Los estudiantes consolidan su ocupación en el centro de Hong Kong

Vista del epicentro de las protestas en el barrio de Admiralty. (Alcuin Lai/Flickr)
Vista del epicentro de las protestas en el barrio de Admiralty. (Alcuin Lai/Flickr)

(EFE).- Un mes después de que el movimiento prodemocrático de Hong Kong iniciara la ocupación pacífica de calles, el día a día de una de las zonas madura y se enriquece con el ingenio de los manifestantes, que han convertido el lugar en un asentamiento que sobrevive por sí mismo.
 
En el corazón financiero de la ciudad, a las puertas de las principales oficinas del Gobierno local, entre ellas la de su máximo mandatario y el Parlamento, está "el pueblo", como ya han apodado al área ocupada de Admiralty los mismos manifestantes del denominado "movimiento de los paraguas".
 
"El pueblo" no está gobernado por alcaldes o jefes de distrito, y tampoco hay policías o guardias de seguridad, sino que son decenas de estudiantes y voluntarios quienes, por turnos, se encargan de que no falte de nada, o casi de nada.
 
Entre cientos de tiendas de campaña (según los organizadores serían más de mil) donde pasan la noche otros tantos manifestantes, cada cien metros puede verse un puesto donde se ofrece comida, atención médica, clases particulares e incluso atención psicológica.
 
"Al principio las noches eran un poco duras, te despertabas ante cualquier ruido, creyendo que venían a desocuparnos, al cabo de una semana ya dormíamos a pierna suelta", recuerda Lilian, una enfermera de Hong Kong que acude como voluntaria en sus ratos libres, pese a que sus cuerpos reposan en el asfalto por el que hasta hace un mes pasaban miles de vehículos.
 
"Esto es lo que nosotros llamamos nuestro pueblo, hemos ido creciendo con el paso de los días y adaptando el entorno a nuestras necesidades", dijo Jaime Hou un estudiante hongkonés.
 
Entre ellas las que exige la universidad- teniendo en cuenta que muchos de los manifestantes son estudiantes- por ello el recinto cuenta con decenas de mesas y sillas elaboradas con deshechos de materiales de construcción en las que a diario jóvenes preparan sus lecciones a la vez que continúan con sus reivindicaciones democráticas.
 
"El objetivo es que al final de día hayamos hecho todos nuestros deberes, los morales y los que nos obligan nuestros estudios", señaló Hellen Hon, una estudiante de arquitectura de 23 años.
 

Casi cada día, voluntarios y carpinteros ayudan a ampliar la zona de estudio, que dispone de luz, conexión a Internet

Casi cada día, voluntarios y carpinteros ayudan a ampliar la zona de estudio, que dispone de luz, conexión a Internet, y donde está prohibido tomar fotos con flash para no distraer a los estudiantes.
 
En las inmediaciones, numerosos voluntarios se ofrecen a dar clases de matemáticas, inglés o leyes.
 
Lilian atiende a una señora de media edad que se acerca a su puesto a por una tienda de campaña para pasar la noche y toma nota de su nombre y su teléfono: "así llevamos control sobre cuántas tiendas de campaña se montan cada noche, porque todos vienen a la mañana a devolverla".
 
Y es que la zona ocupada no hace falta dinero, todos los materiales, comida y suministros provienen de donaciones de personas, asociaciones o empresas, que apoyan el movimiento de esta forma.
 
"Hace dos semanas, un donante anónimo nos trajo más de cien tiendas de campaña", dijo Lilian.
 

Biblioteca creada por los manifestantes prodemocracia. (Alcuin Lai/Flickr)
Biblioteca creada por los manifestantes prodemocracia. (Alcuin Lai/Flickr)

A menos de diez metros de las puertas que dan acceso al Parlamento de Hong Kong, entre otras decenas de tiendas de campaña, los estudiantes han puesto en funcionamiento una biblioteca, con sus correspondientes libros organizados en estanterías de madera y un mostrador para atender las demandas de los lectores.
 
Un poco más allá, una improvisada sala creada con plásticos y andamios de bambú, hace las veces de ducha.
 

A diario, voluntarios aparecen con decenas de desayunos, almuerzos y cenas

Los baños públicos de la zona son un auténtico dispendio de productos de higiene y belleza, decenas de tubos de pasta de dientes, jabones, cremas corporales, perfumes... "Todo esto lo ha traído la gente y todos hacen uso responsable de ello", explica Lilian.
 
Lo mismo ocurre con la comida: a diario, voluntarios aparecen con decenas de desayunos, almuerzos y cenas para aquellos que deseen comer algo más contundente que la constante comida empaquetada que inunda las decenas de puestos de avituallamiento.
 
En una esquina, casi frente al "cuartel general" desde donde se dirigen las protestas, está el área de atención psicológica.
 
"La mayor parte de la gente que pasa por aquí son padres de jóvenes manifestantes preocupados por cómo puedan afectar esto a los estudios de sus hijos", explicó Hou.
 
Un área designada para fumadores, con cigarrillos incluidos, surte a los más adictos a la nicotina, y todo ello, repartido entre decenas de trabajos artísticos que han convertido las zonas tomas en auténticas salas de arte en la calle.
 
En definitiva, en "el pueblo" no falta de nada, sólo una cosa, corrige Lilian: "auténtica democracia".

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