Los campesinos ya no quieren seguir callados

Un cartel invita a los campesinos a lograr el máximo de eficiencia y de calidad. (14ymedio)
Un cartel invita a los campesinos a lograr el máximo de eficiencia y de calidad. (14ymedio)

Muy lejos de los estudios de la televisión donde se fabrican las noticias triunfalistas y de las oficinas climatizadas donde se intenta planificar la economía, los campesinos están realizando sus asambleas de balance en las cooperativas, en previsión del XI Congreso de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), que se celebrará en mayo. Un rosario de restricciones y quejas se desgrana en cada una de ellas.

Expresado en el lenguaje de los medios oficiales, los integrantes de la ANAP analizan por estos días las proyecciones del sector con vistas a impulsar la eficiencia económica y "revertir los resultados de producciones prioritarias para la alimentación del pueblo". El presidente de la ANAP, Rafael Santiesteban Pozo, ha declarado que los encuentros ponen énfasis en la introducción de la ciencia y la técnica en el cultivo de alimentos, pero los testimonios de varios agricultores apuntan hacia otro orden de prioridades.

Hasta ahora solo se ha realizado el 48% de las asambleas previstas y faltan aún las que deberán celebrarse a nivel municipal primero y provincial después, pero ya se va perfilando un común denominador en los problemas planteados. Entre los más repetidos se encuentra la incomodidad que genera los atrasos en la entrega de los recursos para cumplir los compromisos pactados. El poco acceso a la infraestructura de riego y a las semillas y las limitaciones para adquirir tractores son las principales quejas.

El poco acceso a la infraestructura de riego y a las semillas y las limitaciones para adquirir tractores son las principales quejas

Los tabacaleros, por su parte, se quejan de que no reciben a tiempo el abono o los fertilizantes, o que el alambre para sostener la tela del tabaco tapado no tiene la calidad requerida; los productores de viandas y vegetales manifiestan su inconformidad por la falta de realismo en las cláusulas de los contratos y en general los anapistas parecen no estar en disposición de cargar con la culpa del desabastecimiento o de que las tarimas de los mercados oferten mercancías a precios inalcanzables.

Del otro lado de la mesa, donde se sientan los dirigentes, se insiste en fortalecer las juntas directivas y trabajar en la superación de los cuadros, más los consabidos llamados al orden, la disciplina y la exigencia. De esa manera, la fórmula de los funcionarios para solucionar los graves problemas de la agricultura cubana se presenta en orden inverso a la planteada por los hombres que trabajan la tierra.

Si para estos últimos es imprescindible mejorar los pagos del Estado por los productos agrícolas, aumentar la oferta de insumos y abaratar sus precios, además de ampliar la autonomía del campesino a la hora de decidir el tipo de cultivo y el destino final de sus cosechas. Los dirigentes estatales, por su parte, apuestan por un aumento de la productividad a cualquier precio y aseguran que solo así mejorarán las condiciones del campo.

Tenemos aquí un profundo conflicto sobre las prioridades, sí debe ir primero el aumento de la producción o la mejora en las condiciones laborales. Lo cierto es que a pocos meses de realizarse el congreso de la más importante organización de campesinos de todo el país, las demandas de los hombres del surco se acercan más a las exigencias de un país medieval que de una economía del siglo veintiuno.

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