Chatarra y efemérides: la televisión cubana se va a pique

Noticiero Estelar de la Televisión Cubana
Noticiero Estelar de la Televisión Cubana

Veinte minutos después de comenzado el noticiero, sólo se han anunciado efemérides y necrológicas. Como si en el país no pasara nada ahora. Para el estelar de la noche, el mundo se ha detenido cincuenta años atrás y apenas queda recordar y homenajear. Hasta el parte meteorológico tiene olor a naftalina. Un "buenas noches" concluye la emisión y los televidentes nos ilusionamos con que puede empezar la mejor parte de la cartelera. Pero nada.

La televisión cubana vive uno de sus peores momentos. La programación oscila entre el acartonamiento de la ideología y las producciones norteamericanas tomadas sin pagar derechos de reproducción. Así, pasamos de un lacrimógeno documental por el nacimiento de Hugo Chávez, a la intriga de la serie Castle, donde un asesino se las arregla para evadirse en el último segundo. En un canal retransmiten el soporífero discurso de Machado Ventura del pasado 26 de julio y en otro unos niños aprenden a cocinar recetas que jamás podrán hacerse en Cuba, dada la falta de ingredientes.

Vampiros de corazón sensible alternan con mártires caídos en no se sabe ya cuál batalla. Culebrones de más de cien capítulos hechos en Brasil, México o Colombia intentan recuperar a una audiencia que la mayoría de las veces ya se ha enterado de que el malo se casa con la buena, porque vio la serie a través del ilegal paquete. Programas de participación intentan transmitir frescura desde un estudio donde hasta los aplausos son grabados y la música doblada le roba todo el encanto a una interpretación en vivo.

Para emular a los enlatados televisivos llegados de otros lares, se producen entonces males mayores. La telenovela cubana es uno de ellos. Intenta atraer cargando la mano en las intrigas amorosas y pretende conectar con el público a fuerza de poner vulgaridades en boca de sus personajes. El resultado final es una mezcla de irrealidad y bajo mundo; lágrimas a raudales y familias que parecen vivir sólo en medio del atrezo de la escenografía. Cama y besos, es el ingrediente con el que cargan la mano a ver si recuperan el favor de los televidentes, pero ni siquiera así lo logran.

Sin concepto ni orden, la televisión se va conformando con lo que aparece, lo que se pueda robar de algún canal foráneo y la propia morosidad de las producciones nacionales

Los programas humorísticos tampoco se salvan, con excepción del popular Vivir del cuento, los otros discurren entre la chabacanería y el facilismo. Chistes copiados de inventarios humorísticos ajenos son los que más abundan, dada la imposibilidad de transmitir en la pantalla chica aquello de lo que realmente nos burlamos. ¿Se imaginan a un cómico frente a las cámaras decir: "Esta era una vez en el infierno, donde estaban el presidente de Estados Unidos, el de Rusia y el de Cuba..."? Pues no, no puede. El humor que vemos en la TV se ha vuelto tan aburrido como el noticiero.

Sin concepto ni orden, la televisión se va conformando con lo que aparece, lo que se pueda robar de algún canal foráneo y la propia morosidad de las producciones nacionales. La peor parte llega cuando los guiones nacionales intentan competir con  Hollywood, Discovery Channel o History. Es ahí cuando salen bodrios a la manera de Tras la huella, donde los policías son siempre tan correctos, tan honestos y efectivos que uno termina preguntándose cómo hay tanta delincuencia en un país con fuerzas del orden tan perfectas.

Tampoco las transmisiones deportivas se salvan. Hay que escuchar a los comentaristas que, por largos minutos, aseguran que le quitaron la medalla a aquel deportista cubano que "lo hizo tan bien, pero el árbitro favoreció al contrincante", mientras evitan regalar un solo elogio a los anfitriones de la justa deportiva que se desarrolla en el extranjero. El chovinismo toma forma de pértiga, pelota, bate o martillo. Los atletas se convierten en punta de lanza de la política.

Ha pasado una hora desde que terminó el noticiero y el zapping confirma que la televisión cubana se ha ido a pique. ¿Cuántos a esa hora estarán prendidos de alguna transmisión de los canales nacionales? Sopecho que pocos.

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