Presidio Modelo, la destrucción de la historia

El comedor del Presidio Modelo. (14ymedio)
El comedor del Presidio Modelo. (14ymedio)

El deterioro y la desidia se han adueñado del Presidio Modelo en la Isla de la Juventud. El histórico lugar, donde estuvieron encarcelados varios asaltantes al Cuartel Moncada y también prisioneros políticos a partir de 1959, hoy padece la desatención y el olvido.

Parada obligada en los recorridos turísticos por el territorio pinero, el Presidio Modelo se ha convertido en una ruina gigantesca. Casi la totalidad de las rejas que cerraban las celdas y las ventanas fueron arrancadas. También faltan las mesas del inmenso comedor que llegó a tener capacidad para más de 3.000 reclusos.

En los edificios circulares, que funcionaron como galeras, las tejas del techo volaron con los vientos de sucesivos huracanes, sin que hayan sido reemplazadas por otras nuevas. Agua de lluvia estancada, heces fecales dejadas por los visitantes y el moho creciendo por todos lados completan el cuadro de abandono del lugar.

Curiosamente, se destaca por su cuidado la zona del hospital y las áreas que se han conservado por haber albergado a Fidel Castro. El lugar donde vivió en el presidio, la pizarra en la que supuestamente recibía clases el grupo revolucionario y hasta algunas sillas en las que se sentaron han sido conservadas en medio del entorno derruido.

El silenciamiento y la manipulación de la historia acompañan también a la destrucción física que muestra la cárcel pinera. Las vitrinas y las tarjas se esmeran en sobredimensionar los meses de prisión que vivieron allí los asaltantes al Moncada, mientras silencian o minimizan el horror del presidio político posterior a enero de 1959 con su hacinamiento, castigos, trabajos forzados, golpeaduras y muertes.

Como toda visita a una penitenciaría, estar en el Presidio Modelo sobrecoge. Uno puede sentir el control del guardia de seguridad -que desde la garita enclavada en el centro de los edificios circulares- podía controlar cada celda. Pero lo más desolador, más aún que la desidia y la destrucción arquitectónica, es la manipulación de nuestra historia en ese sitio clave.

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