El juicio contra el 'guajiro Ginarte' comienza en La Habana

Miguel Ginarte (Fuente: Blog Yusnaby)
Miguel Ginarte. (Blog Yusnaby)

Desde ayer jueves a las 9.45 de la mañana, la sala de delitos especiales del Tribunal Municipal de 10 de Octubre se ha convertido en una suerte de plató televisivo, donde domina la figura patriarcal de Miguel Ginarte, rodeado de los que han sido parte de su vida profesional durante décadas: los artistas y los uniformados de alto rango. A sus 75 años, el dueño de la finca que abastecía con animales y una gran variedad de enseres a todas las producciones cinematográficas y televisivas del país, enfrenta cargos de corrupción, desvío de recursos y falsificación de nóminas.

En el primer día del juicio, conocido como la causa 103/2014, Ginarte y otros cinco acusados asistieron a la presentación de los testigos de la defensa y de la fiscalía. La sesión de este viernes, a partir de las 9 de la mañana, estará dedicada a la exhibición de las pruebas periciales y documentales.

En la sala, tres cámaras filman este acontecimiento inusual, donde se mezclan estrellas de la televisión y oficiales del Ministerio del Interior, sobre todo mayores y tenientes coroneles. Cinco jueces, una fiscal y dos abogados de la defensa protagonizan un juicio que a todas luces trasciende los gruesos legajos y la aburrida letanía de artículos, incisos y capítulos del Código Penal.

Esta historia comenzó el 8 de octubre del 2013 cuando, de manera sorpresiva, un grupo de inspectores empezó a hurgar en los libros de una instancia del Instituto de Radio y Televisión dependiente del aparato de producción de programas. La dependencia investigada era una finca en las afueras de La Habana desde donde salían plantas y animales, y donde practicaban equitación y esgrima los actores de aventuras.

Amigo de sus amigos, Ginarte invitaba a su finca a cuanto general, ministro o comandante de la revolución se le antojara

En ese lugar, sin inventarios ni control, había de todo, desde cascos alemanes de la segunda Guerra Mundial, caballos, vacas y hasta una pantera. La joya de la corona era el poni que Fidel Castro había regalado al niño Elián González, y todo ese arsenal era controlado de manera personalísima por un solo individuo que, dotado de un poder extraordinario, podía conseguir, con un chasquido de los dedos, cualquier cosa: dos cucarachas, un caballo negro con las cuatro patas blancas y un lucero en la frente o un extraterrestre. Ese hombre se llama Miguel Ginarte y durante muchos años fue el As de Oro de la producción de programas del ICRT.

Amigo de sus amigos, Ginarte invitaba a su finca a cuanto general, ministro o comandante de la revolución se le antojara. Su vecino, Juan Almeida Bosque, de vez en cuando le pedía unos caballos para dar un paseo por su hacienda. Ramiro Valdés, el general Ochoa, Guillermo García y otros de mayor o menor renombre eran habituales de ese espacio paradisiaco que logró crear en su finca el guajiro Ginarte, como se le llama cariñosamente a este antiguo miembro del Éjercito Rebelde y veterano de la guerra de Etiopía.

Ahora casi ninguno de los uniformados se acuerda de él, a diferencia de aquellos jóvenes con problemas de conducta que él ayudaba a encaminar y que le mereció, antes de su caída, un amplio reportaje en el periódico Juventud Rebelde, donde se le presentaba como una especie de maestro de ovejas descarriadas. Otros que le siguen fieles son los artistas que, en un inusual acto de civismo, firmaron una carta de apoyo para defenderlo de las acusaciones recibidas.

Todo el mundo creía que el asunto quedaría en el limbo, pero en junio de este año Ginarte fue avisado de que debía pagar 2.000 pesos (CUP) de fianza y que sería llevado a juicio. Ayer se supo que la fiscal está apurada por resolver el caso, pues tiene otros asuntos pendientes. Se rumorea que pedirá cinco años de prisión para el acusado, que probablemente los cumpla sin internamiento por cuestión de edad. Sin embargo, difícilmente podrá librarse de la confiscación de sus preciados bienes.

¿A quién o a qué se está sometiendo a juicio en esta sala? ¿A un caso particular y extraordinario o a un estilo de trabajo de los viejos tiempos? Con seguridad las filmaciones del caso pronto se filtrarán en el paquete como escarmiento de lo que no se debe hacer en los nuevos tiempos.

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