Aserrín aserrán, la madera vuelve al mercado cubano

Bosque de robles en Santiago de Cuba. (flickr)
Bosque de robles en Santiago de Cuba. (flickr)

Cuando una madrugada de octubre de 2012 los santiagueros sintieron la furia de los vientos del huracán Sandy, la mayoría no pudo reforzar sus ventanas con tablas ni cubrir los cristales con planchas de madera. Por décadas, en Cuba no se ha permitido la venta de ese importante recurso natural. Una situación que podría cambiar con la nueva resolución para la comercialización de la “madera conífera aserrada” publicada por la Gaceta Oficial.

La nueva reglamentación autoriza la venta de tablones de diversas medidas a precios que oscilan entre los 40 y los 273 pesos cubanos. El producto se ofertará en “las tiendas de materiales para la construcción”, también conocidas como “rastros”, precisa la publicación.

Esta medida modifica la Ley 85, que en aras de controlar los recursos del patrimonio forestal establecía en su artículo 48 que los productos recolectados del bosque no podían ser comercializados. Estos recursos sólo podían destinarse a las necesidades individuales y familiares de los propietarios de la tierra donde estaba plantado el árbol.

Hasta el momento, los trabajadores por cuenta propia con una licencia para ejercer como artesanos, leñadores, carpinteros y aserradores no contaban con una oferta en el mercado legal para conseguir su principal materia prima

Hasta el momento, los trabajadores por cuenta propia con una licencia para ejercer como artesanos, leñadores, carpinteros y aserradores no contaban con una oferta en el mercado legal para conseguir su principal materia prima. Esta situación obligaba a recurrir a las redes ilegales que se abastecen del desvío de recursos de las entidades estatales y de la tala indiscriminada.

Las ferias artesanales, especialmente las destinadas a turistas, y los talleres de carpintería nunca dejaron de ofrecer objetos construidos en ácana, ébano negro, sangre de doncella, granadillo y otras especies protegidas y de lento crecimiento, violando así las prohibiciones legales.

El Decreto 268 de la Ley 85, estipula que se deben aplicar multas entre 500 y 1.000 pesos cubanos, a quienes talen de manera ilegal o trafiquen con ese recurso, una cantidad irrisoria comparada con los 300 pesos convertibles de un juego de comedor de madera con cuatro sillas en el mercado privado.

En noviembre de 2011, el periódico oficial Granma hizo un llamado a “tomar medidas drásticas” ante el peligro que corrían muchos bosques de la Isla. El artículo confirmaba el aumento del robo de maderas preciosas en los últimos años y citaba a Jiubel Antonio Martínez, director de la Unidad Empresarial de Base (UEB) Flora y Fauna de Vueltabajo quien aseguraba que "la tala indiscriminada de árboles de manera ilegal se ha convertido en un serio problema".

Dos años después, el problema continuaba creciendo y la especialista de la Jefatura del Cuerpo de Guardabosques de Cuba, Lilian San Martín, informó que durante 2013 se habían decomisado 2.274 metros cúbicos de madera en bolos, aserrada y rolliza. Se impusieron multas por un valor de más de tres millones de pesos cubanos a los muy pocos infractores que se lograron identificar.

Para San Martín, el hecho de “no contar con un mercado estatal para la venta de madera se constituye en una causa general que propicia las ilegalidades”. La nueva resolución intenta revertir esta situación y debería ayudar también a potenciar la construcción de viviendas por esfuerzo propio.

Cuba tiene un patrimonio forestal que se calcula en cerca de tres millones de hectáreas de bosques naturales, siendo las provincias de Pinar del Río, Matanzas y Camagüey las que cuentan con mejores registros. El 87% de esas extensiones boscosas son gestionadas por el Estado, según un informe de la Oficina Nacional de Estadísticas.

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