Sonidos de guerra para tapar la crisis económica en Cuba

Raúl Castro junto a la plana mayor del Gobierno saluda desde la tribuna en la Plaza de la Revolución. (EFE)
Raúl Castro junto a la plana mayor del Gobierno saluda desde la tribuna en la Plaza de la Revolución. (EFE)

Con una marcha militar y un “desfile del pueblo combatiente” amanece el nuevo año para Cuba. Esta vez no hubo tanques en la Plaza de la Revolución, pero miles de cubanos conducidos allí desde sus centros de trabajo buscaban demostrar la unidad en torno al Partido Comunista y la figura de Raúl Castro en ausencia de su hermano Fidel, fallecido el 25 de noviembre.

El acto fue dedicado a los jóvenes, “continuadores de la obra de la Revolución”, al difunto líder y al desembarco del yate Granma, en el que llegaron en 1956 un puñado de revolucionarios que derrocó el Gobierno de Fulgencio Batista. Todo esto en un año que se anuncia complicado después de una caída del 0,9% de la economía, que refleja el fracaso de las reformas raulistas y resucita los viejos fantasmas del período especial.  

“Es irónico que dediquen esa demostración a los jóvenes, porque son los primeros que se están escapando para donde pueden porque no ven esperanza ni posibilidad de progreso en Cuba”, dice Manuel Pérez, un joven psicólogo cubano que emigró a Argentina en busca de mejores opciones laborales.

 

Carlos Amel Oliva, líder juvenil de la Unión Patriótica de Cuba (Unpacu), comparte esta opinión.

Para Oliva, el Gobierno cubano se encuentra en medio “de una campaña cuya estrategia está muy bien pensada” para revivir el nacionalismo en los jóvenes, tras el vacío ideológico que quedó con el restablecimiento de las relaciones con Estados Unidos.

“La juventud es indiferente ante esas viejas demostraciones. Lo único que les interesa a muchos de los jóvenes cubanos es escapar a cualquier país para hallar lo que no encuentran en el suyo”, opina.

En los últimos tres años más de 100.000 cubanos han arribado a Estados Unidos por diversas vías para acogerse a la Ley de Ajuste y obtener la residencia en este país. Una buena parte de estos migrantes son jóvenes o están en edad laboral, lo que incrementa el problema del envejecimiento poblacional. En 2025 Cuba será el país más viejo del continente en términos demográficos.

Los saldos migratorios negativos, unidos a un bajo nivel de fecundidad, la obsolescencia del parque tecnológico y la escasez de inversiones extranjeras, que alcanzaron apenas el 6,5% de lo planificado, constituyen un problema grave que enfrenta el país. A lo que se une la crisis venezolana, principal aliado del Gobierno cubano con quien se redujeron sustancialmente los intercambios comerciales, según datos oficiales.

“Al desaparecer el enemigo ya no había contra quien combatir. Eso es algo a lo que se debe prestar mucha atención y ojalá la administración norteamericana mantenga un discurso inteligente que no dé motivos para revivir esos viejos discursos de Guerra Fría”, dice el joven opositor de 29 años.

El dirigente de la Unpacu cree que el mensaje bélico iba también dirigido al Gobierno norteamericano.

Para Arnoldo A. Muller, presidente de la Coordinadora Socialdemócrata de Cuba, organización opositora cubana adscrita a Consenso Cubano, un paraguas que aglutina a varias organizaciones en el exilio, la marcha de este 2 de enero “es una demostración de fuerza”.

“Quieren mantener la continuidad del sistema y del deseo de no cambiar. Es un mensaje sobre quién es el que tiene el control militar sobre el país, el régimen hace saber al pueblo que se mantiene el castrismo", asegura.

La parada militar apenas contó con algunas tropas que pretendían rememorar los principales momentos de las gestas independentistas cubanas y las luchas contra el Gobierno de Fulgencio Batista.

El transporte en la ciudad fue destinado para el traslado de las miles de personas desde sus centros laborales. También se reportó un aumento del tráfico por las colapsadas arterias habaneras.

Desde la provincia de Pinar del Río, Dagoberto Valdés, director del Centro de Estudios Convivencia, agrega que los desfiles militares “son un rezago de la cultura de la guerra” y “la herencia de una historia que se ha escrito sobre los acontecimientos bélicos y no sobre el desarrollo de la sociedad civil”.

Para el intelectual es una manifestación “de esa tradición que ha creído que el triunfo de la nación cubana está en hacerla fuerte como República en Armas y no una República de Almas”.

Valdés opina, que. por el contrario, se debe “cambiar la lógica de la guerra por la de la paz, la herencia bélica por la herencia ética, la edificación de la república sobre la virtud y el amor”.

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