La amenaza del caracol africano resurge en la prensa oficial

'14ymedio' visita la zona en que se ha denunciado la proliferación de la peligrosa especie tres años después de destapar su presencia en Cuba

El la finca Santa Ana, del habanero municipio Arroyo Naranjo, los residentes están desesperados por encontrar una solución a la plaga de caracoles africanos. (14ymedio)
El la finca Santa Ana, del habanero municipio Arroyo Naranjo, los residentes están desesperados por encontrar una solución a la plaga de caracoles africanos. (14ymedio)

"¿Viene por el asunto de los caracoles africanos?", preguntan los vecinos del reparto de Santa Amalia a cualquier desconocido que transite por sus calles y parezca buscar algo.

La alarma ha crecido en la población tras la publicación este domingo de la carta de un lector enviada al diario Juventud Rebelde (JR), donde advierte sobre la proliferación de este molusco en la finca Santa Ana del municipio Arroyo Naranjo. Es la misma zona en la que este diario destapó hace tres años la presencia por primera vez en Cuba del peligroso animal. Los medios oficiales informaron poco después de que un ciudadano de Nigeria había introducido varios ejemplares en la Isla por motivos presuntamente religiosos.

Con el paso de los meses la plaga se ha ido extendiendo en la parte sur de la capital cubana hasta llegar a San Antonio de los Baños, Artemisa, según varios colaboradores de este diario.

Con el paso de los meses la plaga se ha ido extendiendo en la parte sur de la capital cubana hasta llegar a San Antonio de los Baños, Artemisa

Este lunes, José Antonio Cruz, autor de la misiva publicada en la sección Acuse de Recibo de JR y propietario de la finca Santa Ana conversó con 14ymedio acerca de la alarmante situación que atraviesan sus terrenos por la invasión de los caracoles que sufre su parcela, ubicada cerca de la calle Grant.

Sobre los árboles del patio de la casa de Cruz, subiendo por las cañerías o desplazándose sobre las hojas secas del patio, se ven decenas de estos animales, de concha cónica y estrecha de color marrón rojizo con algunas franjas verticales de un tono amarillo.

La Achatina fulica, nombre científico de la especie, es fundamentalmente herbívora, pero también puede alimentarse de restos de animales muertos, excrementos y hasta algunos materiales de construcción como el yeso. Su tamaño puede llegar hasta 30 centímetros y es una de las especies exóticas invasoras más dañinas del mundo.

Cruz, ingeniero en los servicios de Salud Pública y militante en el Partido Comunista, cuenta a este diario su odisea. La "desesperación, indignación e impotencia como ciudadano" lo llevaron a escribir la carta y enviarla "a todas las instancias que puedan tener en sus manos los recursos técnicos y materiales para detener esta epidemia".

Cruz lleva más de 27 años viviendo en la finca que perteneció a sus padres. "En este sitio cultivamos flores, frutas, viandas y vegetales. Tenemos que sufrir viendo como los caracoles se lo comen todo, los aguacates, las guayabas, los mangos y hasta las hojas de la malangas", cuenta a este diario.

La casa de José Antonio Cruz está en la misma zona donde ‘14ymedio’ destapó hace tres años la presencia, por primera vez en Cuba, del peligroso animal. (14ymedio)
La casa de José Antonio Cruz está en la misma zona donde ‘14ymedio’ destapó hace tres años la presencia, por primera vez en Cuba, del peligroso animal. (14ymedio)

Sin embargo, lo que más le preocupa es el inminente peligro de una extensión irreversible de la plaga por todo el país.

"Hay que buscar una solución a este problema. Alguien tiene que responder por esto", protesta. El caracol, que se sepa, "todavía no ha ocasionado ninguna muerte, pero puede ocurrir en cualquier momento", advierte.

Esta especie posee nematodos que transmiten enfermedades como la meningoencefalitis. Los niños están especialmente expuestos por su mayor tendencia a acercarse al llamativo animal e ignorar los riesgos de tocarlo.

Además de transmitir parásitos y bacterias, el enorme caracol causa daños irreparables en los ecosistemas que coloniza. Tiene además una gran capacidad de adaptación al clima y los accidentes del terreno. En Cuba no tiene depredadores naturales que puedan poner freno a sus ansias devoradoras.

Las especulaciones brotan a falta de información oficial y el miedo se propaga por desconocimiento. "Dicen que ya está en el parque metropolitano de La Habana, en Sancti Spíritus o en San Antonio de los Baños", dice el propietario de la finca.

La prensa oficial, a excepción de la carta de Cruz, no ha publicado en los últimos meses ninguna actualización sobre la situación del caracol

La prensa oficial, a excepción de la carta de Cruz, no ha publicado en los últimos meses ninguna actualización sobre la situación del caracol. Por regla general, los periódicos de tirada nacional solo confirman la presencia de una plaga o una epidemia después que los medios independientes hayan difundido la información.

Mientras llegan las orientaciones y la ayuda estatal, los habitantes de la finca Santa Ana no se han quedado de brazos cruzados. Alrededor de su casa hay un auténtico cementerio de caracoles africanos que los miembros de la familia han ido matando con sus propios recursos.

Rainold Facundo Plascencia, vecino de la zona, denuncia que es habitual que un campesino tenga una herida en sus manos, por lo que corre el riesgo de intoxicarse si pasa los dedos sobre un lugar donde el caracol ha dejado su baba.

Cruz repite que se ha quejado a la sección municipal del Partido, Salud Pública, Sanidad Vegetal, Epidemiología y al Ministerio de la Agricultura. "Cuando vi que había tanta indolencia me decidí a escribir al periódico", explica.

La solución alternativa que han encontrado para liquidar estos moluscos hermafroditas, capaces de poner hasta 1.200 huevos en un año, es rociarlos con sal común, pero no puede aplicarse de manera intensiva

La solución alternativa que han encontrado para liquidar estos moluscos hermafroditas, capaces de poner hasta 1.200 huevos en un año, es rociarlos con sal común, pero no puede aplicarse de manera intensiva porque se corre el riesgo de salinizar los suelos.

Por otra parte, la sal es un producto de la canasta racionada y sufre frecuentes ciclos de desabastecimiento. "Encontrar una libra de sal a veces es más difícil que pasarse un día cayéndole a zapatazos a esos caracoles", añade una vecina de la calle Grant.

José Antonio Cruz considera que las instituciones del Estado deben involucrarse en el problema. "No es posible para una persona, ni para un reducido grupo de campesinos erradicar esta plaga. Habría que fumigar los terrenos o aplicar una variante radical que no está en nuestras manos".

Varios de los afectados insisten en que no quieren "convertir este asunto en un problema político", ya que cuando se señalan estas irregularidades siempre se corre el riesgo de ser malinterpretado.

Cruz comparte esta preocupación, pero agrega que no se puede tener miedo a decir la verdad. Mientras habla mantiene el ceño fruncido y la mirada puesta en un caracol que trepa por el tronco de un árbol cercano. "Un hombre que no dice lo que piensa no es un hombre honrado", parafrasea a Martí.

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