Un turista curioso
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Aitor Herrero Larrumbide - 21/07/2014 Vivir en La Habana
A siete kilometros del centro de La Habana se encuentra el reparto de Alamar, barrio del extrarradio que se caracteriza por sus construcciones inspiradas de la Rusia socialista. Vegetación salvaje y edificios de varias plantas que sirven de guía para ubicarte, el siete plantas, el ocho plantas, el 20 plantas.... ya que el paisaje tiene la misma apariencia allá donde mires
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Aitor Herrero Larrumbide - 21/07/2014 El vecindario en Alamar
En los bajos del edificio siempre te encuentras a alguien, críos que juegan, abuelos descansando y parte del vecindario que no tiene nada que hacer y se dedica a observar al personal...
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Aitor Herrero Larrumbide - 21/07/2014 El interior
Los pasillos en estos edificios son un tanto tenebrosos, oscuros, muy largos y estrechos, con puertas a ambos lados que dan a los diferentes apartamentos. Como la mayoría están abiertas cada vez que recorres el bloque, saludas a varios vecinos
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Aitor Herrero Larrumbide - 21/07/2014 Reuniones de amigos
En casi todos los hogares hay mayoría de sillas respecto a otros muebles. Un goteo de vecinos, niños, familiares o amistades haciendo "la visita" se encargan de ocuparlas
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Aitor Herrero Larrumbide - 21/07/2014 Las cocinas
Se cocina con "balitas" de gas (antes con queroseno) y en la mayoría de las casas el único electrodoméstico que hay es el refrigerador. Hay a quien se le ha roto y se tiene que arreglar ocupando parte de la nevera de algún vecino amable
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Aitor Herrero Larrumbide - 21/07/2014 Los albergues
Cuando a alguien se le cae o quema la casa, cosa bastante frecuente debido a la deficiente condición de los edificios, el Estado los lleva a un albergue provisional hasta otorgarles otra casa. Pero es complicado salir de allí y hay quien lleva 20 años viviendo albergada. Esto ha generado guetos marginales que rozan el chabolismo o las favelas, algo que el Gobierno cubano no reconocerá nunca abiertamente
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Aitor Herrero Larrumbide - 21/07/2014 El transporte
A los costados de cualquier calzada se ven riadas de gente esperando a que pase algo que les saque de allí: guaguas, camellos, almendrones, ruteros, máquinas, motocicletas, camiones, bicicletas, cocotaxis, aspirinas, chevrolets, P-11s, "limusinas", ladas... el vocabulario se despliega para nombrar a cada vehículo que pasa muy de vez en cuando por la carretera
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Aitor Herrero Larrumbide - 21/07/2014 Colas interminables
La gente espera inmóvil, achicharrada de calor. Cuando por fin llega una guagua, el grupo convulsiona. Va tan cargada que parece imposible que quepa alguien más. Bajan seis personas y, a empujones y equilibrismos, suben 50. Mujeres con bebés, ancianos, borrachos, embarazadas, ciegos... "Vamos caballero, ¡camineeen!...que a ustedes les gustan el roce y la comodidad!". El motor arranca aún con gente en la puerta
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Aitor Herrero Larrumbide - 21/07/2014 En la guagua
Dentro no se ven las caras "de la sonrisa ancha" que venden en los panfletos turísticos. Los rostros de la gente transmiten cansancio, embrutecimiento y resignación. Aquí nada revoluciona. Todo está quieto o se mueve a trompicones
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Aitor Herrero Larrumbide - 21/07/2014 El ritual del pelo
Las mujeres pasan horas trenzándose el cabello, lo desenredan, lo engrasan, lo critican... y el pelo encrespado se ordena y se convierte en líneas, espirales o triángulos, se agrupa en moños de diferentes medidas o se remata con bolitas de colores
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Aitor Herrero Larrumbide - 21/07/2014 Chismorreando
Junto con el pelo, las mujeres van entretejiendo conversaciones, se ponen al día con los últimos acontecimientos familiares, se cuentan chismorreos de vecinos, comentan sobre la comida, cuchichean de los hombres, se ríen a carcajadas...
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Aitor Herrero Larrumbide - 21/07/2014 Playa de Bacuranao
Una de las playas del este de la isla fuera del circuito turístico es la de Bacuranao. La principal diferencia con cualquier playa "primermundista" es la falta de atrezo. Ni sombrillas, ni toallas (la mayoría de la gente se sienta sobre las chancletas), ni balones de plástico, ni banderas verdes... Desgraciadamente tampoco se ven papeleras
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Aitor Herrero Larrumbide - 21/07/2014 Sin dietas
Otra gran diferencia es la ausencia de barrigas, sobre todo en los hombres. Hay que admitir que entre la genética y el trabajo de cargar día a día cosas de un lado a otro se han fabricado unos cuerpos que en España no consiguen ni los que van al gimnasio y se hinchan a batidos energéticos
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Aitor Herrero Larrumbide - 21/07/2014 Pudor en el vestuario
A nadie se le ocurre hacer top-less, niñas incluidas, y el bañador en los hombres es más un pantalón corto que otra cosa. Prácticamente nadie lleva un bañador de pata corta o de slip, también llamado "calentito" (con ese nombre cualquiera se lo pone, claro...). También se ve gente bañándose vestida, pero puede que no tenga otra cosa para ponerse
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Aitor Herrero Larrumbide - 21/07/2014 Calor en el Mar Caribe
El agua, a temperatura corporal. Se ven pocas personas nadando, más bien a nadie. Todas se quedan en los dos primeros metros de costa hasta donde cubre. El resto de agua me lo dejan a mí, que nado feliz como una sirena
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Aitor Herrero Larrumbide - 21/07/2014 Venta ambulante
No sé cómo con la fruta tan rica que tienen a nadie se le ocurrió pasearse con una cesta de mamey o mango. A la entrada de la playa hay gente que vende ron de dudosa calidad. El último kilómetro y pico antes de llegar a la playa se hace en coche de caballos, para el que puede costearlo. Aunque es barato (dos pesos), hay gente que nota el gasto y prefiere ir caminando
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Aitor Herrero Larrumbide - 21/07/2014 Cojimar
Otro de mis rincones costeros preferidos, y al lado de mi alojamiento habitual, es la bahía de Cojimar. Cerca de la costa está El Golfito, donde antes había un pequeño campo de golf del que ahora solo queda el bar
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Aitor Herrero Larrumbide - 21/07/2014 El viejo y el mar
En el pequeño pueblo de Cojimar, en 1945 se pescó el mayor tiburón blanco de la historia. Hemingway tenía un yate aquí aparcado tripulado por Gregorio Fuentes, el viejo de su famosa novela
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Aitor Herrero Larrumbide - 21/07/2014 Los balseros
En los años 60-80, este pueblo era punto de salida hacia EE UU. Los balseros se tiraban al mar en cualquier cosa que flotase entre el escarnio de quienes les gritaban e intentando salvarse de la metralla de los guardafronteras. Paradojas de la vida, la mayoría de los que sobrevivieron ahora son envidiados por los que se quedaron
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