Malos tratos en la prisión de Valle Grande

La falta de atención médica es uno de los malos tratos más frecuentes denunciados en Valle Grande
La falta de atención médica es uno de los malos tratos más frecuentes denunciados en Valle Grande

Desde La Habana, el supervisor de la Alianza Cristiana, manda a 14ymedio varios testimonios de presos recopilados en la prisión de Valle Grande que constituyen una pequeña muestra de los malos tratos a los que están sometidos por los custodios.

El pasado 17 de noviembre, a las 10 de la mañana, el 1er Teniente Maceo, El Azotador, la emprendió a manguerazos contra Roberto Hernández sin importarle que se encontrara bajo tratamiento psiquiátrico. Hernández, conocido como El Loco, tiene 32 años y vivía en el municipio Plaza, en La Habana antes de ingresar en la prisión de Valle Grande, donde recibió la paliza.

Valle Grande pertenece al Departamento de Establecimientos Penitenciarios del Ministerio del Interior y se encuentra ubicada en Arroyo Arenas, en la periferia de La Habana. Como todos los Departamentos del Minint, el penitenciario posee múltiples y sofisticados mecanismos de control para silenciar las denuncias procedentes de las prisiones o para filtrar las que le conviene. Pero, a veces, las voces de los penados se abren paso a través de las rejas para descubrir las realidades que se ocultan en las cárceles cubanas. Muchas de ellas relacionadas con la desatención sanitaria de los reclusos.

Raúl García Ramos, vecino de Regla, de 55 años, es otro de los ejemplos. A pesar de las reclamaciones de este enfermo de cirrosis hepática y cáncer de esófago, se le ha negado asistencia médica. García, además, está en prisión desde el 2 de junio de 2015, pendiente de juicio por el presunto delito de "amenaza".

El penitenciario posee múltiples y sofisticados mecanismos de control para silenciar las denuncias procedentes de las prisiones o para filtrar las que le conviene

Desde el 16 de diciembre, Hugo Damián Prieto Blanco, de 50 años, residente en Marianao y organizador del Movimiento de Resistencia Cívica Orlando Zapata Tamayo, reclama un estatus de preso político a través de una huelga de hambre. Dos días después de iniciar su protesta, Prieto fue trasladado de Valle Grande y se desconoce su paradero. El activista, que es diabético y está enfermo del páncreas, aseguraba no haber sido bien atendido y reclamaba también una mejor atención médica para los reclusos.

Lejos de solucionar nada, las quejas y reclamaciones de los reclusos solo parecen agravar su situación. Lamberto Hernández Planas, de 46 años y vecino de San Miguel del Padrón (La Habana), se quejó por la falta de higiene ante El Niño, el funcionario que custodiaba el comedor, porque las bandejas de la comida tenían sarro. El Niño le amenazó con darle una paliza y le dijo que, si no quería así la comida, no se la comiera. Aquel día, Hernández se quedó sin comer, pero su problema va más allá. Su historia clínica, expedida por el Hospital Nacional de Reclusos del Combinado del Este, indica que padece de neuropatía periférica, gota, colesterol alto, hernia discal, gastritis, esofagitis, desnutrición y sacrolumbalgia. En esta situación, reconocida por las autoridades penitenciarias, requiere de una dieta especial que no se le está proporcionando.

Mientras las golpizas propinadas a los opositores, incluyendo las Damas de Blanco, que protestan en las calles de La Habana, encuentran cierto eco en la prensa internacional y las organizaciones de derechos humanos, pocas informaciones llegan de las cárceles donde los reclusos se encuentran en total estado de indefensión.

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