A sus 72 años, Primo desmocha palmas reales

El desmochador Primo Cajales. (Héctor Darío Reyes)
El desmochador Primo Cajales. (Héctor Darío Reyes)

Primo Cajales vive en Cuatro Vientos, en el Escambray cienfueguero. A sus 72 años sobrevive con una mísera jubilación y caza ilegalmente jutías que vende a "gente legal" por 14 pesos cada una. A pesar de los años y los achaques, aún sube a las palmas reales a tumbar palmiche, el fruto que antes muchos campesinos daban de comer a los cerdos.

El oficio de desmochador está en vía de extinción. "Aquí la gente no quiere aprender porque se busca lo suyo en otras cosas. Lo del palmiche no da tanto, pero me sirve pa' coger los mandaos y comprar cigarros", explica Primo con el rostro surcado de arrugas por el sol y las horas a la intemperie.

Habilidoso y audaz, el hombre sube a la palma a una velocidad sorprendente. Alcanza los racimos de palmiche y de su espalda cuelga la veta –una soga– por donde desliza hacia el suelo los racimos ya cortados. Un espectáculo de altura, sin público, aplausos, ni prima por riesgos.

En Cuatro Vientos, algunos lo miran como si fuera un loco, pero Primo tiene la conciencia limpia. Asegura que no le debe nada a nadie y que, en fin de cuentas, nadie le ha "invitado a comer", ni siquiera le ha regalado "una malanga o un aguacate". Son los mismos vecinos que le compran sus jutías y su palmiche.

Hay que ir a la profundidad de la serranía para ver actuar a este guajiro de sonrisa franca y manos nudosas. Es de los últimos de su especie en los campos cubanos, donde los más jóvenes cada vez se encaminan hacia profesiones no relacionadas con la agricultura o simplemente emigran hacia las ciudades.

Algunos desmochadores creen que habría que reducir a cero los gastos de la licencia, debido al alto riesgo de la labor y la poca venta del producto

En la Oficina Nacional de Administración Tributaria (ONAT) en Villa Clara, se encuentran registrados unos pocos individuos que se dedican a esta peligrosa actividad. Abonan mensualmente 20 pesos cubanos por mantener la licencia para el ejercicio del trabajo por cuenta propia, más los gastos de seguridad social.

Algunos desmochadores no están conformes con tener que pagar por una patente. Aseguran que el alto riesgo de la labor y la poca venta que tiene el producto deberían ser motivos para reducir a cero los gastos de la licencia. Otros, sin embargo, ven como principal problema la falta de insumos para realizar el trabajo.

El cantautor Silvio Rodríguez escribe en su blog sobre un desmochador muy viejo que no se quejaba de su suerte, pero lamentaba que "ya no hay cuerdas como las de antes, más gruesas y mejor construidas, que facilitan el ascenso y la seguridad".

El problema principal, según Primo Cajales, es que ya nadie, o casi, compra el palmiche. "La gente consigue pienso y con eso ceban sus cochinos", detalla antes de internarse en lo profundo de la sierra.

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