La semana de receso escolar, un rompecabezas para los padres

La Habana durante la semana de receso escolar. (Yosmany Mayeta Labrada)
La Habana durante la semana de receso escolar. (Yosmany Mayeta Labrada)

Los pocos columpios que aún quedan funcionando se mueven de un lado a otro y llenan todo el lugar del ruido que produce el roce de los hierros. El pequeño parque infantil en el poblado de Florida, Camagüey, vive días de ajetreo con la semana de receso escolar. Todos los niveles de enseñanza del país han hecho una pausa y los estudiantes buscan ofertas recreativas al menor coste posible.

La actual pausa en las actividades escolares tiene su origen en los tiempos en que las escuelas descansaban durante la Semana Santa. Cuando el ateísmo se instauró como regla ideológica, el receso se renombró Semana de Girón y pasó a incluir los días entre el 16 y 19 de abril para conmemorar los combates de 1961 en la también conocida como Bahía de Cochinos.

Cada año los padres tienen ante sí la tarea de proporcionar por estos días un programa recreativo para sus hijos. Lograrlo con mayor o menor éxito depende cada vez más del poder adquisitivo de la familia. Mientras la moneda convertible garantiza una recreación un poco más variada, los pesos cubanos apenas brindan posibilidades para descansar después de largos meses de clases. Desde hace varios años las instituciones docentes se desentienden de esa responsabilidad y no ofrecen un calendario de actividades en sus instalaciones.

Algunos, como Nancy, una tunera con un hijo de 12 años, tomaron vacaciones en su trabajo para coincidir con la semana de descanso. "Pasamos unos días en la playa", asegura. "Desde hace años tenemos un contacto en la costa de Puerto Padre y es un lugar tranquilo al que vamos en familia".

Desde hace varios años las instituciones docentes se desentienden de esa responsabilidad y no ofrecen un calendario de actividades en sus instalaciones

A pesar de tener el "transporte resuelto" gracias al viejo camión soviético que su esposo maneja para una empresa agrícola estatal, lo más difícil para Nancy ha sido "comprar la comida" y "hacer algo más que quedarse en la casa o meterse en el agua". Su hijo exige otros divertimentos como "alquilar juegos, comer pizzas y alguna discoteca para adolescentes", explica la madre.

En La Habana, para las familias con niños pequeños las opciones más populares son el Acuario Nacional, el Zoológico y el antiguo parque de diversiones Coney Island rebautizado como Isla del Coco. La posibilidad recreativa más barata es la programación de la televisión, que por estos días suele aumentar las ofertas de filmes infantiles.

En el parque la Maestranza del casco histórico de la capital, las colas se alargan. "La semana de receso es una odisea para nosotros", se queja en la fila de entrada una mujer. Es vendedora de refrescos por cuenta propia con un esposo en prisión, lo que hace difícil ofrecer a sus hijos "los gustos que ellos quieren darse".

Otros hacen su agosto por estos días gracias a la afluencia de público en los parques y áreas recreativas. Un fotógrafo ofrece sus productos a las afueras de la Maestranza con una catálogo en la mano en el que muestra todas las opciones de imágenes en que pueden quedar inmortalizadas las breves vacaciones de abril.

"Puedo hacer casi cualquier cosa y, además, es al momento", se ufana. En un viaje a Ecuador compró una sofisticada impresora de calidad fotográfica que mantiene en un apartamento cerca del parque. "Hago la foto aquí y, cuando tengo varias, me voy a editar e imprimir", detalla.

En ocasiones, la diversión del pequeño vacacionista se limita a pasar el tiempo en la casa de los abuelos o en el centro de trabajo de alguno de los padres

Tiene en exhibición a una jovencita vestida con un traje azul como el de Cenicienta, un niño rodeado de Minions y otro que parece metido en medio de una batalla en la última saga de Star Wars. El precio oscila según el formato de la imagen y la complejidad de la edición. "Hay para todas las posibilidades, entre 1 y 5 CUC", explica el vendedor. O sea, entre uno o cinco días de trabajo.

Quienes no pueden costearse una foto ni el precio de entrada a los aparatos en la Maestranza se conforman con opciones más baratas, como tomar un helado en Coppelia o hacer una pijamada con los amigos. En ocasiones, la diversión del pequeño vacacionista se limita a pasar el tiempo en la casa de los abuelos o en el centro de trabajo de alguno de los padres.

En ese caso se encuentra Leticia, una trabajadora de la Empresa Provincial de la Industria Alimentaria (EPIA), a quien le ha tocado llevarse los hijos al trabajo, porque "en la casa no se pueden quedar solos", aunque el director de su centro laboral no está muy contento con esa opción. "Qué voy a hacer, no puedo borrar del almanaque la dichosa semana de receso", se queja la madre.

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