Samaritanos en el camino de la emigración cubana

Este reportaje se ha realizado con el auspicio del Pulitzer Center on Crisis Reporting.

Angela Buendia y Víctor Manuel Berrío no se conocen pero tienen miles de amigos en común. Ella vive en Chiriquí, en la zona occidental panameña, cerca de la frontera con Costa Rica, y él es diácono de la Iglesia Católica en la Ciudad de Panamá. La labor solidaria de ambos con miles de inmigrantes cubanos que transitaron por su país en los últimos años les ha granjeado el aprecio y la simpatía de los caribeños.

"El diácono Berríos dejó de ser de sí para ser de nosotros. A ese hombre le debemos mucho", dice Rita María Triana, una doctora cubana que vive indocumentada en Ciudad de Panamá. Berríos habilitó, y luego mantuvo durante meses, un albergue para acoger a los cubanos en las oficinas de Cáritas de la capital.

"La Iglesia llegó a tener albergados a más de 450 migrantes en plena crisis", relata Berríos. Cáritas, una organización sin fines de lucro de la Iglesia Católica, asumió el gasto de los migrantes e incluso convirtió el patio en un campo de refugiados con improvisadas carpas para los que ya no cabían en las atiborradas oficinas.

Berríos habilitó, y luego mantuvo durante meses, un albergue para acoger a los cubanos en las oficinas de Cáritas de la capital

"Los mismos cubanos ayudaron. Algunos cocinaban, otros registraban a los que iban llegando", agrega el diácono, pero no todo era color de rosa. Uno de los momentos que más lo impactó en la reciente crisis fue cuando un anciano migrante se enfrentó a dos cubanos que discutían entre sí y, según relata Berríos, les dijo:

"Por favor cállense, ustedes me avergüenzan. No se han dado cuenta que nosotros nos merecemos lo que somos. Este Gobierno comunista nos ha convertido en parias. En ninguna parte del mundo nos quieren y en el único lugar donde nos acogen vienen a pelear".

Tras esta escena, el religioso comprendió que los emigrantes necesitaban más que un refugio. "Esta gente viene con muchas heridas. Hay que hacer un proceso de sanación. Lo único que sana las heridas es el amor", dice.

A partir de entonces se dedicó a conversar frecuentemente con los migrantes, implicándose en sus problemas y conociendo de cerca sus historias. "La Iglesia continuará defendiendo a los migrantes, porque son imagen de Cristo que también fue inmigrante", dice.

La defensa de los cubanos puso a Berríos en el centro de la atención mediática. Voces desde el Gobierno le acusaron de querer usurpar las funciones de la dirección general de Migración Panamá y las presiones por temas sanitarios acabaron por cerrar el albergue donde residían temporalmente más de 300 cubanos.

El diácono Víctor Berrío, quien dirige Cáritas en Ciudad de Panamá y auxilió a miles de cubanos. (José A. Iglesias)
El diácono Víctor Berrío, quien dirige Cáritas en Ciudad de Panamá y auxilió a miles de cubanos. (José A. Iglesias)

"Dentro de dos años ustedes no estarán ahí y se van a arrepentir de todo el bien que pudieron hacer y no han hecho porque están ensoberbecidos por la posición que tienen", les dijo en aquel momento a los miembros del Gobierno.

A quienes le reclaman por el gasto que los migrantes representan para el erario público panameño Berríos le responde contundente: "La clase política panameña se ha dedicado a robar al Estado. Los cubanos fueron un chivo expiatorio para distraer la atención sobre otros problemas que tiene el país". Panamá facilitó transporte aéreo a un grupo de cubanos hacia México pasando por El Salvador y Guatemala a principios de 2016 durante los peores momentos de la crisis migratoria.

Muchos creen que la voz de Berríos está detrás de las recientes declaraciones del cardenal José Luis Lacunza, quien la pasada semana llamó al Gobierno panameño a otorgar un permiso de residencia y trabajo a los migrantes cubanos que quedan en el país. "Panamá debe ser tolerante y comprensivo", dijo el purpurado según reportaron medios locales.

Muchos creen que la voz de Berríos está detrás de las recientes declaraciones del cardenal José Luis Lacunza, quien llamó al Gobierno panameño a otorgar un permiso de residencia y trabajo a los migrantes cubanos

Para Ángela Buendía los cubanos fueron más que un trabajo. El pasado año era funcionaria del Sistema Nacional de Protección Civil y fue encargada de atender a más de 1.000 cubanos que fueron trasladados a diferentes campamentos en la pasada crisis migratoria.

"El ayudar a los demás es un estilo de vida y esos son los parches, los certificados y los diplomas que nosotros llevamos en el corazón", dice Buendía al rememorar las semanas de trabajo con los cubanos. Su trabajo con los migrantes la ha llevado a fundar una empresa dedicada a la formación, capacitación, consultorías y asesorías en temas de gestión de riesgo.

Buendía recuerda con especial cariño los primeros momentos de su trabajo con los migrantes. "Al principio me robaban los enlatados, aunque a ellos no les faltaba nada. Venían de la selva, donde no podían confiar en nadie", cuenta. "No entendían que hacíamos esto de corazón, sin ningún interés personal. Cuando logré ganarme su confianza todo cambió".

"He conocido a hombres que fueron violados junto a sus esposas e hijas. Escuchar esas historias desgarradoras te cambia la vida. En muchos momentos lo único que deseaban era hablar con alguien"

Para La Madrina, como llaman a Buendía, su misión fue sembrar conciencia de que "ser inmigrante" también es "ser persona", darles confianza a los cubanos, que, según ella, venían "tan lastimados" en su largo periplo a través de las selvas.

"He conocido a hombres que fueron violados junto a sus esposas e hijas. Escuchar esas historias desgarradoras te cambia la vida. En muchos momentos lo único que deseaban era hablar con alguien, desahogarse, sentir que tenían una protección materna. Ese era mi trabajo, hacerles sentir que no estaban solos", recuerda.

El caso que más le impresionó fue el de una madre al que su bebé se le fue de las manos en lancha en la que cruzaban desde Colombia. Al día siguiente la mujer se ahorcó. El papá de la niña y su abuela continuaron el camino hacia Estados Unidos.

"Es imposible olvidar a esa gente, transida por el dolor, que decían que preferían morir antes de regresar a Cuba".

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Este artículo forma parte de la serie “Una nueva era en la migración cubana” realizada por el diario  14ymedio, El Nuevo Herald y Radio Ambulante con el auspicio del Pulitzer Center on Crisis Reporting.

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