¿Camina Cuba hacia la anexión virtual a EE UU?

Un hombre posa con sus documentos migratorios frente a la Embajada de los Estados Unidos en La Habana, Cuba. (EFE)
Un hombre posa con sus documentos migratorios frente a la Embajada de Estados Unidos en La Habana, Cuba. (EFE)

Guiada por la actual dirección político-militar, la economía cubana podría estar caminando, “sin pausa, pero sin prisa”, hacia la anexión virtual a EE UU

No habría Enmienda Platt, ni marines desembarcando en playa cubana alguna, ni ningún acuerdo o tratado formal que convierta a Cuba en un estado asociado o en otra estrella más del pabellón estadounidense, pero todo anuncia que, más temprano que tarde, los capitales estadounidenses podrían desembarcar en grande en la Isla y coparían nuestro comercio. EE UU se convertiría en nuestro primer socio comercial, en el primer emisor de turismo hacia Cuba, en el primer inversionista extranjero, florecerían torres hoteleras en las playas y cayos paradisíacos cubanos junto a campos golf y maquilas que fabricarán medios de consumo, automóviles, ómnibus y equipos motomecanizados para la construcción, la agricultura o la industria ligera.

No es un juego de palabras. Es una posibilidad real. La explicación es bastante simple: la economía estatal cubana está en crisis, el Estado es dueño de la tierra y las playas y no tiene ningún interés en disponerlas para su explotación por los cubanos, sean privados, cooperativistas o emigrados, pero tiene todo el deleite de compartirlas con el capital extranjero especialmente norteamericano, de acuerdo con una simple lectura de su “carpeta de oportunidades”. Agréguese la cercanía geográfica y cultural y los deseos expresos de muchos negociantes de EE UU: acaba de salir de la Isla el presidente de su Cámara de Comercio.

Concretar la anexión demandaría algunos arreglos entre ambos Gobiernos: el cubano debería mejorar su imagen respecto a los derechos humanos y permitir la libre contratación de trabajadores, aunque por debajo de la mesa se le permita “garantizar sus intereses”. EE UU debería caminar claramente hacia el levantamiento del embargo de manera que no haya obstáculos para hacer inversiones y negocios.

Concretar la anexión demandaría algunos arreglos entre ambos Gobiernos: el cubano debería mejorar su imagen respecto a los derechos humanos y permitir la libre contratación de trabajadores, aunque por debajo de la mesa se le permita “garantizar sus intereses”

Los empresarios extranjeros no le disputarían al Gobierno el poder político, solo compartirían el económico y Cuba sería ampliamente penetrada por el gran capital estadounidense. Posiblemente se pondría a circular el dólar por la necesidad del propio intercambio, quedándonos atados económicamente a EE UU como nunca antes, lo cual implicaría una especie de anexión virtual.

El camino se viene forjando hace tiempo, pues la economía cubana depende en gran parte ya de las remesas, del turismo que viene de EE UU y del comercio de alimentos.

EE UU es uno de los pocos países del mundo con el capital capaz de acometer las inversiones que Cuba necesita en infraestructura, construcciones y servicios para poner al país a la altura de las economías modernas y crear condiciones de alojamiento, movilidad, acceso a internet y mercado para garantizar la prosperidad de sus negocios.

Hasta ahora, la plena penetración de los capitales norteamericanos ha sido imposible porque el Gobierno cubano siempre ha puesto como condición el levantamiento del embargo, que no pudo ser levantado plenamente durante el Gobierno de Obama porque los republicanos se opusieron a dar al presidente demócrata la posibilidad de coronar su política hacia Cuba con esa medida, con la justificación real de que La Habana viola los derechos humanos.

Ahora se aprecian condiciones para que el acercamiento iniciado por Obama avance en dirección al levantamiento del embargo, porque hay un presidente republicano caracterizado por ser un hombre de negocios que ya estuvo explorando en Cuba la posibilidad de invertir en hoteles y campos de golf. Trump es amigo y admirador de Putin, a su vez amigo de Raúl Castro, existe un congreso dominado por republicanos y el Gobierno cubano está “pidiendo agua por señas” a consecuencia de la recesión de su economía ya desastrada y las afectaciones ocasionadas por la situación en Venezuela y la reversión de la ola populista en América Latina.

La Zona Especial de Desarrollo Mariel se inserta plenamente en el interés de convertir a EE UU en el principal socio comercial de Cuba y para nada puede ser casual con Trump como presidente

Trump acaba de nombrar a Jason Greenblatt representante especial para las negociaciones internacionales, un partidario del acercamiento con Cuba, exvicepresidente del consorcio Trump y su actual director jurídico. Según distintas informaciones, es la misma persona que visitó Cuba para explorar las posibilidades de invertir en hoteles y campos de golf.

La Zona Especial de Desarrollo Mariel se inserta plenamente en el interés de convertir a EE UU en el principal socio comercial de Cuba y para nada puede ser casual que ya con Trump como presidente, una delegación gubernamental encabezada por Ana Teresa Igarza, su directora general, esté de visita en EE UU explorando las posibilidades de entrar en contacto con contrapartes en seis puertos de ese país.  

Raúl Castro felicitó a Trump por su triunfo electoral. Una delegación cubana asistió a la toma de posesión del mismo. Hasta ahora, el Gobierno cubano no ha hecho ninguna declaración negativa hacia el nuevo presidente (¡y no han faltado motivos!) Granma ni chista. Para nadie es un secreto que el equipo de Trump fue consultado por Obama para levantar la política de pies secos/mojados, demanda del Gobierno cubano, lo cual puede contribuir a impulsar la “normalización” de relaciones.

Si siguen por ese camino, la anexión virtual podría concretarse pronto. Todo esto contrasta con los proyectos políticos y económicos de amplio espectro de la oposición, la disidencia socialista y el pensamiento diferente que ponen en primer lugar la participación de los cubanos en el control de la economía, pero en cambio son acusados de servir al enemigo imperialista por los extremistas del Gobierno.

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