La Revolución Energética va en picada

Los grupos electrógenos llamados a resolver los frecuentes cortes de luz dan más problemas que soluciones

Electrógeno. (14ymedio)
Electrógeno. (14ymedio)

"Sube rápido que se nos muere una paciente", le advirtió el chofer a la joven que hacía autostop en una esquina de la Calzada del Cerro. Al timón iba Carlos Alberto Valdés, técnico de la empresa de servicios a Grupos Electrógenos de La Habana, que tenía ante sí una misión casi de película. Debía reparar la planta eléctrica del Hospital Clínico Quirúrgico 10 de Octubre, antes de que un eventual corte eléctrico pusiera fin a la vida de una mujer en estado de coma.

Conectada a equipos que la mantenían viva, la paciente, de 30 años, fue trasladada la pasada semana a la sala de cuidados intensivos del 10 de Octubre después de una complicada operación en el Hospital Hijas de Galicia. Su vida pendía de que no ocurriera uno de esos frecuentes apagones que asolan a la capital cubana, dado que la planta eléctrica del lugar no funcionaba.

Historias como estas se repiten a lo largo de toda la Isla, junto a otras donde un corte eléctrico no le cuesta la vida a un ser humano, sino que aborta una jornada laboral, cancela un trámite burocrático, frustra una cita amorosa o pone fin a la transmisión de una película. Las fallas de la corriente eléctrica siguen siendo una constante en la vida de los cubanos, a pesar de la Revolución Energética que se lanzó hace más de una década.

Entre los programas principales de aquella maratónica campaña, liderada por Fidel Castro, estaba la colocación de grupos electrógenos de emergencia en lugares sensibles para la economía y los servicios a la población. Para el año 2007 ya habían llegado al país 6.301 grupos electrógenos, la mayoría de procedencia china, de los cuales quedaron instalados para esas fechas unos 3.798.

Las fallas de la corriente eléctrica siguen siendo una constante en la vida de los cubanos, a pesar de la Revolución Energética que se lanzó hace más de una década

Aunque se mantendría su importación y colocación en diferentes emplazamientos, los números de aparatos en activo no crecería significativamente. El Panorama Económico Social Cuba 2014 informa que al finalizar ese año había en funcionamiento 3.855 de estos equipos, un 10% menos que en 2013, y que generaban el 19,9% de la energía eléctrica del país. El consumo de combustible de cada una de estas plantas va desde 198 hasta 227 gramos de diesel por kilowatt.

La obsolescencia tecnológica, la falta de piezas de repuesto y el desvío del combustible destinado a estos aparatos han hecho que disminuya su efectividad y han limitado su función social. Así lo confirma el testimonio del propio Valdés quien, al detectar que el fallo del grupo electrógeno del hospital radicaba en la batería, aseguró a este diario: "No hay baterías en todo el país".

Esta realidad contrasta con lo que dijo en 2006 Eusebio Martínez Ríos, director general de la empresa perteneciente al grupo Unecamoto que corrió con la instalación de los equipos en territorio nacional. El funcionario aseguró entonces a la prensa oficial: "Pueden durar más de 20 años antes de someterse a una reparación capital". Una década después, el número de grupos electrógenos averiados y sacados de servicio supera los mil por año. La Revolución Energética va en picada.

La mayoría de estos equipos se instalaron en objetivos económicos y sociales priorizados como hospitales, policlínicos, instalaciones hoteleras y las estaciones de bombeo de agua. En el momento de mayor auge de la Revolución Energética se pensó en colocarlos también en edificios múltiples, para mantener los ascensores y las bombas de agua funcionando en caso de apagón, pero esto no se concretó. En algunos de ellos se puede ver todavía hoy la estructura de concreto que iba a servir para la base del "gigante eléctrico".

"El problema es que todos los equipos tienen un tiempo de explotación, no se puede abusar de ellos, sobre todo si no se le da un buen mantenimiento", asegura Valdés y apunta que en estos momentos su empresa no cuenta con "ninguna pieza de repuesto para estos generadores eléctricos". Los equipos trabajan con fuelóleo o diésel y también son víctimas frecuentes del vandalismo y del desvío de recursos.

A los problemas técnicos y los robos, se le suman la contaminación que generan estos aparatos, especialmente por el humo que despiden y el sonido que emiten mientras están funcionando

"Cuando fuimos a encender la planta eléctrica le habían robado el combustible", comenta a 14ymedio un técnico del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), que vivió con perplejidad un corte eléctrico que hace algunos años canceló la transmisión televisiva hacia todo el país. "Se suponía que el grupo electrógeno tenía que permitirnos continuar, pero no pudimos encenderlo porque estaba seco" cuenta. Recuperar la señal tardó unos largos 40 minutos en que los televidentes estuvieron en ascuas frente a la pantalla.

A los problemas técnicos y los robos, se le suman la contaminación que generan estos aparatos, especialmente por el humo que despiden y el sonido que emiten mientras están funcionando. Las quejas de la población residente en las cercanías de los emplazamientos de estos equipos se han hecho tan frecuentes que Jorge Álvarez, director de la Oficina Regulatoria Ambiental, confesó en una edición de la oficialista Mesa Redonda que los grupos electrógenos "contaminan el ambiente a través de emanaciones, ruido y vibraciones".

Carlos Alberto Valdés resolvió la urgencia hospitalaria y dejó en una situación más segura la vida de la paciente, al colocar en el equipo la batería de una planta perteneciente a otra área del Clínico Quirúrgico. "Desvestir un santo, para vestir otro", repetía todo el tiempo un empleado del lugar que curioseaba por los alrededores. La joven que sobrevivió ni siquiera sabe lo cerca que estuvo de expirar si un caprichoso apagón irrumpía en la zona y aquel maltrecho grupo electrógeno no lograba arrancar.

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