Cuba vista desde un descapotable

Saludo entre turistas. (14ymedio)
Saludo entre turistas. (14ymedio)

Los dos autos se encuentran en medio de la céntrica calle 23 en La Habana. Son descapotables, antiguos, conservados, y ambos están repletos de turistas. El tono rosa de un vehículo contrasta con el azul celeste de otro y todos ríen, disfrutan e imaginan que la Cuba que están visitando es eso: sol, música y diversión. A pocos metros, la escenografía empieza a resquebrajarse y los usuarios de la red wifi de La Rampa se quejan de lo lenta que "está la conexión" ese día y lo cara que sigue una hora de navegación web.

Un poco más allá, pasando la esquina que conforman las calles de Infanta y San Lázaro, se abre una ciudad donde pocas veces se cuela el lente de los turistas. Es una Habana más gris, sin los suaves colores del esmalte de un auto antiguo restaurado y donde poder comprar algo de comida es la obsesión compartida por la mayoría de los residentes. A diferencia de una postal color sepia del pasado, esa realidad es presente y no una constancia de escapada al Trópico que puede guardarse en una gaveta.

Los emocionados viajeros probablemente vayan después del recorrido por la principal arteria habanera hasta la Plaza de la Revolución para sacarse unas fotos frente a la escultura que muestra el rostro de Ernesto Guevara. Quizás le sigan unos mojitos en el Floridita y una menguada ración en la Bodeguita del medio. En pocas horas, el "parque temático" habrá terminado para ellos. Volverán a casa y le contarán a los amigos sobre esa Cuba que solo habita en sus recuerdos y en sus fotos de vacaciones.

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