Remar y remar en la Bahía de Taco

Dayan Olivera Olivera ofrece con su pequeña embarcación un recorrido náutico a los turistas por la hermosa bahía de bolsa. (14ymedio)
Dayan Olivera Olivera ofrece con su pequeña embarcación un recorrido náutico a los turistas por la hermosa bahía de bolsa. (14ymedio)

El lugar corta el aliento. Impera una paz difícil de encontrar en esta Isla de ajetreos y ruidos. Solo se escucha el sonido del remo. Constante, metódico, casi como una cadencia hipnótica. La bahía de Taco se ubica en el Parque Nacional Alejandro de Humboldt (PNAH), en la provincia de Guantánamo. A pesar de la belleza del lugar, la vida transcurre bajo los mismos imperativos que en cualquier región cubana: hay que buscar los pesos convertibles para sacar adelante una familia.

En esa situación está Dayan Olivera Olivera, quien ofrece con su pequeña embarcación un recorrido náutico por la hermosa bahía de bolsa a los turistas que visitan la zona. Lo hace a cambio de un propina de los forasteros que vienen buscando ese paraíso que todo ser humano cree que existe en alguna parte.

Desde hace diez años el joven repite la rutina de un bojeo, como quien está condenado a remar una y otra vez por los contornos de la rada natural. Está atrapado en la belleza, cual Sísifo tropical que en lugar de subir eternamente una piedra hasta la cima de una montaña, debe recorrer sin descanso un trozo de mar. Cada golpe de la madera en el agua lo acerca al final, pero también al inicio de la próxima travesía en círculos.

El trabajo de Olivera le ha permitido ganar conocimientos empíricos sobre la flora y fauna de la zona. El año pasado un equipo de investigadores cubanos y españoles descubrieron en Cuba 18 nuevas especies de moluscos marinos. De ellas, 16 fueron halladas en la Bahía de Taco, justo donde el joven puntualiza que no es "un trabajador oficial del Estado".

Desde hace diez años el joven repite la rutina de un bojeo, como quien está condenado a remar una y otra vez por los contornos de la rada natural

"Las personas que viven dentro de las áreas del parque se dedican un grupo a la pesca, otro a la agricultura y nosotros los que trabajamos en esto", cuenta Olivera sin describir su trabajo. Es como si le diera cierta pena reconocer que pasa la mayor parte de su juventud sobre un bote endeble cargado de turistas a los que verá apenas por unos minutos.

En "la bahía aparecen dos tipos de vegetación, los manglares y los bosques siempre verdes", dice. Ha conocido desde niño que hay un "tipo de mangle" que "tiene propiedades medicinales y sirve para el curtido de pieles". Repite nombres que ha aprendido de oídas, tal vez de escucharlos a los especialistas que pasan por la zona.

Enumera la existencia de plantas ‒"hidromelias, filodendros, copey, cactáceas, orquídeas"‒ como si fuera un moderno Humboldt atrapado en un bucle. Después pasa a los animales, como "las polimitas, la jutía, y el almiquí", que también viven en los alrededores. Al último, precisa, se le ve muy poco "debido a que está casi extinto". Es la explicación que repite a sus clientes varias veces al día. Como esos guías de turismo que enseñan edificios de impresionante arquitectura o calles empedradas de historia, Olivera muestra árboles, ensenadas, huellas que dejan en el fango algunas especies que habitan la zona.

En la Bahía de Taco también se refugia el manatí. "En el mes de agosto vienen a tener sus crías acá", explica el peculiar guía. Pero incluso en el paradisíaco lugar corren peligro. "La principal causa de muerte de los manatíes es por contacto con las propelas de los barcos y después está la pesca. Donde están más a salvo es en el interior de la bahía", resume.

La bahía de Taco se ubica en el Parque Nacional Alejandro de Humboldt (PNAH), en la provincia de Guantánamo. (CC)
La bahía de Taco se ubica en el Parque Nacional Alejandro de Humboldt (PNAH), en la provincia de Guantánamo. (CC)

La bahía sirve como rada, "en tiempos de huracanes vienen a protegerse los barcos de la ciudad de Baracoa", comenta con cierto orgullo de lugareño, Olivera. "Las olas llegan con menos fuerza, debido a que la entrada es muy pequeña, aunque tiene un canal de entre 19 y 24 metros de profundidad", apunta.

El ecosistema marino tiene abundante mangle rojo y blanco. En la zona también se avistan cotorras, cateyes, carpinteros y gaviotas. El joven remero explica cada especie y sigue hundiendo el remo acompasado en el agua. Esta mañana ya ha hecho varios viajes, saca cuentas mentales de cuánto logrará al final de un día duro. Depende de la bondad de los extranjeros, que pueden darle entre 1 peso convertible o cinco CUC por cada persona que sube al barco. Hay algunos que le regalan algo, en lugar de darle dinero.

Solo se sale del guión para turistas cuando se le pregunta sobre cómo disfruta de la espectacular naturaleza que le rodea. "En realidad, la belleza nosotros no se la encontramos como otras personas que vienen de otras partes". La realidad lo hala hacia problemas más acuciantes. Un manatí que un turista logré avistar puede ser la propina que esta noche termine convertida en comida sobre el plato su familia.

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