Orquídeas, el tráfico de especies en Cuba

Cultivador y vendedor privado de orquídeas, también en la zona de Soroa. (14ymedio)
Cultivador y vendedor privado de orquídeas, también en la zona de Soroa. (14ymedio)

Un olor a chocolate invade todo el patio. La pequeña orquídea Encyclia phoenicia ha florecido y su peculiar aroma la coloca entre las preferidas del mercado furtivo de especies naturales en Cuba. Los cultivadores la llevarán a las cercanías de sitios turísticos para venderla y quizás termine en la terraza de algún nuevo rico o al otro lado del Atlántico.

Con la reapertura de la Isla al turismo internacional, en la década de los noventa del siglo pasado, aumentó el número de visitantes en el área de Soroa, en la provincia de Artemisa. La belleza del lugar, su ubicación en las montañas de la Sierra del Rosario y la presencia de un orquideario con más de 20.000 ejemplares, le han valido su inclusión en las más famosas guías de viaje.

Con el incremento de visitantes en el último año, los pobladores de Soroa ampliaron sus ofertas legales e ilegales dirigidas a los viajeros. Las casas de rentas de habitaciones proliferan, mientras las paladares clandestinas se esconden entre la exuberante vegetación y las irregularidades de la cordillera. Las redes informales ofertan desde artesanía local hasta especies autóctonas de la flora y la fauna.

Mientras más difícil de cultivar sea una orquídea, más cara se venderá. Esta máxima que ha obligado a los floricultores ilegales a volverse más sofisticados en las técnicas y más atrevidos en los engaños

Las orquídeas resultan el plato fuerte de ese entramado furtivo de compra y venta. Las mejor valoradas son las variedades nativas, de las cuales existen unas 300 en todo el país. Muchas de ellas han sido declaradas en peligro de extinción por los especialistas de la Sociedad Cubana de Botánica (Socubot).

El premio gordo radica en llevarse a casa una de las dos orquídeas recién descubiertas en la Isla por científicos españoles. La Encyclia navarroi y la Tetramicra riparia están ahora mismo en el centro de los deseos de los coleccionistas, pero variedades como la Zapatilla de la Reina y la Catleya siguen ganando las preferencias en los adornos florales y el mercado nacional.

Mientras más difícil de cultivar sea una orquídea, más cara se venderá. Esta máxima que ha obligado a los floricultores ilegales a volverse más sofisticados en las técnicas y más atrevidos en los engaños.

La estrecha carretera a Soroa alberga al menos 15 puntos no estatales de venta de orquídeas. Es un negocio en las sombras, sin carteles ni anuncios. Ninguno de los implicados tiene una licencia para comercializar plantas, ni levantar un vivero para esa aristócrata de las flores. Su plantación y mercadeo llega a ser por momentos tan perseguido como gestionar una plantación de marihuana.

Las familias cerca de la vía cuelgan en sus portales las plantas a la venta, pero fingen que solo están ahí para decorar sus modestas viviendas. Los interesados preguntan y solo entonces se establece el precio del ejemplar, que oscila entre 10 y 50 CUC, en dependencia del tamaño de la planta, la vitalidad de sus raíces, el tiempo que lleva sembrada y si tiene flores.

El orquideario de Soroa, en manos del Estado. (14ymedio)
El orquideario de Soroa, en manos del Estado. (14ymedio)

Los vendedores ambulantes se colocan en diferentes puntos de las carreteras para ofrecer frutas a los turistas. Adornan con orquídeas sus carritos cargados de plátanos y piñas, que en realidad son su fuente principal de sustento. Con la llegada de un inspector arguyen que se trata solo de algo "para alegrar" a los clientes que vienen en busca de guayabas o guanábanas.

Roberto es un joven ingeniero forestal que cultiva plantas ornamentales junto a su madre. "Con el dinerito que hacíamos de la venta de las orquídeas me pagaba mis viajes y comidas en la universidad", recuerda este joven. "Pero todo se puso malo y varias veces tuve que correr delante de la policía", asegura.

El jefe de los guardias forestales visitó la casa de Roberto y les advirtió de que sabía que vendían orquídeas que cultivaban en un vivero alternativo en su patio. Aquella conversación incluyó una amenaza de "una multa de 1.500 CUP y la confiscación de todas las plantas", por lo que la familia decidió salir del negocio.

No importa si las plantas no han sido sustraídas de la naturaleza ni arrancadas de su hábitat, la orden desde arriba es que ningún lugareño –con excepción de Ángel Ferro, antiguo trabajador del orquideario– puede comercializar la reina de las flores, denuncian varias fuentes consultadas por este diario.

El orquideario no tiene ejemplares a la venta, solo en exposición, una carencia que ha potenciado la venta ilegal. El hermoso lugar, construido en 1943 por el abogado de origen canario Tomás Felipe Camacho bajo el nombre de Rancho Pilila, se ha recuperado lentamente de los daños ocasionados por dos huracanes en 2011.

El orquideario no tiene ejemplares a la venta, solo en exposición, una carencia que ha potenciado la venta ilegal

Raúl Martínez, director de la oficina de trámites de licencia a trabajadores por cuenta propia, asegura que existe un permiso para "productor vendedor de plantas", en el que se incluye la comercialización de orquídeas. El funcionario aclara que "hay especies que los guardias forestales prohíben vender".

Esta información contrasta con las declaraciones de Jorge Martínez, jefe del grupo de guardabosques de la zona. El hombre cuenta a 14ymedio que conoce la licencia de productor vendedor de plantas, pero esta se refiere solo a las que son "ornamentales". Sin embargo, "las orquídeas están prohibidas o restringidas pues para obtenerlas hay que tener un vivero y estar vinculado a la Academia de Ciencias de Las Terrazas", una comunidad turística rural cercana. Explica también que esos permisos son otorgados en La Habana.

Las prohibiciones no disuaden a los vendedores furtivos. Los alrededores de la gasolinera del poblado de Candelaria se llenan cada día de esos comerciantes de los pétalos y los bulbos. Hay todo tipo de maravillas y de embustes. Desde mundanos curujeyes a los que se le colocan flores de una orquídea para venderlos como tal, hasta plantas recién pegadas a un tronco que tendrán pocas probabilidades de sobrevivir.

Como todo negocio ilegal, las posibilidades de resultar estafados son altas, pero también de llevar a casa una maravilla, una tierna planta que desafía con su belleza a perseguidores y perseguidos.

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