“Nunca he dejado de jugar”

Alfredo Pong
Alfredo Pong

De trazo irreverente, las viñetas gráficas de Alfredo Pong resaltan por su incisiva mirada sobre la realidad cubana. Este hombre, que mezcla en su árbol genealógico culturas con la misma naturalidad que combina colores en sus dibujos, rechaza la autocensura y está muy lejos de ser políticamente correcto.

Hoy, comparte con los lectores de 14ymedio su trabajo y su vida, que se expresan también en líneas, rasgos, luces y sombras.

Pregunta. La ilustración y el dibujo, al igual que la escritura, necesitan el contacto con la realidad que se narra. ¿Cómo haces para mantener la conexión con Cuba?

Respuesta. Soy uno de los Peter Pan que se quedó varado en Cuba, de la cual pude salir en noviembre del 1991. He estado desde entonces al tanto de todos los acontecimientos que se producen en la Isla, en lo social, político y económico. En Miami se siente el pulso de cada día en nuestra patria, con la incesante llegada de cubanos con sus anécdotas. Es muy probable que tengamos conocimiento de mucha información que los mismos compatriotas en el interior ignoran, a causa del control de los medios. Esto último hace difícil conocer noticias más allá de la mera propaganda oficial, creada para mantener el bloqueo interno vigente.

De esa realidad se nutren mis caricaturas. Trabajo en mi casa y por lo tanto no tengo a nadie que me controle. Escucho la radio durante toda la jornada frente a la computadora, de la cual emanan muchas noticias, a pesar de que existe una clara intención por parte de intereses ajenos a lo cubano, de descubanizar a Miami, cosa que veo imposible, con el flujo y la presencia nuestra en la ciudad del sol.

P. Cuéntanos un poco tus antecedentes profesionales, dentro y fuera de la Isla ¿Cómo se formó el Pong que conocemos hoy?

Soy uno de los Peter Pan que se quedó varado en Cuba, de la cual pude salir en noviembre del 1991

R. Nací de padre chino cantonés que llegó muy joven a Cuba y de madre española que pasó su infancia y juventud en Cantón, China. Mi lengua madre fue el cantonés, luego el español y más tarde el inglés. De niño dibujaba febrilmente a diario, y el lápiz y el papel fueron en realidad mis juguetes preferidos. Nunca he dejado de jugar.

En 1968 estudié Dibujos Animados en el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) y luego me hice técnico medio en Dibujo Arquitectónico, lo que me llevó a hacerme arquitecto y por el camino terminé de profesor en el Instituto Superior de Diseño Industrial e Informacional (ISDI). Nunca publiqué caricaturas ni historietas en Cuba. Creo que soy el único cubano de mi generación que comenzó su trayectoria como cartoonista en Estados Unidos.

En Miami he trabajado como arquitecto no registrado, al mismo tiempo que he publicado mis trabajos durante un tiempo (1995-1998) en El Nuevo Herald, y actualmente publico en la revista católica Ideal y en diferentes sitios digitales. Llevo un registro en caricaturas de todos los acontecimientos importantes relacionados con Cuba, desde la caída del Muro de Berlín hasta la fecha, aunque no todo lo he publicado o dado a conocer.

P. ¿Y además de dibujar?

R. Soy un amante de la buena comida y por tanto cocinar es otra de mis pasiones, colecciono sabores, recetas propias y ajenas. Siempre estoy tratando de mejorar un plato. También disfruto coleccionando buena música –obviando algunos ritmos innombrables– trabajo escuchando lo que me gusta y eso me hace disfrutar mucho el trabajo creativo. Leer mucho es una fuente inagotable de ideas y "gatillos" que dan lugar a lo que otros llaman inspiración. La mente no debe parar de crear, todo vale y de alguna manera permanece en el archivo de las neuronas y eso es lo útil de ser una esponja para toda la información que te llega.

No estoy al servicio de ninguna editorial ni organización o partido, soy independiente y he pagado el precio por ello

P. De tus personajes, ¿cuál es el que más te gusta pintar?

R. Según el período, comencé retomando el personaje histórico de Liborio, al que relacioné con el Dictador cubano desde 1991. Así que a través de mis caricaturas se puede ver el envejecimiento y deterioro del mismo, no así del símbolo de la cubanía. Otros de mis personajes son Toco y Kiko, que junto a las hormiguitas están entre los más queridos por mí. Porque estos dos ratoncitos me han servido para recalcar o hacer comentarios al margen de la imagen principal, y eso ha enriquecido mi trabajo

En mi línea no política tengo varios personajes que me son entrañables y hasta los he materializados en estatuillas de plastilina cerámica que es uno de mis hobbies.

Nunca he aceptado imposición de ideas o líneas a seguir en mis caricaturas editoriales. He sido fiel a mi visión de una noticia o acontecimiento, puedo errar pero soy responsable de lo que pienso y dibujo, no hay precio para controlar mi trabajo. Tampoco creo en "lo políticamente correcto", que a mi juicio es una nueva forma velada de imponer la autocensura por parte del poder, de los ideólogos o del que paga.

No estoy al servicio de ninguna editorial ni organización o partido, soy independiente y he pagado el precio por ello. Solo respeto la verdad como la siento, pero desecho en mis trabajos la vulgarización, las malas palabras y la chabacanería muy en boga por estos día en los medios, en busca de ganancias apelando a todos los recursos posibles a toda costa y a todo costo. Creo en la libertad de expresión pero detesto el libertinaje sin control. Es muy fina la línea entre lo excéntrico, epatante y el mal gusto.

La Cuba de hoy es el resultado del proceso de descomposición de un sistema que no ha parado un solo momento de hacerle daño al país

P. ¿Crees que la Cuba de hoy es profundamente caricaturesca? ¿Eso te hace más fácil el trabajo?

R. La Cuba de hoy es el resultado del proceso de descomposición de un sistema que no ha parado un solo momento de hacerle daño al país y a sus ciudadanos en todos los aspectos de la vida nacional. Con amargura he tenido que caricaturizar situaciones que me son penosas, pero muchas veces la realidad supera cualquier intención de burla o visión crítica de un hecho. La actual situación de seudocambios para seguir igual, o circo con pan regulado, hace que cada día se haga más interesante el reto de hacer reír con reflexión. Es como tener un cuenco de sopa donde entre todo el fideo y la grasa haya que pescar con un tenedor algunos pedacitos de carne ínfimos para saborear en algo el plato. La extensión del drama cubano a Venezuela, y sus resultados, refuerzan mi percepción de que el castrismo no tiene futuro.

P. ¿Una exposición pronto en la Isla, la ves posible?

R. No creo que regrese algún día a mi ciudad ni a mi barrio. Las ruinas de lo que dejé me hacen difícil una vuelta. La Cuba que amo, vive en mi memoria pero ya no está. En el futuro, si llegara la democracia con todo sus virtudes y defectos en un Estado de derecho real, creo posible una exposición. Aunque para ese entonces ya no esté para disfrutarla. Sin embargo, me queda el consuelo de haber sido parte de un grupo de caricaturistas que plasmó en imágenes el testimonio de la época que le tocó vivir.

Lo hice con humor pero también con la esperanza de que al dar a conocer el error cometido en este periodo de la historia de Cuba, éste nunca vuelva a repetirse.

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