El túnel de Sarajevo: ochocientos metros de esperanza en medio de la guerra

Unos dos millones de personas cruzaron por el túnel a lo largo de 30 meses, en una u otra dirección. (Wikicommons)
Unos dos millones de personas cruzaron por el túnel a lo largo de 30 meses, en una u otra dirección. (Wikicommons)

(EFE).- El número 34 de la localidad de Donji Kotorac fue durante 30 meses la puerta a la esperanza para miles de personas atrapadas en una Sarajevo sitiada por los serbios. Esa casa era la salida del túnel que conectaba la ciudad con la Bosnia libre, un paso subterráneo que aún hoy se llama el túnel de la esperanza.

Edis Kolar aún recuerda cuando, a principios de 1993, el entonces presidente bosnio, Alia Iztebegovic, se presentó en su casa e informó a su padre de que allí iba a estar la salida del túnel que conectaría la ciudad con el resto del mundo.

"No había otra posibilidad", recuerda a Efe Kolar, que era en aquel entonces un joven soldado de 17 años en el Ejército bosnio.

Tras la guerra (1992-95), Kolar gestionó de forma privada el museo construido en la que fue su casa y que desde 2012 funciona como una entidad pública y es una atracción muy visitada.

Aún se pueden visitar los 25 metros finales de los 800 que tuvo el túnel, por el que cruzaron a lo largo de 30 meses, en una u otra dirección, unos dos millones de personas.

Con la ciudad rodeada por las fuerzas bosnias desde abril de 1992, la única entrada y salida era una vía desde el aeropuerto que era sometida a constante fuego de francotiradores y artillería por parte de las fuerzas serbobosnias.

El túnel permitió avituallar a la ciudad para resistir los 1.425 días de asedio, el más largo en la historia moderna

El túnel, construido a mano por miembros del Ejército y voluntarios civiles durante cuatro meses y cuatro días, se convirtió en la única alternativa a esa peligrosa ruta y permitió avituallar a la ciudad para resistir los 1.425 días de asedio, el más largo en la historia moderna.

Unas 10.000 personas murieron durante el sitio de la ciudad.

La función inicial del paso subterráneo fue introducir armas y munición en la ciudad, pero también se usó para enviar soldados a otros frentes, permitir a civiles huir del asedio e introducir en la urbe alimentos, combustible y electricidad.

"No habríamos tenido ninguna oportunidad sin el túnel", afirma Kolar.

Más de cinco millones de kilos de comida, cuatro millones de litros de combustible y otros tantos de material militar entraron a Sarajevo por este paso de 1,5 metros de alto y 1 metro de ancho, construido a cinco metros de profundidad.

Un cable de alto voltaje tendido a través del paso permitió suministrar electricidad a hospitales y otros edificios de vital importancia. En el suelo se instalaron raíles para poder usar vagonetas de carga en el transporte.

Kolar asegura que, en un principio, los serbios no trataron de detener la construcción del túnel, un proyecto del que se enteraron a través de espías.

Ratko Mladic, jefe militar serbobosnio durante la guerra y que está siendo juzgado por genocidio en La Haya, ordenó no bombardear el túnel pensando que iba a servir para evacuar la ciudad y dejarla en manos serbias, afirma Kolar.

"No se puede evacuar a 300.000 personas. Estábamos defendiendo a nuestra familias", explica Kolar, quien afirma que él no luchó por que fuera especialmente patriota, sino porque tenía que defender a los suyos.

Hoy día, el Museo del Túnel de la Esperanza es una de las visitas obligadas en Sarajevo. Aparte de recorrer un tramo aún practicable, una pequeña muestra exhibe uniformes, material bélico, fotos y documentos relacionados con el asedio y con la construcción del túnel.

Desde hace años hay planes para reabrir la totalidad de los 800 metros del trazado original aunque, como lamenta Kolar, "en Bosnia nunca se sabe cuándo terminan los planes".

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