Patria o marabú

Enviar hombres a luchar contra una plaga sin refuerzos mecanizados, la nueva batalla de la Revolución

Marabú. (14ymedio)
El marabú invade las tierras fértiles de las llanuras cubanas. (14ymedio)

Siete años después que Raúl Castro criticara en un discurso la propagación del marabú por territorio cubano, esta planta espinosa sigue ganando protagonismo en nuestros campos. En aquella ocasión, y con motivo del 26 de julio, el General refería: "aproveché llegar aquí por tierra para ver que todo está verde y bonito, pero lo que más bonito estaba, lo que más resaltaba a mis ojos, era lo lindo que está el marabú a lo largo de toda la carretera". Hoy podría repetir idénticas palabras.

La invasión de la científicamente conocida como dichrostachys cinerea ha disparado todas las alarmas. En el centro del país, su dominio se extiende por las llanuras que una vez sirvieron para el cultivo de caña, la siembra de hortalizas o el pastoreo de ganado. Nada se salva de sus apretados matorrales, con espinas que hacen desistir al más intrépido de los campesinos.

Hace dos semanas se convocó en Ciego de Ávila una tropa de hombres, armada con rústicas herramientas para luchar contra el marabú. La nueva "batalla de la Revolución" se desarrolla en tierras muy fértiles, pero que han sufrido durante largo tiempo el abandono de su único dueño: el Estado, razón por la ahora yacen y se ahogan bajo los espinos que han dado lugar a enormes marabuzales.

Algo más de 400 hombres, con hacha y machete en mano, tienen a su cargo la ardua misión. El objetivo es, al cierre del año 2014, dejar listas para el cultivo cañero todas las tierras previstas en el próximo plan de siembra. Una tarea sin duda difícil, pues del total de 20.000 hectáreas necesarias, se calcula que unas 13.000 sufren gran infestación.

Dirigentes del territorio han prometido que la campaña quedará inscrita en la historia como "La epopeya contra el marabú". Desconocen, quizás, todos los intentos anteriores por erradicar una planta que fue introducida en nuestro país a mediados del siglo diecinueve y que tiene una alta capacidad de reproducirse en las circunstancias climáticas y naturales de nuestro país.

Dirigentes del territorio han prometido que la campaña quedará inscrita en la historia como “La epopeya contra el marabú”

La única ventaja del indeseable marabú parece ser su madera ‒muy dura‒ que resulta enormemente apropiada para leña, pues proporciona una buena combustión, poco humo y menos cenizas. Sin embargo, su recolección para esos fines requiere una estricta protección para el trabajador agrícola que puede verse sometido a frecuentes heridas y pinchazos.

El costo de cualquier tarea recolectora o de erradicación del marabú tiende a ser muy alto. No obstante, en la nueva batalla contra la plaga que se ha iniciado en la región central del país, el ahorro estatal está garantizado con el sacrificio de los hombres que deben sudar y sangrar, sin derecho a esperar refuerzos mecanizados. La dirección del Grupo Empresarial del Azúcar ha aclarado que "por condiciones económicas objetivas no pueden emplearse equipos de esteras en este enfrentamiento".

Quienes tienen memoria recuerdan que no faltaron equipos pesados para cumplir otras iniciativas. Entre ellas dos campañas que sí han quedado inscritas en la historia por sus consecuencias desastrosas, mientras se abría la senda para que cualquier plaga invadiera el campo cubano. La primera de ella cuando en la década de 1970 se arrasaron los bosques usando buldóceres y dinamita para sembrar caña en abundancia, con el fin de satisfacer la demanda de la Europa comunista. Más recientemente se desmantelaron muchos centrales azucareros para exportarlos en piezas hacia la República Bolivariana de Venezuela y sus campos de cañas se dejaron a merced de las plagas.

El gran resultado de tales "epopeyas socialistas", además de bateyes y pueblos dejados sin vida, muertos; es la salud de que goza el marabú. En sus ramas se concentra nuestro descalabro económico, en la abundancia de sus espinas está el resultado de la estatización excesiva de nuestras tierras.

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