Pancracio, una familia sobre el espinazo

Caballo pudoroso. (14ymedio)
El caballo Pancracio transportando pasajeros por las calles de La Habana. (14ymedio)

Pancracio tiene 12 años, un andar altivo y toda una familia que depende del desempeño de sus cascos. Como tantos caballos a lo largo de la Isla, este ejemplar es el principal sustento de su propietario, un santaclareño que hace la ruta por la calle Colón hasta la terminal interprovincial de ómnibus. "Este animal es mi vida y mi mayor preocupación", confiesa el cochero.

El preciado penco transporta en cada viaje entre 8 y 12 pasajeros. A pesar de la dura tarea diaria, Pancracio es afortunado. Su dueño no lo golpea con un palo cuando no quiere andar, además de mantenerlo limpio y alimentado. En un país donde no existe una ley contra el maltrato animal, muchos caballos que se utilizan para el transporte sufren la violencia y el descuido.

Jorge, el dueño del alazán, evita dejar un rastro de heces en el camino. Las autoridades de la ciudad han redoblado los controles contra los infractores que no lleven una manta para recoger las postas. Pero no solo es el pavimento el que puede salir mal parado con los desperdicios. Un viejo mantel del comedor familiar cubre su trasero y evita que las salpicaduras terminen en el rostro del conductor o en la ropa de lo viajeros.

Así, enfundado en esta manta azul de superhéroe, recorre Pancracio las calles de Santa Clara, su feudo de flaco Rocinante, donde el premio de cada día es poner un plato de comida en la mesa de su dueño y un montón de hierba fresca en su propia boca

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