Xi Jinping y el Gran Cortafuegos

La Gran Muralla china como símbolo del Gran Cortafuegos. (Ryan M Mclaughlin)
La Gran Muralla china como símbolo del Gran Cortafuegos. (Ryan M Mclaughlin)

El mismo día que China y Cuba rubricaban cooperar en el ciberespacio, en La Habana era un dolor de cabeza conectarse a Internet. La mayoría de los hoteles que ofrecen ese servicio habían amanecido sin tarjetas de acceso para vender a los clientes. Nada sorprendente en el país de Latinoamérica con menor conectividad a la red de redes.

Esa tarde, y en el marco de la visita de Xi Jinping a la Isla, quedaron suscritos 29 documentos, de los cuales el primero se enfocaba en la "cooperación en el ciberespacio". Rubricaron el acuerdo el ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, y Lu Wei, director de la Oficina Estatal de Ciberseguridad e información. Llama la atención que no haya sido el ministro de Informática y Comunicaciones quien refrendara el texto por la parte cubana. La elección del canciller en su lugar resalta la importancia estratégica que el Gobierno de Raúl Castro le da al control de Internet.

China tiene mucho que enseñar a Cuba sobre la vigilancia y el filtrado de la web. En 1998, las autoridades del país asiático pusieron en marcha el llamado Proyecto Escudo Dorado, más conocido mundialmente como el Gran Cortafuegos. Entre sus objetivos principales está el bloqueo de contenidos, sitios digitales y redes sociales. Se calcula que alrededor de 30.000 personas están empleadas en esas labores de censura a páginas que incluyan noticias incómodas para el Gobierno de Pekín. Las escenas de brutalidad policial, los sucesos de la Plaza de Tiananmen (1989) y las referencias al Dalai Lama son algunos de los temas filtrados para los usuarios chinos.

Un modelo similar, aunque a menor escala, han seguido las autoridades cubanas. Se ha extendido como práctica la censura a sitios críticos o de noticias, como es el caso de Cubanet, Martinoticias, Cubaencuentro y 14ymedio, entre otros muchos. Una estrategia paralela ha sido la creación de redes sociales locales para desestimular a los más jóvenes en el uso de Facebook, Twitter o Google Plus. Hasta un sucedáneo de Wikipedia –llamado Ecured- fue creado para imponer la versión oficial de los hechos y de la historia.

En China, 30.000 personas están empleadas en las labores de censura a páginas que incluyan noticias incómodas para el Gobierno

Muy probablemente el Gobierno cubano esté planificando una apertura a Internet para el mercado nacional a corto plazo. Tres años después de que finalizara la instalación del cable de fibra óptica entre Venezuela y Cuba, ya van quedando menos argumentos para no permitir las conexiones domésticas o el acceso a datos desde los teléfonos móviles. En febrero pasado se dio un tímido paso en esa dirección al permitir el correo electrónico en los celulares a través del servicio Nauta. Sin embargo, la inestabilidad y los altos precios han creado más críticas que elogios acerca de la nueva funcionalidad.

En estos momentos se evalúa en las "altas instancias" el costo-beneficio de permitir el acceso masivo a la gran telaraña mundial. Abrir puede ofrecerles una tajada suculenta desde el punto de vista económico en un mercado cautivo donde los precios de conexión serán altos y en moneda convertible. Muy probablemente se establecerá la posibilidad de recargar las cuentas de Internet desde el extranjero para atraer a la Isla divisas frescas y constantes.

El acuerdo para la cooperación en el ciberespacio se orientará a permitir una apertura a una internet que no será Internet

Sin embargo, el costo político será alto y es allí donde China echará una mano. Si ahora mismo todo el monopolio informativo estatal se ve afectado por la existencia de los alternativos combos o paquetes de audiovisuales, ¿qué pasará cuando la gente pueda quedarse pegada a Internet y no mirar siquiera los medios oficiales? ¿Cuántos van a leer el Granma si pueden acceder a El País, El Nuevo Herald o Diario de Cuba? Además, la red funciona como espacio de confluencia y convocatoria. Eso bien que lo saben quienes siguieron de cerca el fenómeno de la Primavera Árabe.

El acuerdo para la cooperación entre Cuba y China en el ciberespacio se orientará a permitir una apertura a una internet que no será Internet. Podría incluir capacitación a nuevos ciberpolicías, entrenamiento para difundir más eficazmente "la verdad de la Revolución", técnicas de bloqueo y la extensión de redes sociales que buscan controlar a los usuarios más que permitirles un entorno de libre intercambio. El Gran Cortafuegos está a punto de clonarse alrededor nuestro. ¿Lograrán hacerlo?

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