Mujeres rurales: entre el surco y las labores domésticas

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Idalmis es una de las muchas cubanas que dedican el 71% de sus horas laborales al trabajo doméstico no remunerado. (14ymedio)

En Alquízar la tierra colorada lo cubre todo con una capa rojiza. A Gladys Montero ese polvo carmesí se le mete entre las arrugas del rostro. "Vengo del campo profundo", advierte. En Cuba el 21% de las mujeres vive en áreas rurales, se despierta con el canto del gallo y hace su vida al ritmo que marcan las cosechas.

Alabada antaño como una "amorosa guajira", dibujada en un entorno bucólico o fotografiada con sus hijos famélicos, la mujer campesina no se parece ya a ninguno de esos estereotipos. Sin embargo, sus peculiaridades apenas se escuchan hoy en medio del bullicio que generan los centros urbanos y los prejuicios machistas.

Gladys está cerca de cumplir 70 años y los recuerdos de su infancia los lleva "frescos como una lechuga". De niña ayudó en la finca de sus padres a sembrar "maíz, frijoles y calabaza". Solo terminó octavo grado de la secundaria, aunque detecta con una mirada cuándo un surco fue plantado con dedicación o "para salir del paso".

La fuerza femenina en el sector agrícola representa el 19,2% del total de sus trabajadores y solo un 17,3% de los puestos de dirección en esas áreas están ocupados por ellas

A pesar de que en 2013 más de 142.300 mujeres laboraban en los campos de la Isla, en el imaginario popular esas tareas siguen siendo "cosa de hombres". La fuerza femenina en el sector agrícola representa el 19,2% del total de sus trabajadores y solo un 17,3% de los puestos de dirección en esas áreas están ocupados por ellas.

Dentro de las casas el panorama es totalmente diferente. El 56% de las mujeres rurales se dedican a los quehaceres del hogar. Estadísticas del Ministerio de la Agricultura indican que por cada 100 hombres con empleo estable en esas zona, apenas hay 30 mujeres.

De joven, Gladys también cortó caña, un trabajo duro que atemoriza incluso a muchos varones. "Parí a mi primer hijo muy jovencita y poco tiempo después llegó el segundo", recuerda. Cuando los niños crecieron, su madre enfermó y la cuidó hasta el final de sus días.

La mayoría de sus vecinas y allegadas han pasado por una situación similar. A cientos de kilómetros del poblado de Artemisa, donde habita Gladys, Rosa María lleva también una vida frente al fogón en Florida, Camagüey. "Hay noches que, cuando me acuesto, me duele todo y tengo los pies muy hinchados".

Los principales problemas que ambas deben sortear cada día están vinculados a la fuente de energía con la que procesan los alimentos, el suministro de agua, la violencia doméstica y las dificultades económicas. Ninguna tiene un hobby, apenas participan en actividades sociales ni han ido al cine en los últimos diez años.

El estudio cualitativo 50 voces y rostros de líderes campesinas cubanas, auspiciado por OXFAM-Canadá y la Junta de Andalucía, reveló que el empoderamiento de la mujer rural está frenado por la sobrecarga de responsabilidades domésticas y de atención a los hijos; la insuficiente preparación técnica y los estereotipos sexistas, entre otros factores.

Por cada 100 horas de trabajo masculino, ellas ejecutan 120, la mayor parte con actividades simultáneas

En todo el país, las féminas dedican el 71% de sus horas laborales al trabajo doméstico no remunerado, según una Encuesta del Uso del Tiempo realizada en 2002. Por cada 100 horas de trabajo masculino, ellas ejecutan 120, la mayor parte con actividades simultáneas. Una situación que se agrava en los pueblos y bateyes.

La especialista Mavis Álvarez Licea considera que "todavía una mayoría significativa de hombres del campo se comportan con una masculinidad hegemónica bien acentuada". Mientras que las mujeres "siguen sometidas al poder masculino, quizás no en igual grado y condición que sus antecesoras pero, solapada o abiertamente, son reprimidas y discriminadas".

Gladys Montero solo terminó octavo grado de la secundaria, aunque detecta con una mirada cuándo un surco fue plantado con dedicación. (14ymedio)
Gladys Montero solo terminó octavo grado de la secundaria, aunque detecta con una mirada cuándo un surco fue plantado con dedicación. (14ymedio)

El caso de Teresa González es diferente. Desde los 17 años empezó a llevar la contabilidad en la cooperativa de crédito y servicio José Antonio Echevarría en Artemisa. Hoy ocupa la presidencia. "Me pasaba el día sacando cuentas y al principio a los hombres que estaban en el campo les parecía que eso no era trabajo", recuerda. Con el tiempo ha conseguido que todos respeten su labor.

En 2008, el Gobierno de Raúl Castro implementó una serie de medidas para reanimar la producción agrícola. Entre ellas se incluyó la entrega de tierras ociosas en usufructo por los Decretos Leyes 259 y 300, pero según cifras del Ministerio de la Agricultura, cuatro años después del inicio del proceso, de las 171.237 personas beneficiadas solo el 9,5% fueron mujeres.

Los hombres siguen liderando la propiedad sobre los recursos agrícolas como tierras, agua, insumos y créditos y toman la mayor parte de las decisiones. De ellas, solo 12.102 son propietarias de terrenos, para un 11% del total de poseedores de tierra.

Los hombres siguen liderando la propiedad sobre los recursos agrícolas como tierras, agua, insumos y créditos y toman la mayor parte de las decisiones. De ellas, solo 12.102 son propietarias de terrenos

Las autoridades cubanas privilegian las cifras que comparan la situación entre hombres y mujeres en cuanto a acceso a la salud, la educación, el empleo y los cargos administrativos. Pero poco se publica sobre las diferencias salariales entre géneros y los contrastes de oportunidades, en especial los vinculados a la ubicación regional.

En medio de un surco donde recoge tomates, Marisol cuenta que siempre tiene algo que hacer. "Después de esta viene la recogida de ajo que la pagan mejor" comenta a 14ymedio. Su marido prefiere tenerla "todo el día en la casa sacándole brillo al piso", pero las estrecheces económicas lo han obligado a aceptar que trabaje en la agricultura.

A su lado, bajo el inclemente sol, está Mirta, quien cada día al concluir las tareas de recogida y llegar a su modesta vivienda, acarrea el agua desde un canal de regadío cercano para bañarse, lavar la ropa y cocinar. "No tenemos televisor porque la corriente nos llega por una tendedera y el voltaje es muy bajo".

No ha podido convencer a sus hijos para que se queden en aquella casa rodeada de sembrados y cochiqueras. El varón decidió seguir en el ejército cuando concluyó su servicio militar y la hija se casó con un hombre que "se la llevó para La Habana".

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Nota de la Redacción: este reportaje fue hecho gracias al apoyo del  Howard G Buffet Fund for Women Journalists  de la  International Women's Media Foundation

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