Las tantas listas que no dependen de Obama

Raúl Castro junto a Barack Obama en conferencia de prensa durante Cumbre de las Américas
Raúl Castro junto a Barack Obama en conferencia de prensa durante Cumbre de las Américas.

Hace unos días a un comentarista de la televisión nacional le parecía "llamativo" el hecho de que fuera la republicana Ileana Ros-Lehtinen quien, en nombre de su partido, declarara que no habría oposición en el Congreso estadounidense para que Cuba fuera retirada de la lista de países que apoyan el terrorismo.

Esta vez no le endilgaron a la congresista cubano-americana el apelativo de "loba feroz" con el que fue bautizada por los medios oficiales en los días de la campaña por el regreso a la Isla del balserito Elián González. Si todo se mantiene según lo previsto, el próximo 30 de mayo, transcurridos los 45 días reglamentarios que tiene el Congreso de esa nación para ratificar la recomendación presidencial, el nombre de Cuba será borrado de la lista.

Según explicó el vicepresidente cubano, Miguel Díaz-Canel, en una entrevista realizada el pasado 19 de abril, la trascendencia de no aparecer en esa lista radicará en que, a partir de entonces, el país podrá recibir créditos bancarios y realizar otras operaciones financieras que hasta hoy le están prohibidas.

Sin embargo, ¿terminarán allí los problemas comerciales que lastran nuestras importaciones y el intercambio con el resto del mundo?

El proceso de salida de Cuba de esa lista no la incluirá automáticamente entre los países que son tenidos en cuenta para negociar, invertir, colaborar y recibir créditos. Tampoco significará entrar de inmediato a engrosar las filas de las naciones atractivas para inversionistas y entidades financieras internacionales, pues hay otros inventarios negativos en los que la Isla aparece inscrita y de los cuales será muy difícil borrarla en el corto y mediano plazo.

En el repertorio de naciones que representan un alto riesgo para los inversionistas, Cuba ocupa un lugar tristemente destacado. Se ubica junto a los países menos recomendables para hacer negocios, y entrar o salir de esa nómina no depende de la voluntad de Obama, sino de cumplir determinados requisitos impuestos por las agencias cuyos informes son universalmente aceptados.

En el repertorio de naciones que representan un alto riesgo para los inversionistas, Cuba ocupa un lugar tristemente destacado

Por otro lado, en la relación de países mala paga, Cuba también tiene un sitial notorio que ha cosechado a través de décadas de incumplimiento de sus compromisos financieros y de deudas elevadas con países del Club de París, entre tantos otros. A finales de los años 80, el Gobierno cubano lideró el movimiento latinoamericano para no pagar la deuda externa, lo cual le ganó prestigio entre la izquierda mundial, pero le granjeó una reputación muy negativa entre quienes invierten o prestan su dinero.

La mala fama de Cuba en cuanto al respeto a la propiedad privada también la inscribe en ciertos registros que asustan a los empresarios y alejan a las firmas extranjeras. Esto se debe especialmente a un discurso oficial que, durante más de medio siglo, ha mostrado desprecio hacia la propiedad privada sobre los medios de producción.

Las confiscaciones masivas de empresas, medios de prensa, centrales azucareros y locales de servicios están aún muy frescas en la afinada memoria de los hombres de negocios, que no quieren arriesgarse a perder sus bienes, como ocurrió con la Ofensiva Revolucionaria de1968.

¿Cómo escaparnos además de esa lista de países que no permiten los sindicatos independientes, la libertad de asociación y la libertad de expresión? ¿Es posible salir por arte de magia, sin una verdadera reforma del código penal, de esa relación de naciones que no protegen debidamente al propietario ni lo blindan contra los vaivenes de la ideología?

Las confiscaciones masivas de empresas, medios de prensa, centrales azucareros y locales de servicios están aún muy frescas en la memoria de los hombres de negocios

El Gobierno cubano parece tener esperanzas de que, de la noche a la mañana, empiecen a llegar las propuestas de inversiones y créditos porque ya no estamos en la lista de colaboradores con el terrorismo. Sin embargo, por paradójico que resulte, esas ilusiones descansan en la presunción de cinismo y falta de ética corporativa que el Gobierno atribuye a quienes podrían estar interesados en hacer negocios con la Isla.

Las autoridades cubanas darán la bienvenida a las maquiladoras sin escrúpulos, a los más despiadados prestamistas, a los que se sienten cómodos cuando explotan a trabajadores sin derecho a protestar y a todo aquel que no encuentra un lugar decente donde instalarse.

¿A qué lista iremos a parar entonces?

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