El diseño: nuevo espacio, viejos métodos

Nueva sede de la Oficina Nacional de Diseño
Nueva sede de la Oficina Nacional de Diseño

La nave de una antigua fábrica de zapatos, tan feos como efímeros, será la próxima sede de la Oficina Nacional de Diseño (ONDi). La entidad que regula el trabajo de estos profesionales inaugurará sus oficinas en un local que estuvo en desuso por años en el barrio de Nuevo Vedado. La nueva locación cumple con un reclamo que se había convertido en urgencia, dado el mal estado de la casona de Miramar donde radicaba con anterioridad la ONDi.

El traslado se une a una nueva tendencia de aprovechar lugares abandonados para el arte y la creación, especialmente naves industriales. Hace apenas un año el músico X Alfonso rehabilitó un viejo local de la industria de aceite El Cocinero para convertirlo en la popular Fábrica de Arte Cubano (FAC). Tras la saga de ese éxito, han aparecido otros creadores en busca de su Rote Fabrik, y la ONDi se suma a ellos, justo en un momento en que muchos de sus miembros se cuestionan la propia existencia de este organismo estatal.

“La pregunta no es dónde radica, sino a qué se dedica”, refiere un graduado de la especialidad de diseño industrial que prefirió el anonimato y quien asegura que la Oficina, “en lugar de agilizar y ayudar a los profesionales del diseño, se ocupa de controlarlos”. La adquisición de cientos de metros cuadrados adicionales en el nuevo local no podrá resolver la crisis que enfrenta la máxima instancia de los diseñadores cubanos.

Fundada en 1980, la ONDi fue pensada inicialmente como una oficina de representación y salvaguarda de los profesionales del gremio. Sin embargo, actualmente la percepción que tienen la mayoría de los diseñadores es que funciona más como un aparato de supervisión y vigilancia por parte del Estado hacia este grupo de creadores. Una buena parte de sus miembros, la señala como una camisa de fuerza y no como un espacio para potenciar la creatividad y el talento.

"La ONDi funciona como un aparato de supervisión y vigilancia por parte del Estado hacia este grupo de creadores"

En sus objetivos fundacionales, la Oficina exhibe el de “concentrar a los diseñadores y potenciar sus creaciones”. No obstante, en recientes palabras de la máster en diseño y vice jefa de la ONDi, Carmen Gómez Pozo, a un medio oficial afloraron otras intenciones. “ Se busca que exista un diseño que esté totalmente pensado en responder a la situación económica que tenemos”, explicó la profesional. Ese estrecho marco para concebir el diseño ha entrado también en confrontación con los intereses de los graduados en la especialidad.

“La ONDi ha llegado tarde a todos nuestros reclamos”, asegura Luis, un diseñador de interiores que vive entre La Habana y Quito. Según refiere, los reclamos iban encaminados a que la Oficina los ayudara en un punto medular de su trabajo, “cobrar los cheques que nos pagan las empresas por los diseños que hacemos”. Sin embargo, la ONDi se mostró lenta en la realización de esa tarea y puso trabas a quienes no se habían especializado en diseño informacional.

Los entuertos burocráticos de la Oficina han lastrado por años el desarrollo de unos profesionales, altamente demandados en sectores como el turismo, la moda y la decoración de espacios funcionales. Afortunadamente, los diseñadores no se conformaron con la lentitud de la ONDi y encontraron un mecanismo a través de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) para acelerar el proceso de cobro de sus labores.

Imposibilitados de cobrar en efectivo por sus trabajos para entidades estatales u hoteles de gestión mixta, los diseñadores dependen de cheques que deben cobrar a través de la Asociación de Publicistas o la propia UNEAC. Durante décadas la ONDi se negó a facilitarles esa tarea. “El resultado fue que cada uno se buscó su propio camino y muchos nos lanzamos a trabajar por la izquierda”, asegura Luis, quien durante los años noventa montó un gabinete de diseño en la sala de su propia casa.

El gremio también ha sufrido la constante emigración de sus profesionales, que encuentran plazas de trabajo mejor remuneradas en otras latitudes. “Vivo desde hace más de una década en Ecuador y ahí he podido realizarme mejor desde el punto de vista profesional y salarial”, afirma Luis. Su fuerte es el diseño informacional, pero también ha trabajado la decoración de interiores. “Ahora vengo de vez en cuando a Cuba y hago alguna pinchita para un restaurante privado o los nuevos clubes que están apareciendo”, asegura. En la actualidad no mantiene contacto con la ONDi.

“Ahora, cuando estamos ganando buen dinero, la ONDi ha creado el Registro Nacional de Diseño para volver a beneficiarse de lo que hacemos”

“Ahora, cuando estamos ganando buen dinero, entonces la ONDi se da cuenta que debe rentabilizar nuestro trabajo y ha creado el Registro Nacional de Diseño para volver a beneficiarse de lo que hacemos”, se queja un diseñador de vestuario. A través de la r esolución 202 del 15 de julio de 2013, publicada en la Gaceta Oficial, se creó este registro para aglutinar a los profesionales del ramo y evitar que “los advenedizos” realicen labores de diseño en entidades estatales. Un fenómeno que se ha extendido ante la demanda de los nuevos locales privados para la gastronomía y la necesidad de muchos lugares por cuenta propia de tener su propia identidad gráfica.

La creación de esta base de datos con la lista de todos los diseñadores del país aún no ha dado los resultados esperados, en parte por la desconfianza que la ONDi despierta entre estos profesionales. Ni siquiera el último año, donde la entidad ha llevado a cabo una campaña nacional para fomentar “el buen diseño”, ha logrado eliminar las suspicacias.

El tema ha ganado protagonismo incluso en la televisión nacional, con la aparición del espacio “De diseño”, pero aún no satisface las urgencias sin solucionar que padece el sector. Entre las que se encuentra el extendido irrespeto a la estética y al buen gusto que muestran la mayoría de las instituciones oficiales. La ausencia de una educación estética desde la infancia es también un reclamo de estos profesionales.

A punto de inaugurar su nueva sede, la ONDi se encuentra ante retos más importantes que el de habilitar el espacioso local. Tiene ante sí la posibilidad de relanzarse como institución y representar las demandas de los profesionales del gremio, además de facilitarles su desarrollo laboral y económico. De no sumarse a esa tendencia, la Oficina sólo será una entidad estatal más, con un renovado local y un llamativo cartel a las afueras.


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