Cayó el muro de la embajada

La "tribuna antiimperialista" ha tratado durante décadas de tapar la fachada del país ahora llamado a ser amigo. (EFE/Archivo)
La "tribuna antiimperialista" ha tratado durante décadas de tapar la fachada del país ahora llamado a ser amigo. (EFE/Archivo)

En pocos días cambiarán los membretes, sustituirán la placa con el nombre e izarán la bandera. Ese edificio cercano al mar y de cristales verdes dejará de llamarse Oficina de Intereses para convertirse en la Embajada de Estados Unidos en La Habana. Una transformación que trasciende la cuestión nominal, para alcanzar connotaciones políticas, simbólicas y hasta lingüísticas.

La fecha elegida para la reapertura, entre el día de la independencia de Estados Unidos y el aniversario del asalto al Cuartel Moncada, entrará en los libros de historia y marcará una nueva efeméride a recordar. Sin embargo, sólo la práctica dirá la última palabra sobre cuánto se transformará el lugar o se ampliarán sus funciones. Por el momento las interrogantes son muchas.

¿Dejarán de salir en la televisión nacional esos programas denigrantes contra disidentes cubanos donde se usan imágenes de ellos entrando a la SINA, ahora embajada? ¿No esperará ya la policía en las inmediaciones del lugar a los reporteros independientes para confiscarles la tecnología o los diplomas recibidos en los cursos de periodismo que se imparten allí? ¿Nos devolverán ese trozo de acera frente al mar, por donde hoy la policía impide transitar por la proximidad con la verja de la sede diplomática?

Bastará con decir "la embajada" para que todos sepamos que se trata de ese sitio, cercano al mar y de cristales verdes donde ha dejado de estar "el enemigo"

La libertad de movimiento de los funcionarios de la embajada norteamericana también deberá ser garantizada, junto al respeto de sus valijas y buzones. La posibilidad de contactar, visitar y reunirse con la sociedad civil tendrá que dejar de estar rodeada de estigmatización. Ahora los diplomáticos de ese país serán invitados a las conmemoraciones y actos públicos. Quizás hasta veamos sus rostros en la Plaza de la Revolución durante el desfile por el primero de mayo.

Ojalá que con la nueva sede diplomática también nos libremos de los enormes mástiles que afean el rostro de nuestra ciudad frente a la fachada del edificio y con los que el Gobierno cubano quiso un día tapar la marquesina electrónica que difundía noticias. Aquellos tiempos parecen ya lejanos. La propia "plaza antiimperialista" ha perdido razón de ser en un país cuyo presidente le ha dado la mano sonriente al inquilino de la Casa Blanca.

La embajada promoverá eventos, ciclos de cine temáticos, conferencias con instituciones y conciertos, al igual que otros países como Canadá, España, Holanda e Italia. Veremos entonces la bandera de las barras y las estrellas en carteles, folletos e invitaciones para actividades culturales. Aquellos que se ponen gafas oscuras y sombrero cuando se acercan al lugar o contactan con sus funcionarios, ahora lo harán a rostro descubierto y con la barbilla levantada.

Sin embargo, uno de los cambios más significativos ocurrirá en el lenguaje. Donde la gente dejará de usar subterfugios para hablar del lugar y lo llamará directamente "la embajada". Sin apellidos, sin especificar el país ni precisar la pertenencia. Bastará con decir "la embajada" para que todos sepamos que se trata de ese sitio, cercano al mar y de cristales verdes donde ha dejado de estar "el enemigo".

Imprimir

  • Facebook Like:
  • Google Plus One:
  • Tweet:
  • Tumblr:
  • Compartir:

Comentarios 142