Los cuentapropistas se quejan de las restricciones en el centro histórico de Santiago de Cuba

Coches con chivos para el entretenimiento infantil en Santiago de Cuba. (Yosmani Mayeta/14ymedio)
Coches con chivos para el entretenimiento infantil en Santiago de Cuba. (Yosmani Mayeta/14ymedio)

Los puntos de venta privados que se sitúen en parques o plazas del centro histórico de Santiago de Cuba tendrán un horario regulado a partir de ahora. La Oficina del Conservador de la ciudad aseguró que la medida, que limita el trabajo por cuenta propia, intenta proteger estos espacios de "alto valor urbano y ambiental".

La nueva disposición ha provocado las quejas de trabajadores del sector no estatal que desarrollan su labor en esas céntricas zonas. Los principales afectados se encuentran en el renglón de la recreación, especialmente los cuentapropistas que ofertan productos como juguetes de plástico, paseos en coche de caballos, ponis o chivos y esparcimiento en carruseles de manufactura propia.

Roberto Gutiérrez, propietario de un compendio de aparatos para la recreación infantil, considera injustas las nuevas medidas. "¿Cómo vamos a pagar la patente y la seguridad social, si ellos nos están presionando para que trabajemos días y horarios muy reducidos?", se pregunta.

En áreas como la Plaza de Marte solo serán permitidos los vendedores de flores y la animación cultural con trovadores si tienen un permiso de la Dirección de Cultura de la ciudad. Una especialista de la Oficina del Conservador confirmó a este diario que "se admiten en la Plaza de Marte, el Parque Céspedes y el Paseo de la Alameda ofertas menores de recreación infantil, como bicicletas o chivos, previa valoración del Plan Maestro, que determinará la cantidad, imagen y horario".

"¿Cómo vamos a pagar la patente y la seguridad social, si ellos nos están presionando para que trabajemos días y horarios muy reducidos?"

La decisión ha molestado también a muchos padres que llevan a sus hijos a disfrutar de las pocas atracciones para infantes con que contaba la ciudad. Yoandra Delfín, madre de dos niños, explica que el único entretenimiento que tienen los fines de semanas son estos aparatos. "Si regulan la cantidad y los horarios, tendrán menos para disfrutar", protesta.

Algunos vecinos consideran que en lugar de reducir la oferta deberían ampliarla con el apoyo de la red de gastronomía estatal. Leandro Mora, padre de una niña de tres años sugiere que se pongan quioscos con dulces y chucherías para los niños. "Solo son los merolicos y las personas que venden por el mercado negro los que nos abastecen. Nuestros bolsillos no aguantan los precios que tienen los productos", lamenta.

Los santiagueros confían en que las restricciones se apliquen solo para el tiempo que dure el proceso de restauración y embellecimiento para la celebración del V centenario de la ciudad.

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