La ropa importada, un negocio ilegal y rentable

Una mujer vende ropa en el local rentado Pais Viena de la Calle Monte. (14ymedio)
Una mujer vende ropa en el local rentado París Viena de la Calle Monte. (14ymedio)

Regla lleva años dedicándose a un negocio prohibido: la venta de ropa importada. Antes lo hacía en los portales de la calle Monte en La Habana Vieja pero cuando el Gobierno cambió la ley para impedir la comercialización de ropa y calzado, en diciembre de 2013, tuvo que trabajar de forma más discreta todavía. Ahora mantiene un punto de venta en un local estatal que renta espacios a trabajadores privados, pero su pequeño mostrador, que exhibe piezas manufacturadas, solo funciona como tapadera para atraer clientes a los que después ofrece la mercancía que trae desde países que no exigen visado a los cubanos.

Antes, Regla confeccionaba las prendas con la materia prima que sustraía de la fábrica de toallas del Wajay, en Boyeros, y las vendía con su licencia de trabajo por cuenta propia como modista.

Con ese truco Regla evade también una buena parte del pago de impuestos sobre sus ingresos personales. De los 535.000 cuentapropistas que hay en el país, estos días deben presentar su declaración jurada 170.000 de ellos, según las últimas cifras del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.

De entre todo su amplio catálogo destacan los pantalones de lycra que llevan impresos la bandera de Estados Unidos

"Todo lo que tengo es de mejor calidad que en la tienda", explica con orgullo la vendedora. Esta semana ha vuelto a susurrar su mercancía en los portales debido a que el inmueble donde mantiene su puesto está cerrado por reparaciones.

De entre todo su amplio catálogo destacan los pantalones de lycra que llevan impresos la bandera de Estados Unidos. Los medios oficiales la han emprendido contra esta prenda en repetidas ocasiones, pero su presencia en las calles no para de crecer.

La policía controla las áreas donde con frecuencia estos vendedores ofrecen su mercancía. La penalización incluye la confiscación de todos los productos y una multa de 1.500 pesos. No obstante, los vendedores informales siguen capitalizando buena parte del mercado de ropas y calzados, en detrimento de las tiendas recaudadoras de divisas que mantiene el Estado.

Yulia ofrece sus productos en la calle Infanta. La mayoría proviene de Rusia, Guyana y Haití. "Comencé viajando a los países que no exigían visa, pero desde hace meses compro también en Haití". Considera que el país caribeño es un buen destino para abastecerse por los bajos precios de los boletos de avión.

Este mercado ilegal ha encontrado también sus propias formas de protegerse

"Voy a casa de unos familiares en Santiago de Cuba y desde allí vuelo", explica. "Le saco a las ropas el doble de ganancias". Esto es así porque la inversión resulta más baja que en el caso de viajes más distantes, como al lejano Moscú.

La obtención de una visa para Haití resulta relativamente fácil para los cubanos y Yulia recientemente consiguió también la residencia haitiana. Su nueva situación legal le permitirá ampliar su negocio. "Todo el mundo quiere ropas traídas y bonitas", cuenta la vendedora que lleva siete años en el oficio.

Este mercado ilegal ha encontrado también sus propias formas de protegerse. Al grito de "¡agua!" los vendedores informales de la calle Monte esconde sus mercancías o se esfuman en alguna escalera. Es el código para avisar que se acerca la policía. Cuando las autoridades se retiran, todos vuelven a su sitio. Hasta el siguiente aviso.

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