Los damnificados del litoral habanero aguardan por una ayuda que no llega

Un grupo de vecinos saca sus pertenencias al sol tras el paso de la tormenta. (14ymedio)
Un grupo de vecinos saca sus pertenencias al sol tras el paso de la tormenta. (14ymedio)

Un embotellamiento de película colapsa por estos días la calle San Lázaro en La Habana debido al cierre del Malecón, tras los destrozos dejados por el huracán Irma. La vida de los vecinos de este litoral también está atascada, a la espera de una ayuda humanitaria que no acaba de llegar.

La barriada de San Leopoldo y las zonas desde el Parque Maceo hasta la desembocadura del río Almendares son las áreas más afectadas. A dos semanas del paso de Irma todavía los vecinos intentan recuperar los muebles y pertenencias que el mar dañó a su paso.

En las aceras se eternizan los colchones, algunos sofás y butacas que muestran las marcas del agua y despiden un tufo en el que se mezclan la humedad y el salitre. Los más afectados se aferran a rescatar todo lo que pueden, pues temen que las ayudas demoren o lleguen a cuentagotas.

“El único televisor que quedó sano en este solar es el de nosotros”, cuenta Georgina, residente en la calle Perseverancia. Cada noche, en el horario del noticiero estelar, se reúnen decenas de vecinos alrededor de la pantalla. “La gente viene a enterarse si ya van a empezar a repartir las cosas”.

Los reportes en los medios oficiales muestran la llegada al país de numerosas donaciones provenientes de Panamá, Venezuela, China, Bolivia, Colombia, Surinam o Japón. Sin embargo, “a este barrio no ha llegado ni una cucharada de arroz”, lamenta Georgina.

A pocos metros de la calle Belascoaín, un kiosco instalado por el Estado para la venta de comida preparada solo oferta una caldosa aguada que pocos se dignan a comprar. (14ymedio)
A pocos metros de la calle Belascoaín, un kiosco instalado por el Estado para la venta de comida preparada solo oferta una caldosa aguada que pocos se dignan a comprar. (14ymedio)

La expectación creció entre los más afectados al enterarse del arribo de un buque de la armada de República Dominicana el pasado lunes con 90 toneladas de materiales de construcción como madera, puertas, carpintería de aluminio, clavos, cubiertas de metal, alambre, además de colchones y plantas eléctricas portátiles.

“La gente creyó que iban a empezar a distribuir de inmediato todo eso”, explica un joven a 14ymedio mientras ayuda a su padre a mover unos sacos de cemento para levantar un muro y una escalera de más de un metro a la entrada de su vivienda ubicada frente al mar. “Teníamos uno pero se quedó corto”, explica.

El Gobierno destinó parte del presupuesto nacional a financiar el 50% del precio de los materiales de construcción que se venderán a los damnificados con afectaciones totales o parciales en sus inmuebles.

Aunque en su vivienda Irma dañó seriamente la instalación eléctrica, despegó parte de los azulejos de la cocina, removió la taza de baño y contaminó la cisterna, el joven habanero considera que “lo más urgente es la comida porque que no hay”.

En las aceras se eternizan los colchones, algunos sofás y butacas que muestran las marcas del agua y despiden un tufo en el que se mezclan la humedad y el salitre. (14ymedio)
En las aceras se eternizan los colchones, algunos sofás y butacas que muestran las marcas del agua y despiden un tufo en el que se mezclan la humedad y el salitre. (14ymedio)

A pocos metros de la calle Belascoaín, un kiosco instalado por el Estado para la venta de comida preparada solo oferta una caldosa aguada que pocos se dignan a comprar. Hasta el momento no se han distribuidos raciones gratuitas en el área y el agua potable también está a la venta en envases de varios formatos.

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) ha destinado 1.606 toneladas de comestibles y 5,7 millones de dólares para cubrir durante cuatro meses las necesidades alimentarias de 664.000 personas en las zonas afectadas, pero a Centro Habana todavía no ha llegado una sola ración.

Una resolución aprobada este martes asegura que la entrega de “productos recibidos como donación (interna o externa)” se hará “sin costo alguno”. Sin embargo, junto a la gratuidad, los damnificados reclaman también más celeridad en la distribución y mayores controles para evitar el desvío de recursos.

“La comida es lo principal porque mucha gente se quedó hasta sin dinero”, explica Heriberto, jubilado y residente en un segundo piso de la calle San Lázaro. “No tuve afectaciones directas en mi apartamento pero tengo el refrigerador pelado, sin nada que llevarme a la boca”.

Cerca de allí, la amplia portada de la iglesia La Inmaculada acaba de ser arreglada después de que las inundaciones la arrastraran con bisagras y todo. Por una entrada lateral se entregan y recogen desde hace días ayuda humanitaria para los vecinos más afectados. Las donaciones llegan en pocas cantidades pero alivian algo.

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