Una academia para la sociedad civil

Imagen de graduación. (Fundación Sucesores)
Imagen de graduación. (Fundación Sucesores)

Todavía faltan quince minutos para que comience la clase y los alumnos que han ido llegando conversan a la sombra de un árbol. Una vez a la semana, el humilde patio de Carlos Millares acoge una reunión muy singular. Aquí tiene su sede la Fundación Sucesores, una academia creada para adiestrar a miembros de la sociedad civil en el manejo de las herramientas para ejercer el liderazgo.

El profesor Millares dirige el programa pero la idea –que dio lugar a un curso piloto en 2013 y desde entonces se ha repetido en tres ocasiones– fue de un joven llamado Frank Abel García, coordinador de la academia, que aguarda por los estudiantes para servirles de guía por las empinadas calles de Mantilla, un barrio situado al sur de La Habana.

Ya sentados en la sala de la casa, ambos cuentan cómo se les ocurrió comenzar esta escuela. "Yo trabajaba para Hablemos Press y realizaba entrevistas a figuras de la oposición como Carlos, por ejemplo", dice Frank Abel García, que pertenece además al ejecutivo de la Mesa de Diálogo de la Juventud Cubana. "Cuando llegué aquí, aproveché para hablarle de mis inquietudes sobre la sociedad civil y él me hizo caer en la cuenta de que lo que yo quería era impartir un curso de liderazgo".

"En ese momento yo sólo pretendía tomar un grupo de jóvenes y brindarles la posibilidad de que algunas personalidades de la sociedad civil les impartieran temas como la democracia", continúa Frank Abel. "Iniciamos un curso piloto con cinco alumnos. Luego preparamos el primer curso como tal, donde comenzaron diez. De ahí se graduaron ocho". En total, la academia tiene ya una treintena de egresados.

Por su parte, Carlos Millares conocía a muchos líderes independientes que podían estar interesados en semejante proyecto. "Efectivamente, así fue", recuerda este veterano de la oposición, director de un centro de estudios de la sociedad civil. Analista político y articulista de opinión, cuenta que estudiaba sociología en la universidad cuando, en 1974, fue expulsado por "hablar lo que no tenía que hablar". Eran tiempos demasiado oscuros entonces para cualquier opinión siquiera suspicaz. Sus clases sobre liderazgo constituyen el plato fuerte de la academia.

La necesaria "sucesión de la generación anterior de opositores por los muchachos nuevos" salió a relucir cuando se buscaba una nombre para concretar la idea. Fue así como se creó la Fundación Sucesores. "El objetivo es preparar jóvenes con características para liderar la sociedad civil", señala Frank Abel García, "preparar a personas para que puedan continuar y mejorar el trabajo dentro de sus organizaciones".

¿Aceptarían incluso gente de la Unión de Jóvenes Comunistas –en el extraño caso de que alguno de ellos estuviese interesado–? "Sí. La academia no distingue inclinaciones políticas"

El profesor Millares califica el espacio como "un elemento aglutinador" de diversos grupos cuyos miembros asisten a las conferencias. "Se crea una interrelación entre los alumnos, que a su vez intercambian con líderes de prestigio". Aquí no importa de dónde provenga la matrícula, así sea del partido Cuba Independiente y Democrática (CID) o de Juventud Activa Cuba Unida (JACU).

¿Aceptarían incluso gente de la Unión de Jóvenes Comunistas –en el extraño caso de que alguno de ellos estuviese interesado–? El coordinador y vicepresidente de la Fundación responde: "Sí. La academia no distingue inclinaciones políticas. Admitimos a todo el que quiera recibir el curso porque la intención no es imponer una forma de pensar, sino brindar conocimiento para fundamentar la opinión y la labor individual".

La propuesta va ganando popularidad. En el actual semestre fueron recibidas unas veinte solicitudes, para sólo diez plazas disponibles. Carlos Millares considera mejor la atención especializada y por eso prefiere pocos alumnos; eso sí, capaces de prepararse muy bien.

Los artífices de este espacio tienen en cuenta las presiones que suele ejercer la Seguridad del Estado. Por eso la matrícula inicial puede llegar a doce, teniendo en cuenta las eventuales "pérdidas" a lo largo del semestre. "El curso pasado había un matrimonio que venía a las clases, pero trabajan en Salud Pública y fueron amenazados con que iban a quedarse sin empleo si continuaban con nosotros", cuenta el profesor de liderazgo.

También han recibido citaciones policiales y sufrido alguna que otra detención. Si bien "no nos molestan de la puerta para adentro", dice Millares, "para la oficialidad, formamos parte de esa sociedad civil que acusan de ser fabricada".

“El curso pasado había un matrimonio que venía a las clases, pero trabajan en Salud Pública y fueron amenazados con que iban a quedarse sin empleo si continuaban con nosotros”

Pese al hostigamiento, la academia ha ido consolidándose. Ya reúne experiencias y ha creado una comunidad de graduados. Además de Millares y García, la junta directiva cuenta con dos vicepresidentes: Saúl Quiala para relaciones públicas y Maikel Pardo para prensa.

Fundación Sucesores mantiene relaciones con organizaciones internacionales que apoyan el desarrollo de los cursos. Sus perspectivas futuras son expandirse hacia el interior de Cuba, y ya han comenzado a lograrlo con la incorporación de alumnos de Pinar del Río. Además, trabajan preparando una mediateca. A largo plazo, la academia aspira a convertirse en una especie de "universidad de la oposición".

La matrícula es por convocatoria. Se necesita poseer un certificado de doce grado o de técnico medio como mínimo, dado el nivel del contenido que se imparte en las conferencias. Para la evaluación final del curso se ha de elaborar un proyecto para la sociedad civil, y no se trata de un mero ejercicio académico porque, de hecho, algunas ideas desarrolladas en cursos anteriores han tenido éxito y se están aplicando.

Son cuarenta horas semestrales, que se imparten en clases de dos horas por semana, tanto en la Fundación como en las sedes de organizaciones relacionadas con ella. Además de la asignatura de liderazgo, hay conferencias sobre economía, partidos políticos, movimientos anti-segregación, nuevas tecnologías y muchas otras materias, todas tratadas por expertos invitados, entre los que figuran reconocidos opositores, desde líderes políticos hasta activistas LGBTI.

El programa se actualiza cada año. Recientemente se ha agregado el tema de las relaciones Cuba-EE UU y, para el próximo abril, se prepararán observadores de derechos humanos, en coordinación con la Comisión Cubana que dirige Elizardo Sánchez.

De vuelta al patio de la casa de Mantilla, mientras Carlos Millares ofrece su conferencia de liderazgo –el segundo encuentro del actual semestre–, Frank Abel García termina de explicar el funcionamiento de la escuela.

Al final de la conferencia, conversando con los alumnos se percibe la variedad de historias que posee cada uno de los integrantes del curso. Eliosbel Garriga, de Pinar del Río, es miembro del Movimiento Integración Racial: "Venimos en lo que se pueda", comenta sobre la difícil misión de levantarse de madrugada para viajar desde Los Palacios, donde vive, "pero quiero obtener herramientas de liderazgo".

También está Josué, un joven integrante del CID: "Tengo la intención de ser líder y mi papá me dijo que este era un buen curso". Su padre, Esteban Ajetes, se encuentra a su lado. "En nuestros movimientos hace falta preparación. Es lo primero para influir en estos tiempos de apoliticismo", reflexiona.

Otro Esteban, pero de apellido García, es periodista independiente y editor del boletín del JACU. Comenta que "en nuestras circunstancias actuales [como nación] es difícil ser líder, porque ahora mismo una figura política ejerce menos liderazgo que un deportista". Todos coinciden en que un líder nace y se hace, un poco de ambas cosas.

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