Enseñar a "dar la pata"

Perros. (Federación Cinológica de Cuba/Facebook)
Perros. (Federación Cinológica de Cuba/Facebook)

Un gesto con la mano y el perro se mantiene sentado sobre las patas traseras, sin moverse. Un chasquido de dedos y el animal se lanza tras la pelota. Una mascota entrenada ya no se equipara con la tenacidad de su dueño, sino que ahora expone su holgura económica. Un mastín adiestrado viene a ser el nuevo rico entre los canes.

Paso a paso se extiende en Cuba, especialmente en la capital, el difícil arte de entrenar perros, después de que en 2010 se legalizara esa actividad por cuenta propia. Antes de esa fecha, quienes se dedicaban a la labor lo hacían en la ilegalidad y muchas veces carecían de los conocimientos para llevarla a cabo.

La emergencia de una clase social con más recursos ha fomentado la demanda de servicios caninos, que incluyen desde peluquería hasta entrenamiento. Con ello han proliferado los anuncios de hoteles para dejar a las mascotas, veterinarios que se ocupan de su salud y especialistas que ofrecen un adiestramiento "profesional y rápido".

La emergencia de una clase social con más recursos ha fomentado la demanda de servicios caninos, que incluyen desde peluquería hasta entrenamiento

La mayoría de estos entrenadores son autodidactas, pues ninguna entidad ofrece cursos para adquirir los conocimientos que se necesitan en esa ocupación, con excepción del Ministerio del Interior (Minint), que capacita a sus "perreros" para el enfrentamiento al delito y la detección de drogas.

Mario Vázquez, de 52 años, veterinario de profesión y experimentado entrenador, no hace su trabajo solo para ganarse la vida, sino por vocación. Lleva más de 30 años en esas lides y es considerado un experto incluso por los entrenadores del Minint.

"En los años 80, asistí a un curso básico para el adiestramiento de estos animales", rememora Vázquez. "Todo fue organizado a instancias del presidente del Club de Pastores Alemanes [y] fue como obtener la licencia de conducción y entonces empezar a aprender a manejar de verdad".

Vázquez comenta que en su profesión se debe conocer a fondo el carácter de las diferentes razas, pues no todas tienen el mismo comportamiento. "Hay que ser muy observador y leer literatura al respecto", puntualiza, aunque aclara que ese es el proceder de quienes quieren "realizar un trabajo serio y no estafar a las personas".

Lo dice por la aparición de muchos que brindan su servicios como "entrenadores y lo que más hacen es pasear a los perros". El especialista se burla de esos improvisados que "no saben mucho más que enseñar al can a sentarse y a echarse, y para colmo cobran hasta 40 pesos convertibles mensuales".

Vázquez sabe de personas en Cuba que "dan hasta mil dólares por alguno de estos animales" cuando está bien entrenado, y señala a un hermoso mastín que se mantiene echado cerca de él. "Para los extranjeros pagar 50 o 60 dólares por sesión no es nada", y por eso "a los yumas les pedimos más que a los cubanos".

Una familia del barrio de la Víbora acaba de pagar, sin pestañear, el equivalente a 3.000 dólares por un rottweiler ya entrenado, lo que costaría un habitación sin baño en una cuartería de la periferia de La Habana

Una familia del barrio de la Víbora acaba de pagar, sin pestañear, el equivalente a 3.000 dólares por un rottweiler ya entrenado, lo que costaría un habitación sin baño en una cuartería de la periferia de La Habana. Un bulldog americano se cotiza en la mitad de ese precio.

Según explica este profesional, el entrenamiento de canes tiene tres modalidades. Está la presentación, que prepara a los animales para concursos de belleza, de los cuales en Cuba se celebran no menos de cuatro al año, tres de ellos de carácter internacional.

La mayoría de los dueños de mascotas que apelan a uno de estos adiestramientos prefieren la modalidad de obediencia o de guardia y protección. Para los ejercicios básicos se necesita como mínimo collar de estrangulación, correas y juguetes, mientras que para el entrenamiento de guardia y protección hace falta también una segunda persona o figurante, lo que encarece todo el proceso.

Una cuarta posibilidad es la de los canes lazarillos. En este último caso, se utilizan razas como los labradores o sus parientes cercanos, los golden retriever. En Cuba no existe un centro donde se capaciten a estos animales para tan humanitaria labor y, por el elevado costo que requiere una práctica así, solo el Estado la podría costear, opinan los entrenadores.

Javier, un joven de 26 años, lleva cuatro en esta esfera. Desde niño siempre tuvo mascotas y la mayoría de sus clientes son del reparto Kohly, Nuevo Vedado, Miramar y Siboney. "Son hijos de papá o los propios papás", ironiza el joven. Familiares de dirigentes y de gerentes de empresas extranjeras han contratado sus servicios, pero "ningún cubano de a pie o bicicleta puede darse el lujo de tener un perro así, que cuesta más que mantener un niño".

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