¿En el banco o debajo del colchón? Dónde guardan los cubanos el dinero

Un hombre intenta sacar dinero este jueves en un cajero automático a las afueras de un Banco Metropolitano en La Habana. (14ymedio)
Un hombre intenta sacar dinero en un cajero automático a las afueras de un Banco Metropolitano en La Habana. (14ymedio)

Encontrar una botija con monedas que su padre escondió en el patio ocupó parte de la juventud de Eneida, una jubilada que hoy dice estar financieramente "escachada y sin un peso en el banco". De su familia heredó una vieja casona en el centro de la ciudad de Santa Clara y la convicción de no poner sus ahorros en manos del Estado.

Cada mes, la pensionada va hasta el cajero automático más cercano, saca el monto de su jubilación, equivalente a unos 12 dólares, y lo guarda dentro de una vieja lata de café. "Prefiero tenerlo cerquita porque en la mayoría de las tiendas hay problemas para pagar con tarjeta magnética".

La santaclareña también recela de las autoridades ya que, en su opinión, "nunca se sabe cuándo van a confiscar algo".

Eneida tiene malos recuerdos. Su padre fue dueño de una bodega nacionalizada durante la Ofensiva Revolucionaria de 1968 y, con anterioridad, el pequeño empresario había perdido parte de sus ahorros con el canje de papel moneda decretado por el Gobierno en 1961. "Guardó en la casa lo poco que no le pudieron quitar", recuerda su hija.

En La Habana, el Banco Metropolitano busca a toda costa atraer más clientes, pero a la desconfianza se le une el deficiente servicio de sus sucursales

Desde entonces ha pasado más de medio siglo, pero muchos ciudadanos siguen desconfiando de poner su dinero en las instituciones manejadas por el Gobierno.

El sistema bancario está conformado por nueve bancos, 14 instituciones financieras no bancarias nacionales, nueve oficinas de representación de instituciones financieras extranjeras y una en trámite de registro. Para Eneida todas estas entidades son "el mismo perro pero con diferente collar".

En La Habana, el Banco Metropolitano busca a toda costa atraer más clientes, pero a la desconfianza se le une el deficiente servicio de sus sucursales. Las largas colas a las afueras de las oficinas y los poco incentivos económicos de guardar el dinero en sus cajas fuertes desestimulan a los ahorristas.

Las tasas de interés aprobadas por el Banco Central determinan que un depósito a plazo fijo de 72 meses, acumula un 7% de su monto. Sin embargo, la dualidad monetaria convierte esa cifra en ridícula.

"Ahorré la tercera parte de mi salario durante cinco años para pagarle la fiesta de quince años a mi hija", cuenta Teobaldo, un tunero de 47 años que se dedica a acarrear mercancía desde mercados privados hacia paladares y cafeterías. "Lo puse en el banco y no tuve ningún problema, pero tenía la ilusión de que el dinero iba a crecer más".

Teobaldo llegó a tener el equivalente de 1.800 CUC con los que costeó la bebida y la comida de la fiesta, así como el cake y los automóviles para hacer un recorrido por la ciudad y las fotos de la homenajeada. "Tuve que pedirle a mi hermano que me mandara más dinero desde Estados Unidos para la ropa, las flores y la contratación de músicos", agrega.

A los jóvenes no es la desconfianza lo que los guía a no tener cuentas bancarias, sino la precariedad económica del día a día

Nada más llegar la fecha del cumpleaños de su hija, el pequeño emprendedor sacó todos su ahorros del banco. "No quería que se fueran a destapar las alarmas", explica a 14ymedio. En 1993 el Gobierno lanzó una ofensiva conocida como la Operación Maceta dirigida a confiscar productos y encarcelar a quienes poseyeran "dinero ilícito".

La cruzada se convirtió en una cacería contra los nuevos ricos. "Si tenías una casa bonita, un aire acondicionado y una fachada bien pintada, te caían arriba", cuenta Teobaldo. En la operación fueron procesados sus dos hermanos por "enriquecimiento ilícito". Uno de ellos criaba cerdos y el otro vendía joyas de oro. Después de varios años encarcelados terminaron emigrando.

Los más jóvenes lo ven de otra manera. No es la desconfianza lo que los guía a no tener cuentas bancarias, sino la precariedad económica del día a día. "¿Guardar dinero?", se cuestiona con incredulidad un joven estudiante de la Universidad de Ciencias Pedagógicas que fuera del horario escolar trabaja como mensajero para distribuir el paquete semanal.

"Eso de tener ahorros es cosa de ricos", opina. La mayoría de sus amigos viven de lo que les dan los padres o se ganan el sustento diario, "pero para ahorrar no alcanza", asegura.

Imprimir

  • Facebook Like:
  • Google Plus One:
  • Tweet:
  • Tumblr:
  • Compartir:

Comentarios 32