudo del sector privado y por décadas muy pocos restaurantes estatales ofrecieron esa posibilidad. El despachador que llegaba en una moto con la pizza en la mano era "cosa de película" para varias generaciones de cubanos hasta que en 2008 se flexibilizó el ejercicio del trabajo por cuenta propia.

El despachador que llegaba en una moto con la pizza en la mano ha sido ‘cosa de película’ para varias generaciones de cubanos.
El despachador que llegaba en una moto con la pizza en la mano ha sido ‘cosa de película’ para varias generaciones de cubanos.

Liset y su esposo Esteban tienen un servicio de sushi por encargo. Este mes de abril cumplen dos años desde que empezaron a llevar sus exóticos platillos a las casas de los clientes. "Tenemos ofertas de un roll que incluye ocho porciones acompañadas de wasabi, jengibre y salsa de soja japonesa, también viene con vegetales", cuenta la propietaria a 14ymedio.

Después de vivir por cinco años en Costa Rica, el matrimonio ha vuelto a vivir en la Isla e incursiona en un terreno novedoso. "Empresarios extranjeros radicados en el país, diplomáticos y cubanos que quieren probar sabores nuevos", así describe Esteban a la creciente clientela.

El camino principal para difundir su carta lo constituyen los sitios digitales de clasificados, pero también cuentan con un pequeño folleto con los precios y un anuncio de "llame a cualquier hora y le atenderemos". En caso de "encargos mayores para más de 20 comensales, haga el pedido 24 horas antes", advierte el texto.

"Lo peor es cuando ya estamos en la casa de un cliente y nos dice que se equivocó y que no va a comprar todo el encargo porque no le alcanza el dinero", asegura Liset. Sin una reserva previa a través de internet o la garantía de un número de tarjeta de crédito en algún servicio online, los vendedores pueden ser víctimas de "bromas y falsos pedidos", cuenta la emprendedora.

Sin embargo, considera que la incidencia de esos problemas es "poco frecuente" y que en general su experiencia en ese negocio "es positiva". Como ventaja, "no se necesita un local grande ni invertir en habilitar un restaurante, basta una línea telefónica y una buena organización en la cocina".

Los emprendedores están planeando implementar "un sistema de puntos y un número de cliente para que sea más rápido el pedido"

Programas de fidelidad, rebajas cuando se supera un número de pedidos al mes y hasta pequeños regalos a los clientes más frecuentes, son algunas prácticas que también empiezan a extenderse. "A los clientes que hacen más de dos pedidos al mes le regalamos un plato adicional", aseguran Liset y Esteban.

Los emprendedores están planeando implementar "un sistema de puntos y un número de cliente para que sea más rápido el pedido". Creen que en el emergente sector gastronómico, aquel que "no sea creativo quedará al campo". La entrega a domicilio es su apuesta y "el futuro de la venta de comida en Cuba", opina la vendedora.

Una vistosa moto con el emblema de Banana City Delivery recorría este lunes la céntrica avenida de Rancho Boyeros en La Habana. Desde un taxi colectivo un pasajero intentaba anotar el número de teléfono para hacer un pedido. Una imagen que hace dos décadas era impensable en las calles cubanas.

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