Bailando en Cuba, al compás de la novedad

El reto del nuevo espacio, que comenzó este fin de semana, es diferenciarse de su antecesor Sonando en Cuba, y trascender la mera competencia coreográfica. (Redes)
El reto del nuevo espacio, que comenzó este fin de semana, es diferenciarse de su antecesor Sonando en Cuba, y trascender la mera competencia coreográfica. (Redes)

Como en esas sagas que apuestan a las secuelas y a las precuelas, el programa Bailando en Cuba ha llegado precedido de un pariente cercano que colocó el listón de la calidad bien arriba. El reto del nuevo espacio, que comenzó este fin de semana, es diferenciarse de su antecesor Sonando en Cuba, y trascender la mera competencia coreográfica.

Pocos espacios televisivos han llegado en los últimos años envueltos de tanta curiosidad. La pantalla chica atraviesa un mal momento y muchos espectadores prefieren el consumo de audiovisuales a la carta, en especial a través del paquete semanal. Sin embargo, este domingo después de concluir la emisión nocturna del noticiero, el canal Cubavisión alcanzó un pico de audiencia.

La nueva producción retoma la fórmula de participación del programa con una competencia de baile en la que se enfrentan 16 parejas. Un modelo que tuvo su máxima expresión en Para bailar, hito de la década del 80 y que encarna el perdido esplendor de la televisión nacional. Sin embargo, las constantes comparaciones con ese primo lejano podrían convertirse en un peso difícil de cargar para Bailando en Cuba.

La pantalla chica atraviesa un mal momento y muchos espectadores prefieren el consumo de audiovisuales a la carta, en especial a través del paquete semanal

En la emisión de este domingo se presentaron los primeros ocho duetos ante un jurado que integran figuras vinculadas a la danza y la coreografía, como Santiago Alfonso, Lizt Alfonso y la española Susana Pous. Una selección de árbitros donde se echa de menos otros nombres, pero que busca un equilibrio de géneros, enfoques y personalidades.

A partir del cuarto programa se suman cinco coreógrafos para apadrinar a dos parejas cada uno. El público se implica en las decisiones y podrá rescatar a un concursante eliminado a través de la votación por mensaje de solo texto o en el sitio digital del programa. Este sistema ya se ha probado en otros certámenes como los premios Lucas a los mejores videoclips y el propio programa Sonando en Cuba.

En tiempos de reggaetón y discotecas donde cada vez más gente se contonea sola o brinca en grupo al compás de la música, Bailando en Cuba se enfoca en el rescate del baile en pareja. El joven director Manolo Ortega intenta recuperar también la gran variedad de ritmos para “mover los pies” que caracterizan a la creación musical de la Isla.

La conducción del programa ha quedado bajo tutela de figuras jóvenes como Camila Arteche, Leo Benítez y Carlos Solar. Rostros que no han sido usados para repetir consignas políticas ni comentar actos ideológicos. Un problema que padecen muchos conductores televisivos que han terminado encasillados como presentadores de eventos oficialistas.

Bajo el lema de “tira tu pasillo”, las primeras ocho parejas en competencia mostraron sus habilidades este domingo, en una mezcla abigarrada de ritmos, contorsiones y giros

Las dos primeras emisiones de Bailando en Cuba tienen un carácter de pasarela, con la finalidad de dar a conocer a los concursantes seleccionados entre más de 600 parejas. Las imágenes que se vieron este domingo se rodaron en el círculo social Cristino Naranjo, y para el tercer fin de semana comienzan las rondas eliminatorias y el set televisivo se traslada al Cine Teatro Astral.

La propuesta mantiene la visualidad moderna de la segunda temporada de Sonando en Cuba y el dinamismo en los tiros de cámaras. Los espectadores disfrutan también de una certera fotografía de la mano de Vladimir Barberán que ayuda a realzar los decorados, a los bailarines y a las distintas coreografías. Algo de lo que tanto adolece el resto de la cartelera televisiva.  

Bajo el lema de “tira tu pasillo”, las primeras ocho parejas en competencia mostraron sus habilidades este domingo, en una mezcla abigarrada de ritmos, contorsiones y giros. Algunos se destacaron por su fuerza, la técnica o la precisión en los movimientos, pero pocos enamoraron al jurado o al público.

A fin de cuentas, como dice el refrán popular todas estas parejas han venido a bailar “en casa del trompo”.

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