Un avance de la próxima Cuba

Entrevista con Manuel Cuesta Morúa, gestor de Consenso Constitucional

Opciones que se debaten: Modificar la Constitución de 1940, actualizar la de 1976 o crear una nueva Carta Magna

En el Proyecto participan la mayoría de las organizaciones relevantes de la comunidad cívica y política, dentro y fuera de Cuba

Cuesta Morúa
Cuesta Morúa

Pregunta. ¿Cuál es el objetivo del proyecto Consenso Constitucional?

Respuesta. Convocar a la sociedad civil y a la ciudadanía para trabajar por el cambio constitucional, y crear una nueva Constitución cubana que esté de acuerdo con tres realidades y exigencias clave: el control ciudadano del Estado, que es la premisa de la democracia; el Estado de derecho, que garantiza que nadie esté por encima de la ley; y la limitación del poder, sin lo cual no hay respeto a las libertades fundamentales. Este es el objetivo central, visto por tres caminos integrables e interdependientes.

Hay otro propósito colateral, básico para la consistencia de una sociedad y un Estado constitucionales. Este propósito es el empoderamiento cultural de los cubanos en materia de leyes, ciudadanía y Estado de derecho, acompañando y basándonos en las contribuciones de las organizaciones cubanas de juristas independientes. Como demuestra la experiencia, las mejores constituciones duermen el sueño de los justos si no se basan en la cultura de derechos y del derecho. Y el tema de la cultura constitucional en Cuba hay que abordarlo con fuerza por dos razones primordiales: la primera es que como la llamada Revolución ha sido y es la fuente de derecho por excelencia, los cubanos no estamos familiarizados con la ley y su valor para la convivencia; la segunda es que estamos aún regidos por la que probablemente sea la última Constitución de molde soviético que queda con vida en el mundo ―no sé si en Rusia se acuerdan de la Constitución de 1936 que sirvió de modelo a la cubana actual―, y como se sabe, ella nada tiene que ver con nuestras tradiciones y cultura.

Estamos aún regidos por la que probablemente sea la última Constitución de molde soviético que queda con vida

P. ¿Qué organizaciones lo patrocinan?

R. Consenso Constitucional es una propuesta horizontal sin jerarquías ni organigramas rígidos. Participan de él la mayoría de las organizaciones más relevantes de la comunidad cívica y política, dentro y fuera de Cuba. En www.consensoconstitucional.com se puede ver la relación de todos los patrocinadores, que no menciono aquí porque la lista debe seguir creciendo.

P. ¿En qué etapa se encuentra y cuándo (no en fecha, sino en señales) considera usted que haya cumplido sus propósitos?

R. Ahora mismo estamos en la preparación de las Mesas de Iniciativa Constitucional en todo el país, y en la preparación de los distintos encuentros que se realizarán fuera de Cuba. A fines de mayo, se reunirán entre 8 y 10 ciudadanos en cada una de estas Mesas de Iniciativa Constitucional con el propósito de aproximarnos al punto de partida más razonable para el cambio constitucional: si la Constitución reformada de 1976, si la paradigmática Constitución de 1940 o si una nueva Constitución. Queremos buscar primero un consenso ejemplar que se enfoque en la legitimidad ciudadana, desafortunadamente no puede ser entre todos los cubanos, para entonces empezar a concebir un borrador que será redactado por los Comités de Iniciativa Constitucional, formados por abogados y especialistas en las diversas materias legislables dentro de una Constitución.

Estas reuniones se harán también en Madrid y Puerto Rico, y en el mes de julio se realizará con múltiples organizaciones de Miami en la Universidad Internacional de la Florida (FIU).

Habremos cumplido nuestro propósito, y por ahora estoy siendo minimalista, cuando tengamos redactado ese borrador que refleje el consenso de todos los participantes, cuando hayamos recogido un número crítico de firmas ciudadanas demandando un nuevo proceso constituyente, y cuando hayamos logrado estabilizar en cada municipio Mesas permanentes de Iniciativa Constitucional como espacios de interacción e intercambio ciudadano con todo el proceso legal. Si los ciudadanos no montamos un esquema de vigilancia sobre la calidad de las leyes, el cumplimiento de la legalidad y la arbitrariedad consustancial a todo poder impune e inmune, de nada vale contar con la mejor Constitución posible. Tuvimos la de 1940 y Cuba se encuentra por debajo del grado cero de cultura constitucional y legal.

Hay desde luego, un propósito maximalista: llegar a través de este proceso a contar con un ordenamiento constitucional y jurídico que sea expresión de nuestras necesidades, de nuestros derechos y de nuestras exigencias de convivencia realmente civilizada. El comportamiento incivil es la realidad más profunda de nuestro país, de arriba hacia abajo. Desde el poder hasta la sociedad. Eso necesita las reglas del juego de una Carta Magna que incluya a todos los cubanos. De dentro y de fuera.

En Consenso Constitucional se trata de definir el qué, no el quién. Nos importa más la naturaleza del poder que los sujetos que lo ejercen


P. ¿Cree usted que en la dirección del país existe la imprescindible cuota de buena fe que se requiere para que el proyecto no sea abortado o incluso tratado como una acción hostil tendiente a derrocar el gobierno?

R. El gobierno cubano no se caracteriza por la buena fe. Su lógica de poder no nace de entender el vínculo racional con el resto de los mortales, sino el de la pura y dura dominación. Así no puede haber buena fe. Sin embargo, este gobierno demuestra capacidad para el pragmatismo justamente porque le interesa conservar el poder. La realidad obliga, y esperamos que en este caso, el del cambio constitucional, los hechos se vayan imponiendo. En América Latina hay un fuerte movimiento pro reforma constitucional que puede y debe incluir a Cuba. Por otra parte, hay un consenso siempre tácito, a ratos explícito, sobre la necesidad de reformas en las leyes.

Desde otros espacios se promueve, si bien con una visión elitista, la necesidad de reformar la constitución actual. Y el mismo Presidente designado se viene expresando en esta dirección. Nuestra propuesta, por otra parte, no está concebida con la mentalidad de tumbar a los de arriba. En Consenso Constitucional se trata de definir el qué, no el quién. Nos importa más la naturaleza del poder que los sujetos que lo ejercen. De manera que no hay hostilidad hacia el poder, sino intento de definir nuevas reglas del juego desde donde ejercerlo. Si dentro de ellas los ciudadanos deciden que el gobierno debe estar en manos de los mismos que lo conservan hoy, pues no me va a gustar pero tengo que respetar esas reglas que contribuí a definir junto al resto de los ciudadanos. Lo auténtico e interesante desde esta perspectiva constitucional es que la próxima Cuba sea la de los ciudadanos.

Una Cuba donde la seguridad ciudadana y el control efectivo sobre las incertidumbres permitan la defensa de las libertades fundamentales y la explosión creativa, en todas las direcciones, de la sociedad cubana.

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