Un día sin taxis privados

Clientes esperan en la avenida Rancho Boyeros por un taxi que los traslade hacia el Vedado o Centro Habana. (14ymedio)
Clientes esperan en la avenida Rancho Boyeros por un taxi que los traslade hacia el Vedado o Centro Habana. (14ymedio)

Sin carteles, pliego de demandas ni manifestaciones de protesta, así responden los taxistas privados de La Habana a los precios topados recién impuestos. Las autoridades han hecho una jugada audaz al regular los importes por tramos de estos trabajadores por cuenta propia, y el resultado ha sido un viernes de infierno para quienes intentaban desplazarse dentro de la ciudad.

Al borde de la acera, y sacudiendo desesperadamente los brazos, se veía durante la mañana a centenares de personas repartidas a lo largo de las rutas de almendrones. Pero los conductores rara vez paraban bajo el argumento de que solo hacen "viajes directos" entre la piquera inicial y el destino. Esta es la manera de evitar fragmentar los pagos y bajar el valor de los pasajes, tal y como ha sido regulado.

Carentes de un sindicato que represente sus demandas, los boteros intentan forzar el fin de la medida a base de congestionar la transportación urbana. Por su parte, el Gobierno sabe que una buena parte de los residentes en la urbe necesita de estos taxis colectivos para llegar a su centro de trabajo o de estudios. Sin ellos, el país se paralizaría.

En las calles se desarrolla desde ayer un pulso silencioso, donde de momento la peor parte se la están llevando los pasajeros.

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