Altavoces propagandísticos, una cuestionada reliquia de la guerra de Vietnam

Los altavoces instalados durante la guerra, y que sirven hoy a la propaganda gubernamental, molestan hoy a muchos vecinos. (Dreamstime)
Los altavoces instalados durante la guerra, y que sirven hoy a la propaganda gubernamental, molestan hoy a muchos vecinos. (Dreamstime)

(EFE).- Los altavoces públicos instalados hace medio siglo para alertar de los bombardeos durante la guerra y utilizados después para la difusión de noticias y propaganda comunista chocan con un rechazo cada vez mayor entre la población de Vietnam.

Son las 06.30 de la mañana en el distrito 7 de Ho Chi Minh (antigua Saigón) y la megafonía callejera atruena con una canción patriótica, ante la aparente indiferencia de los vecinos que salen de sus casas para ir al trabajo o desayunan en las terrazas de las cafeterías.

Tras la propaganda, la voz da algunas noticias municipales y enumera los nombres de los niños del vecindario que este año deberán inscribirse en la escuela por primera vez.

Los boletines de una media hora retransmitidos al amanecer y al anochecer son una mezcla de información vecinal, proclamas y canciones revolucionarias y noticias sobre la actualidad del Partido Comunista

Es una de las funciones de este servicio público que cuenta con un número creciente de detractores que lo consideran una anacrónica y molesta reliquia.

Los boletines de una media hora retransmitidos al amanecer y al anochecer son una mezcla de información vecinal, proclamas y canciones revolucionarias y noticias sobre la actualidad del Partido Comunista, que rige los destinos de todo el país desde que terminó la guerra en 1975.

"Solo veo su utilidad en zonas rurales, creo que el 99% de la gente en la ciudad quiere deshacerse de ellos. Soporto el ruido cada mañana cuando vengo a tomar café, pero por suerte desde mi casa se oye solo un murmullo. Además, ni siquiera cuando estás cerca se entienden los mensajes, es solo ruido", comenta en una cafetería un funcionario jubilado que prefiere ocultar su nombre.

"Durante la guerra tenía sentido para avisar de ataques y después fue un sustituto de la televisión o la radio, pero hoy todo el mundo tiene televisión o internet. En este vecindario viven muchos ancianos que no pueden dormir por culpa de los altavoces. Les están matando", protesta.

Huong, una vecina de 60 años que sufre a diario el estruendo de un altavoz situado a dos metros de su ventana, opina que siguen teniendo utilidad en algunos barrios para transmitir noticias pero deberían ser reemplazados por otros más modernos. "Me estoy quedando sorda por el ruido", protesta.

Las quejas han hecho que las autoridades comunistas comiencen a plantearse su continuidad en las grandes ciudades. En febrero lanzaron en Hanoi una encuesta online que arroja pocas dudas: el 90 por ciento de los 3.000 participantes apoyaron su desaparición.

El propio alcalde de la capital, Nguyen Duc Chung, ha defendido públicamente su supresión y se ha quejado del gasto que genera su mantenimiento.

Para compensar este coste, muchos municipios han permitido en los últimos años la propagación de anuncios de marcas comerciales durante los boletines.

No es raro que entre informaciones sobre las últimas decisiones del Comité Popular (el equivalente al ayuntamiento) y un mensaje ensalzando las enseñanzas comunistas, se intercale un anuncio de cerveza o se promocionen los ventajosos tipos de interés de algún banco.

El caso más sonado ocurrió en 2015 en un pueblo de la provincia de Ha Tinh, al norte del país, cuando la misma voz que alababa las virtudes del héroe nacional Ho Chi Minh recomendaba a los vecinos beber cerveza de la marca Saigón al menos dos veces por semana.

Los dirigentes más ortodoxos se resisten a abandonar un sistema en el que ven un valioso legado del pasado y una manera de conservar la influencia del Partido

Le Doan Lich, el funcionario que promovió la campaña, lo justificó en la prensa diciendo que había una fábrica de esa cerveza en el pueblo y si aumentaban las ventas también lo hacía la recaudación de impuestos.

Mientras las voces críticas van en aumento, los dirigentes más ortodoxos se resisten a abandonar un sistema en el que ven un valioso legado del pasado y una manera de conservar la influencia del Partido Comunista.

Bac Tan Dinh, subdirector de la Policía de Hanoi, subrayó en declaraciones al portal VnExpress que "los altavoces forman un vínculo entre la gente, el Partido Comunista y el Gobierno".

"Si abrimos la mano -añadió- perdemos el canal de comunicación".

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