Aprender a emprender

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El profesor Darién García. (14ymedio)

En medio de la barriada de Los Sitios, en el corazón de Centro Habana, los jesuitas gestionan un proyecto enfocado en los sectores más necesitados de la población. La elegante fachada del local contrasta con los humildes hogares de los alrededores, donde tantas familias enfrentan el drama de un padre alcohólico, una muchacha dedicada a la prostitución o un joven en prisión. A ellos, y a quienes a diario rondan estos problemas, están destinados los programas del Centro Loyola.

El proyecto de La Compañía de Jesús, que cuenta con otras sedes en Cienfuegos, Camagüey y Santiago de Cuba, se inauguró en enero del 2012 y desde entonces no ha parado de crecer. En el mural a la entrada del imponente inmueble, se anuncian clases de baile para niñas, apoyo a madres solteras, cursos de computación e idiomas.

Sin embargo, llama la atención el "Curso básico para gestión de pequeñas empresas" que este septiembre ha comenzado su edición número 13. De las 120 personas que solicitaron el ingreso, el primer día acudieron poco más de 80 y ahora quedan menos de 50. Tanto los alumnos como los profesores consideran que este curso es un éxito.

Dirige los cursos Darién García, un licenciado en contabilidad de 38 años, que tiene la extraña virtud de creer en lo que hace, en un país donde tanta gente de su generación sueña con emigrar o simplemente espera en una esquina que pasen las horas. Este joven dedicó ocho años a la enseñanza en la Universidad de La Habana y ya lleva dos y medio en el Centro.

El profesor explica por qué más de la mitad de los que se inscribieron ya no asisten a su curso. "Esa disminución se debe a que, cuando ven que aquí no se trata de aprender trucos para enriquecerse con rapidez, entonces abandonan el curso".

"De todos los alumnos actuales, solo tienen negocios un 15%, otro 10% está en vísperas de montar algo y el resto son trabajadores estatales que quieren pasar al sector privado, madres solteras que son amas de casa y algunos que están por estar".

"Es muy curioso cómo algunos, cuando tienen que enfrentarse a un problema, lo primero que se les ocurre es aplicar una solución fraudulenta"

El curso básico dura dos meses y medio y se divide en cuatro grandes bloques: El introductorio, que abarca visión, misión, análisis del entorno, objetivos del negocio y mercado-meta; una segunda fase con todas las herramientas del proceso: contabilidad, finanzas, costos y gestión de recursos; y una tercera fase con aspectos legales, fiscales y mayor énfasis en la ética de los negocios. Esta última clase la dan sacerdotes. Además, todos los miércoles a las 7:30 de la tarde se ofrecen conferencias de temas diversos con libre acceso.

"Aprovechamos para enseñarles valores en la economía solidaria, cómo hacer que su negocio crezca sin aplastar a otro, que es algo muy complejo. Tenemos alumnos con formación profesional, algunos universitarios, pero también con algunas deformaciones éticas que tratamos de encaminar. Es muy curioso cómo algunos, cuando tienen que enfrentarse a un problema, lo primero que se les ocurre es aplicar una solución fraudulenta, bien para resolver las cosas 'por la izquierda' o engañando al consumidor. Aquí transmitimos una ética empresarial, un sistema económico de desarrollo sostenible, que respete a las personas y al ambiente".

Ajustado a las circunstancias actuales, en este curso se enseña también a gestionar cooperativas no agropecuarias y se ofrecen cursos temáticos, como administración y trabajo en equipo. Para el próximo año se planifica un curso sobre principios de gastronomía, otro de procesos financieros para negocios privados en Cuba y una segunda edición de "gestión de cooperativas", que incluye un tema muy de moda en las empresas estatales: el control interno.

"En Cuba tenemos la idea de que el control interno es un método para que los trabajadores no roben", explica Darién García. "Pero, en realidad, su objetivo es mejorar un negocio, ser más eficiente y eficaz". En el caso de las cooperativas, no es obligatorio desde el punto de vista legal, pero es imprescindible para la salud del negocio.

En las 12 ediciones anteriores, tres cursos por año, se han graduado más de 240 personas. En el 2016 existe el propósito de medir el impacto del proyecto en una sociedad que evoluciona lentamente cambiando paradigmas y modos de vida.

Una de las dinámicas más interesantes que se presentan es que en el Centro se enseña a emprender negocios, se da a los alumnos un impulso basado en la gestión de conocimientos y luego ellos deben enfrentarse a las conocidas limitaciones que todavía frenan a los emprendedores.

El Centro Loyola, en la barriada de Los Sitios, en el corazón de Centro Habana. (14ymedio)
El Centro Loyola, en la barriada de Los Sitios, en el corazón de Centro Habana. (14ymedio)

"Nosotros estamos basados en los principios de la economía solidaria y sostenible, que no limita la acumulación de riquezas, pero que le hacen ver al alumno que para lograr bienestar personal debe lograr también el de los que están alrededor suyo. Solo nos referimos a lo que es legal, entendiendo como ilegal lo que se relaciona con drogas, prostitución, armas. Confrontamos el problema de que muchos creen que lo saben todo o que se limitan a copiar al que ha tenido éxito. Algunos llegan al extremo de querer calcar a los exitosos y si uno puso el sofá en esta posición ellos también lo quieren poner de esa forma", explica el profesor García.

En todo el país ahora hay inscritas 440 cooperativas no agropecuarias, de las cuales funcionan unas 400. Por otra parte, la ley solo contempla 211 actividades por cuenta propia, algunas de las cuales están descritas de forma tan genérica que dan cabida a cualquier oficio, mientras otras lo están de forma tan rígida que dejan poco espacio. De todo eso se habla y discute en aulas y pasillos del Centro Loyola, donde quizá se esté formando el embrión de una nueva clase media cubana.

"Hoy en día hay negocios, incluso cooperativas que aunque no acumulan propiedad acumulan riquezas, por ejemplo en la construcción", explica Darién García. "Lo que nosotros nos proponemos como proyecto social de los jesuitas en Cuba no es precisamente fortalecer a los que tienen los negocios más fructíferos y mayor nivel económico y cultural, sino llegar a los que están en condiciones más difíciles, a los que están surgiendo. Nuestra misión social es estar allí donde están los sectores más deficitarios de la sociedad".

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