Entre la incredulidad y la especulación

La Esquina Caliente en el Parque Central. (14ymedio)
La Esquina Caliente en el Parque Central. (14ymedio)

Casi no se habló de béisbol esta mañana en la peña deportiva del Parque Central. Como todos los días, acudieron al lugar los vecinos habituales y la gente de paso que terminan discutiendo acaloradamente, o bien solo escuchan los pedazos de información que trae cada quien. Pero no asomaron entre ellos las apuestas por algún equipo o los comentarios sobre tal o cual jugador. El tema, en cambio, fue la normalización de las relaciones entre Cuba y EE UU.

En la mesa del desayuno, en las cafeterías, en los estanquillos y en las calles de toda Cuba quizá, ése es el hilo de la conversación. Y donde haya tres o cuatro personas reunidas es inevitable que se practique una radiografía para cada detalle de las declaraciones oficiales y se intente colar la inesperada lluvia de información que nos empapó ayer. " Mi'jo, ¡es que son más de cincuenta años sin relaciones diplomáticas!", comenta un asiduo veterano de la peña acerca de la importancia del momento.

Por esta zona, donde termina la ciudad vieja y comienza la nueva, hay mucho movimiento. Pasan las rutas más importantes de ómnibus y varias líneas de boteros comienzan o terminan aquí. De estos últimos, un chófer confiesa que "las noticias han sido tomadas con alegría. Yo creo que la gente está contenta en general".

Un joven que maneja un bicitaxi y hace piquera en la esquina de Prado y Neptuno piensa algo muy similar. Pero al igual que el conductor del Chevrolet 54' que brindó su opinión, prefiere no dar su nombre ni mucho menos permite una fotografía.

Aparte de la sensación de que algo grande se ha puesto en marcha –en un país donde se respira inmovilismo– y la alegría de recibir noticias verdaderamente nuevas, la incredulidad es denominador común. En una esquina de la calle Neptuno, unas cinco personas comentaban entre ellas: "No va a pasar nada, si nosotros mismos somos los que nos tenemos así". La frase evidencia una opinión extendida de que las dificultades en Cuba no son precisamente debido a las malas relaciones con el poderoso vecino del norte.

“No va a pasar nada, si nosotros mismos somos los que nos tenemos así”, comenta un vecino

Algunos no son tan categóricos. Una mujer –también reacia a dar su nombre– sentada en el parque de San Rafael y Galeano conversa un poco más. Ella no piensa que las noticias recientes sean importantes. "Creo en lo que veo y todavía no hay resultados. La gente habla mucho sin saber. No depende de nosotros que quiten el bloqueo", dice, refiriéndose al camino que puedan ir tomando los acontecimientos futuros. En la Habana Vieja, un vendedor de frutas que comienza su jornada no sabe "ni qué pensar" del asunto. "Todavía falta que se sienten a conversar de verdad. Dios quiera y permita que [ambos Gobiernos] se pongan de acuerdo", concluye.

De vuelta al Parque Central, ya a media mañana las conversaciones han subido de tono y lo que más abunda son las especulaciones, que pasan por un tamiz picaresco. Los rumores se ceban y comienzan los comentarios atrevidos. Entre risas, se dejan caer frases como "elecciones democráticas" al tiempo que algunos señalan hacia el Capitolio, el futuro "parlamento" cubano.

Solo hay un problema, un evidente e incómodo paréntesis que surge cuando los participantes del foro improvisado se dan cuenta que acabo de hacerles unas instantáneas. Al punto de que uno de ellos se me acerca y, preocupado, pregunta si trabajo como periodista. Mi respuesta lo espanta de allí. Es evidente entonces que, más allá de los discursos y los tratados, el miedo es una de las tantas cosas por cambiar en Cuba. Pero como dijeron tantos entrevistados entre la incredulidad y la especulación: "Esto ya es un principio, ya es un principio".

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