El 'paraíso' está en venta

Los extranjeros sortean como pueden los obstáculos legales para hacerse con una vivienda en Cuba

Casa a la venta en Altahabana (CC)
Casa a la venta en Altahabana (CC)

Las amplias terrazas, una ubicación cerca de la playa y estilos arquitectónicos de tipo art déco tienen mucha demanda entre los extranjeros que compran casa en Cuba. Aunque la ley excluye a los no residentes en la Isla para adquirir una vivienda, las incipientes empresas inmobiliarias están abarrotadas de pedidos llegados de todas partes del mundo.

"Llevo tres años aquí y me va muy bien", comenta Andreas, un alemán de 67 años que tiene un hermoso chalet con piscina en el poblado de Guanabo, al este de La Habana. En los alrededores de su lujosa vivienda también han comprado "muchos belgas y franceses". Su trozo de paraíso le costó alrededor de 70.000 dólares, "poco dinero para una casa a cincuenta metros del mar y con este sol todo el año", alardea.

La compraventa de viviendas entre particulares fue autorizada en Cuba a finales de 2011, después de haber estado prohibida y rigurosamente perseguida durante décadas. El Decreto-Ley 288 publicado por la Gaceta Oficial en noviembre de ese año aprobó la transmisión de la propiedad de una casa entre "personas naturales cubanas con domicilio en el país" y "extranjeros residentes permanentes en el territorio nacional".

La compraventa de viviendas entre particulares fue autorizada en Cuba a finales de 2011, después de haber estado prohibida y rigurosamente perseguida durante décadas

Obtener la residencia en la Isla es un proceso complejo y las autoridades migratorias son muy estrictas para otorgar los permisos. El matrimonio con un nacional, los contratos de trabajo a largo plazo o el estar cursando estudios en centro universitarios son algunas de las pocas razones por las que se obtiene un permiso para quedarse. En 2011, las cifras oficiales indicaban que en el país sólo el 0,05 % de la población era extranjera.

El atrevimiento personal y la confianza en algún nacional ayudan a saltarse esa limitación legal. "El que aparece en el título de propiedad es un cubano amigo o familiar del comprador", detalla una abogada de la notaría ubicada en la céntrica esquina de 23 y J, en el Vedado. "El riesgo es alto, porque en los papeles el extranjero no aparece por ningún lado, así que un día al regresar de una viaje puede encontrarse con que le cambiaron el llavín a la casa y perderlo todo: güiro, calabaza y miel", ironiza.

Cuando algo sale mal en una compraventa que involucra a un no residente, este tiene todas las de perder. "No puede ir a la policía a denunciarlo, porque para la ley él no aparece en ningún papel relacionado con la vivienda", explica la abogada. "Se trata de un pacto entre caballeros, el que hacen el propietario, que será pura pantalla, y el verdadero dueño", corrobora.

Sin embargo, las posibilidades de que todo se malogre son muy altas. "Hay gente que ha perdido los ahorros de su vejez aquí", cuenta la especialista. "Se enamoran de una cubana o de un cubano, compran una casa para vivir juntos el resto de la vida y cuando la pareja se ve con un título de propiedad en la mano se las arregla para botarlo de la casa", narra.

Otro caso es el de los exiliados cubanos que compran a través de la familia que les queda en la Isla. "Conocí a una cubana que se fue cuando la operación Peter Pan y que acaba de comprar a través de unos amigos la misma casa que le confiscaron a su familia. Está ubicada en la barriada de la Víbora y es de esas viviendas que nunca se olvida", explica.

A pesar de los altos riesgos, los negocios privados que se dedican al mercado inmobiliario aseguran tener mucha demanda de clientes con otras nacionalidades. "Más del 30 % de las operaciones que hemos hecho involucran de alguna manera a un extranjero", asegura una empleada de Espaciocuba.com, una pequeña empresa por cuenta propia. "Se presentan como un amigo de la familia que supuestamente quiere ver la casa, pero para todos queda claro que el yuma es quien pone el dinero".

"Se presentan como un amigo de la familia que supuestamente quiere ver la casa, pero para todos queda claro que el yuma es quien pone el dinero"

En el catálogo de esta inmobiliaria se explica que "la gestión de venta de un inmueble suele convertirse en una tarea larga, agotadora e insegura" en Cuba, "debido a los tropiezos y problemas que surgen en el camino de los trámites a realizar". De ahí que brinden "información, publicidad, consejos útiles, promoción directa y asesoramiento jurídico". Si el cliente no habla español, facilitan un traductor.

Sonia y Ricardo viven en una céntrica zona del municipio Playa, de grandes mansiones con jardines. Llevan unos meses intentando vender la casa familiar para irse a vivir con sus hijos en Texas, Estados Unidos. "Vienen muchos canadienses, franceses y hasta norteamericanos a ver la casa", detalla la propietaria. El precio que han puesto en los clasificados ronda los 100.000 dólares y confían en vender antes de fin de año.

"Este lugar tiene todo lo que le gusta a los extranjeros", explica Sonia, mientras muestra la casa a dos suizos. "El sol da por la mañana en el portal, hay mucha privacidad con relación a otros vecinos y tiene estos vitrales que vuelven loco a todo el que los ve", describe agregando ventajas a cada metro cuadrado de su vivienda.

Los potenciales compradores piden subir a la azotea y buscan con la mirada el mar. "En el anuncio hemos puesto que se puede ir caminando a la Playita 16 y eso ha atraído a muchos compradores". Indagan también sobre el suministro de agua y en especial sobre los propietarios anteriores de la vivienda. "Tienen miedo de comprar algo que haya sido confiscado a una familia exiliada y que después se la puedan quitar", explica Ricardo.

En 2012 se vendieron unas 45.000 casas en Cuba. Un año después, la cifra prácticamente se había duplicado con 88.000 viviendas vendidas, según un estudio realizado por The Havana Consulting Group. El dato de cuántas de estas operaciones implicaron a un no residente es un misterio, pero las huellas de su presencia están por todos lados.

"Esto está lleno de italianos", cuenta Pascual, un guía de turismo especializado en la ciudad de Trinidad y sus alrededores. El Valle de los Ingenios, con sus enormes haciendas patrimoniales, una tierra fértil y un paisaje que corta el aliento, no ha pasado inadvertido para los ojos de los compradores extranjeros. "El fenómeno empezó antes de la nueva ley de compraventa, pero en los últimos años se ha extendido", señala.

"Los precios no son caros si se comparan con el mercado internacional" pero "después hay que echarle a la casa un montón de pesos"

En la zona hay fincas extensas, con una arquitectura tradicional que mezcla los arcos y columnas con las amplias terrazas. "Esto les arrebata", explica Pascual sobre los visitantes foráneos que llegan por primera vez a esa zona espirituana. "Vienen, se encantan y se les ocurre lo mismo que a todos: comprar una casa aquí". Aunque el guía cree que "los precios no son caros si se comparan con el mercado internacional", añade que "después hay que echarle a la casa un montón de pesos".

La falta de reparación que muchas casas cubanas han padecido por décadas, unida al desabastecimiento y los altos precios de los materiales de construcción, se vuelven un dolor de cabeza para el ilusionado comprador. "Tuve que hacer los dos baños y la cocina nueva, cambiar toda la instalación hidráulica y eléctrica que eran un desastre", recuerda Andreas, un berlinés que se vio obligado a importar en su propio equipaje personal algunas piezas para la cocina y hasta los interruptores de la luz.

No obstante los riesgos y las dificultades materiales para comprar y renovar una vivienda, los extranjeros se hacen sentir en el mercado inmobiliario cubano. Compiten en desventaja desde el punto de vista legal, pero tienen a su favor contar con más recursos financieros que el común de los cubanos. Cada paraíso tiene su parte de infierno, piensan muchos de ellos y están más que dispuestos a pagar el precio por tener su trozo de isla lejos del frío y de los impuestos.

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