Un faquir “sin plata pero sin rival”

Artistas Enramadas
Juan Antonio Vargas Lefebre se instala en la calle Enramadas, en Santiago de Cuba, y exhibe sus habilidades circenses para que le dejen algunas propinas. (14ymedio)

Juan Antonio Vargas Lefebre arranca exclamaciones de sorpresa entre los habitantes y visitantes de Santiago de Cuba. Residente en el reparto Chicharrones y con 72 años, el conocido faquir se instala con las primeras horas del día en la calle Enramadas y exhibe sus habilidades circenses para que le dejen algunas propinas y muchos elogios.

Clavos, varillas de bicicletas, lápices y bolígrafos, son algunos de los objetos que Vargas Lefebre se introduce por el orificio derecho de su nariz. "El defecto de fábrica está aquí", dice con picardía ante quienes indagan por su inusual capacidad física.

"Llueve, truene o relampaguee cada día viene con algo nuevo", comenta una empleada de la tienda La California, que dada su cercanía es espectadora frecuente de las hazañas del más conocido faquir local. "A veces me pone nerviosa porque se mete en la nariz clavos bastante largos", asegura

Vargas Lefebre no parece inmutarse y se ufana de haber recorrido "toda Cuba" y de cada año presentar su número callejero en la Feria de Rancho Boyeros, en La Habana

Sin embargo, Vargas Lefebre no parece inmutarse y se ufana de haber recorrido "toda Cuba" y de cada año presentar su número callejero en la Feria de Rancho Boyeros, en La Habana. "Vivo de las propinas que me dan, pero mi sueño es que alguien se fije en este viejo y me ayude a ser un verdadero artista circense", remata.

José Antonio Vargas dice tener "una salud de hierro", no bebe ni fuma y asegura que sus mejores números artísticos son "con sables afilados", pero no puede hacerlos en la calle por expresa prohibición de la policía. "Son considerados armas blancas, pero busco un lugar apartado y los hago", confiesa.

El faquir se considera el único "famoso" de toda Cuba y reconoce que está "sin plata, pero sin rival". También baila, canta y tararea notas musicales mientras clavetea con un martillo sobre su nariz como si fuese un pedazo de madera. Los turistas que pasan le dejan algunas monedas, que son su principal sustento.

"No vayas a repetir esto en tu casa", le aconseja a un niño que lo observa mientras se mete la pata de un espejuelo por su infinita fosa nasal.

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