Una vez balsera… siempre balsera

La atleta Iliana Hernández. (14ymedio)
La atleta Iliana Hernández. (14ymedio)

Una balsera cubana se ha trazado un nuevo reto. Esta vez no se trata de escapar de Cuba en una frágil embarcación, sino de cruzar el desierto del Sahara. Iliana Hernández recorrerá 240 kilómetros a lo largo de dunas de arena y llevando a cuestas comida, agua y el saco de dormir para siete largas jornadas.

La Marathon des Sables tendrá su nueva edición entre el 3 y el 13 de abril de 2015. Esta intrépida guantanamera será la única cubana que se presente a la prueba, aunque antes de ella otra compatriota lo intentó en 2008. Para superar el cansancio y el dolor físico, Iliana cuenta con su voluntad, una impresionante preparación física y la experiencia de haber sido balsera en Cuba.

En medio de su duro entrenamiento, la joven tiene unos minutos para compartir con los lectores de 14ymedio sobre el gran reto que le espera.

Pregunta: La Marathon des Sables tiene una larga tradición y está considerada una de las carreras más duras del mundo. ¿Puedes contarnos más de su organización, requisitos y concepto?

Respuesta: Efectivamente se trata de una de las carreras más exigentes del mundo y comenzó a realizarse en 1985. Constituye un gran reto para muchos atletas de élite y para otros que, sin poseer una forma física excelente, quieren probarse a sí mismos en una lucha donde lo más importante no son las piernas sino la voluntad.

La prueba dura siete días durante los cuales se disputan seis etapas. Se desarrolla en el Sahara marroquí. Cada corredor debe ser autosuficiente y cargar su comida y todo aquello que necesite a lo largo de 240 kilómetros. Mochila, saco de dormir, gorra y otros útiles de sobrevivencia se convierten en aliados inseparables durante una semana. La prueba está dividida en seis tramos que van desde los 20 a los 80 kilómetros. El terreno es desértico, con muchas piedras, zonas de antiguos lagos secos y dunas de arena. Por si fuera poco, los corredores deben sufrir temperaturas que rozan los 50 grados Celsius.

Patrick Bauer es el alma mater del evento, su creador y director. Cruzó en solitario el desierto del Sahara hace 30 años. Su experiencia se plasma en una organización que dedica los fondos recaudados a las aldeas ubicada en el entorno de la carrera. Atlantide Organisation Internationale es como una pequeña ciudad itinerante con 400 personas que se distribuyen el trabajo cada día. Medio centenar de médicos supervisan y cuidan a los corredores, dos helicópteros sobrevuelan el recorrido, 120 vehículos de la organización patrullan cerca de los participantes, un equipo se encarga de montar y desmontar el campamento y hasta un camión incinerador de basuras sigue la competencia para que el desierto regrese a lo normalidad después de concluir la maratón.

Entre los requisitos ineludibles que debe cumplir cada participante, están tener las ganas y la voluntad de llevar a cabo este reto, además del dinero para pagar la inscripción.

P: Correr a lo largo del desierto, con una mochila a cuestas, requiere un intenso entrenamiento físico y también exige una fuerte voluntad. ¿Cuáles motivaciones y pensamientos evocarás cuando el calor, la sed y el cansancio hagan que te fallen las fuerzas?

R: Pensaré en aquella joven que intentó salir de Cuba una vez por la Base Naval de Guantánamo. Fueron días muy duros y tuve que estar más de tres jornadas sin agua ni comida, a la deriva y sin médicos... Tomando esto en cuenta, bien puedo cruzar el desierto, al menos en esta ocasión tendré agua, comida y atención. Me remontaré al tiempo en que ansiaba la libertad por encima de todo y, sustituyendo la meta por esos sueños, podré llegar.

Los cubanos tenemos una fuerza de voluntad muy grande, hemos nacido en un país donde la supervivencia es constante, es más duro soportar los estragos de una dictadura de 55 años que seis días en el desierto. Llevaré conmigo, en el corazón, el ansia real de todos los cubanos. De aquellos que luchamos por la libertad de nuestro país y de quienes -aunque el miedo los detiene- también la desean.

P: ¡Así que de balsera a maratonista! ¿Puedes contarme más detalles de aquella frustrada escapada?

R: Fue una experiencia muy parecida a la del desierto. Salí de Guantánamo con 16 personas, íbamos con un guía que conocía la zona. Llegamos cerca del mar y esperamos la noche para lanzarnos al agua. Estábamos a pocas millas de nuestro destino final que era la Base Naval de Guantánamo. Sabíamos que nos jugábamos la vida pero nuestro sueño era más fuerte que todo eso. Cuando cayó el sol nos despojamos de todo lo que llevábamos y nos metimos al mar para llegar a la base. Íbamos juntos por los dientes de perro. Había mucho oleaje y en cierto momento una ola muy fuerte me tiró. Me di un golpe en la cabeza y pensé que todo había terminado, pero pude salir a la superficie y decir que estaba viva.

Algunos decidimos ir mar adentro para evitar el peligro de las rocas pero fue peor, nadábamos a contracorriente. Pasamos toda la noche nadando pero, al parar para descansar, la corriente nos devolvía al mismo sitio. Fue una batalla perdida. Al amanecer, un amigo y yo llegamos a una orilla, pero no era la de la base. Yo estaba dispuesta a esperar la noche para volver a lanzarnos pero él no quiso y decidimos regresar e intentarlo en otro momento. El regreso fue sin agua ni comida, descalzos y semidesnudos. Retornamos bajo un sol fulminante y un terreno lleno de espinas y semidesértico. Así pasamos dos días con sus noches, andando, descansando solo cuando el agotamiento no nos dejaba avanzar más.

Llegamos a las cercanías de Guantánamo y como casi siempre ocurre, un chivatazo dio la alarma a los policías y fuimos detenidos. Lo primero que pedimos fue agua. Estuve 37 días encarcelada. Por suerte las condenas por salidas ilegales ya no eran tan fuertes y me condenaron a tres años de libertad condicional. Siete de nosotros consiguieron llegar, los que continuaron por las rocas. Unos amigos españoles se condolieron de mis dos intentos fallidos y me ayudaron a salir de Cuba. A la tercera fue la vencida y abordé un avión directo a Madrid.

P: ¿Crees que debemos albergar esperanzas de que la bandera cubana ondee en el podio de las ganadoras de la Marathon des Sables?

R: Yo estoy entrenando para ganar y conseguir estar en el podio. Estoy poniendo en ello todo mi empeño, pero para alcanzarlo sería ideal poder hacer los entrenamientos específicos que requiere esta competición. Es decir, realizarlos en terrenos arenosos, similares a aquellos donde ocurrirá la carrera. De momento no han surgido aún patrocinadores y debo pagar las cuotas de mi propio bolsillo. Esto me limita mucho y no puedo trasladarme a zonas específicas. Mi gran deseo ahora mismo es lograr entrenar en sitios parecidos al desierto.

Si resuelvo la situación económica y me puedo dedicar plenamente al entrenamiento adecuado, puedo asegurar que la bandera cubana ondeará en el podio de la Marathon des Sables y me atrevo a decir que en lo más alto.

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