La lenta liberación sexual china demanda al régimen que deje su puritanismo

Marcha del orgullo gay en Taipei, Taiwán (CC)
Marcha del orgullo gay en Taipei, Taiwán (CC)
Antonio Broto

18 de abril 2015 - 13:58

Pekín/(EFE).- El desarrollo económico y la apertura al exterior han ayudado a la sociedad china a tener una postura hacia el sexo similar a la de Occidente, aunque choca con un Gobierno que mantiene leyes rayanas al puritanismo que, según los expertos, tendrán que caer pronto si quieren adaptarse a la realidad.

El gigante asiático, que durante siglos mantuvo una postura muy cerrada hacia el sexo -que se acentuó todavía más con la llegada del maoísmo-, vive desde los años 70 una “lenta revolución sexual”, en palabras de la sexóloga china Li Yinhe, la más célebre defensora en su país de reformas que acompañen a esa liberación.

China sufre un gran contraste entre la visión del ciudadano de a pie, que en 30 años ha pasado a ver el sexo con naturalidad, y unas leyes que continúan prohibiendo la pornografía y el sexo en grupo, o persiguen a la prostitución buscando humillar públicamente a quienes la ejercen.

Esto rechina en un país donde se habla de sexo con cada vez mayor apertura, la pornografía se consume con normalidad o el sexo premarital, que hace 30 años era practicado por sólo un 15 por ciento de la población, ahora se da entre más del 70 por ciento.

“Lo que más ha ayudado a este cambio ha sido la economía”, destaca a Efe Li Yinhe, quien señala que “cuando la población ha podido asegurarse una comida y un techo, es cuando se presenta el sexo como la siguiente necesidad a cubrir”.

Además, “la vigilancia ideológica se ha relajado”, lo que, lamenta, aún no se ha traducido en la eliminación de leyes antipornografía o que persiguen los intercambios de parejas, aunque sí que ha disminuido su persecución y se han reducido las penas.

También ha bajado la aceptación social de esas persecuciones, como se vio el año pasado en la ciudad sureña de Dongguan, una de las principales mecas de la prostitución en el país, donde una campaña de redadas contra sus burdeles se saldó con la detención de decenas de mujeres.

Buena parte de la sociedad china se solidarizó con las prostitutas detenidas enarbolando el lema “todos somos Dongguan”.

Se pedía entonces que se dejara de detener o de humillar -a veces con “desfiles” de las arrestadas por las calles y otros actos heredados de la Revolución Cultural- a quienes ejercen ese oficio, y que en lugar de ello se persiguiera a proxenetas o a clientes.

En los años 90, la Justicia china aún dictaba ejecuciones contra personas que difundían pornografía o regentaban establecimientos donde se ejercía la prostitución.

Actualmente, las penas se han reducido a un periodo corto de prisión, aunque la sociedad aún demanda cambios ya que, según explica a Efe la sexóloga, “aún es ilegal, por ejemplo, el sexo entre más de tres personas, algo que está en contra de la libertad individual”.

Las contradicciones en torno al sexo no son sólo cosa de la era comunista en una China que durante mucho tiempo, aproximadamente hasta el siglo X, fue sorprendentemente abierta en este asunto.

Así puede verse, por ejemplo, en antiguos manuales taoístas para la práctica del sexo comparables al “Kamasutra” indio.

Aquella “edad de oro del sexo” se apagó en dinastías siguientes, y con la llegada del comunismo en 1949 la represión se acentuó, ya que el régimen de Mao identificó la promiscuidad sexual con las clases más pudientes.

“El sexo era interpretado como un lujo”, señaló Li sobre los tiempos iniciales del régimen, que comenzó cerrando todos los burdeles, prohibió el sexo extramarital -medida que no se abolió hasta 1997- y puso fin a la poligamia en el país de las concubinas imperiales.

Las contradicciones enseguida afloraron y tanto entonces como ahora las concubinas continuaron existiendo con otras fórmulas entre la elite: líderes comunistas o ricos empresarios tienen una o varias “ernai” (como se denomina a las “segundas esposas”) y con frecuencia no lo ocultan a su círculo cercano.

Tema aparte es el de la homosexualidad, que en China, según la sexóloga, nunca ha estado prohibida ni tampoco ha sido mal vista socialmente, aunque, eso sí, siempre envuelta en un halo de extrema discreción.

Artistas como la bailarina transexual Jin Xing, muy popular en China, ayudaron a normalizar la inclusión social del colectivo LGBT, aunque las autoridades aún son recelosas, por ejemplo, a actos públicos de reivindicación.

La inesperada cancelación en años pasados de festivales de cine gay, concursos de belleza protagonizados por homosexuales y actos similares muestran ese recelo, aunque Li vaticina que China se abrirá también en este frente e incluso vislumbra una pronta legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo.

“En Taiwán ya están en trámites para ello y no es difícil que aquí al lado China le siga”, subraya la experta, quien a finales del año pasado reveló que su actual pareja es transexual.

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