Cuba vive momentos cruciales

El presidente cubano, Raúl Castro, recibió este viernes en La Habana a su homólogo de Venezuela, Nicolás Maduro (Foto EFE)
El cambio en la Asamblea venezolana supone la pérdida de uno de los mayores apoyos de Raúl Castro. (EFE)

Se acaba 2015 y Cuba vive momentos cruciales. Hay cinco factores principales que están incidiendo en la situación cubana: el incumplimiento de los acuerdos fundamentales del VI Congreso del PCC, el agotamiento etario y político de la "dirección histórica", el espasmo en las relaciones Cuba-EE UU, la reversión de la ola izquierdista en América Latina ‒especialmente la derrota parlamentaria del Gobierno de Maduro en Venezuela‒ y el creciente descontento popular con el modelo centralizado económica y políticamente, mostrado en el éxodo y en el aumento y organización de la oposición.

La situación tiende a una crisis económica, social y, previsiblemente, política que obliga a todos los actores del escenario cubano ‒especialmente al Gobierno‒ a pensar en función de los intereses generales de la población y dejar a un lado los de los grupos particulares.

1. Se sabe que, de haberse aplicado consecuentemente los principales acuerdos del VI Congreso del PCC respecto al cuentapropismo, el cooperativismo, la autonomía empresarial y la apertura a las inversiones extranjeras desde que fueron aprobados en el 2011, el panorama hoy sería de prosperidad por lo menos. En cambio, el sostenimiento a capa y espada del modelo estatal asalariado continúan deprimiendo la producción agrícola, los precios al por menor siguen al alza y continúa la dichosa doble moneda.

Aunque los ligeros cambios han mejorado la situación de grupos minoritarios y potenciado el desarrollo de una clase media incipiente, las mayorías desposeídas han continuado empeorando económica y socialmente. Ha aumentado también el empobrecimiento de los asalariados del Estado ‒que son la mayoría‒ y se han agravado los problemas del transporte, la alimentación y la vivienda, los que más preocupan a todos.

Ha aumentado el empobrecimiento de los asalariados del Estado y se han agravado los problemas del transporte, la alimentación y la vivienda

2. Raúl Castro ha dicho que se retira del Gobierno a principios de 2018. Su legitimidad, como la de Fidel Castro y los otros históricos que han gobernado este país por más de medio siglo, viene de su participación en el asalto al Cuartel Moncada, el Granma y Sierra Maestra, no de haber sido elegidos por el voto directo y secreto del pueblo. De ese grupo, sea por la edad, la carencia de apoyo popular u otros factores, ninguno estará en capacidad de sustituirlo. El vicepresidente actual u otro que surja por el camino podrán contar con el apoyo de los históricos, pero no contará con la legitimidad que tienen ellos, por lo que necesitará pasar la prueba de la elección directa y democrática si desea tenerla ante el pueblo.

Esta situación obliga a que, en el tiempo que resta a Raúl Castro en el poder, se concrete un proceso de negociación democrática en la sociedad cubana que posibilite un amplio debate nacional inclusivo, una nueva Constitución y una nueva Ley Electoral pluripartidista que permita a su sucesor presentarse como candidato a unas elecciones democráticas.

Son también los dos años que le quedan a los históricos para acabar de desarticular el entuerto estatalista asalariado que impusieron en nombre del socialismo y desarrollar una economía de libre mercado que incluya el cooperativismo libre de todo tipo y tamaño, el trabajo autónomo sin restricciones, donde las empresas estatales que queden sean las indispensables, tengan un alto nivel de autonomía y la mayoría sea manejada en cogestión con sus trabajadores. Junto a ellas, se deberían desarrollar empresas de propiedad privada de todos los tamaños, incluidas las de capital cubano fuera del país y el extranjero.

De no avanzar Cuba en este proceso de democratización y socialización económica, el futuro de la nación podría ser muy incierto y desolador.

Este es también el tiempo que queda al hermano de Fidel Castro para resolver los problemas fundamentales con EE UU a fin de lograr que las relaciones con el país vecino sean beneficiosas para Cuba sin poner en riesgo su soberanía.

El Congreso de EE UU condiciona cualquier avance en el asunto a cambios democráticos en Cuba, "concesiones al imperialismo" que el Gobierno revolucionario no está dispuesto a ceder

3. El espasmo que sufren las relaciones entre Cuba y EE UU por la exigencia del levantamiento total del bloqueo-embargo, la eliminación de Ley de Ajuste o la devolución de Guantánamo, junto a la crisis migratoria por la presencia de 8.000 cubanos varados en Centroamérica, a la entrada de un año electoral en EE UU hacen más difícil a la administración Obama poder avanzar en la normalización de relaciones y sugieren un panorama poco halagüeño al respecto, aunque el presidente de EE UU y algunos congresistas estadounidenses están impulsando acciones para tratar de que el Congreso aborde el tema.

El problema de fondo estriba en que el Congreso de EE UU condiciona cualquier avance en el asunto a cambios democráticos en Cuba, "concesiones al imperialismo" que el Gobierno revolucionario no está dispuesto a ceder.

Nadie entiende qué concesiones al imperialismo puede haber en devolver la soberanía política y económica la pueblo cubano, que hizo una revolución que triunfó en 1959 por restaurar la institucionalidad democrática y la constitución del 40 violadas por Batista, siempre postergada por este Gobierno revolucionario. No es concesión al imperialismo, es deuda con el pueblo.

Hay indicios de que esta situación de estancamiento podría estar siendo empujada por figuras del propio Gobierno cubano opuestas a los cambios necesarios, esos que dicen preferir hundir la Isla en mar a ceder en sus posiciones. Ese hundimiento no cuenta con el apoyo mayoritario de los cubanos.

4. La reversión de la ola izquierdista en América Latina está creando condiciones para una mayor presión al Gobierno cubano a fin de que avance hacia cambios democráticos. El gran revés parlamentario del PSUV probablemente conllevará una drástica disminución de los suministros de petróleo venezolano a Cuba y en parte del intercambio de médicos por petróleo, lo que afectará sensiblemente la economía y la sociedad cubana en general. Esto obligará al Gobierno de Raúl Castro a pagar el petróleo que consume, pero ahora de otras naciones, con condiciones de pago que no serán tan beneficiosas como las contraídas con el madurismo.

Acostumbrados a gobernar más de medio siglo con la oposición aplastada a base de represión, el Gobierno no sabe cómo lidiar con una creciente alternativa política pacífica

También debe servir para que el Gobierno actual enrumbe por el camino de las reformas económicas aprobadas por el VI Congreso aplicadas limitadamente y abra espacios de participación democrática, donde todos los sectores ‒la oposición y el pensamiento diferente‒ se puedan proyectar públicamente sin represión.

5. El desastre sostenido en la economía por la falta de disposición gubernamental a hacer avanzar las reformas económicas aprobadas por el propio Partido Comunista, la falta de avances democráticos, la desesperanza porque no hay mejoras palpables para los de abajo en el cambio de las relaciones con EE UU y la pérdida de la ayuda venezolana han acrecentado el descontento popular, el éxodo y el tamaño y organización de la oposición.

Acostumbrados a gobernar más de medio siglo con la oposición aplastada a base de represión, el Gobierno no sabe cómo lidiar con una creciente alternativa política pacífica que, por prohibida y carente de cauces, se manifiesta de disímiles maneras, lo mismo en el seno del Partido Comunista y las instituciones oficiales que en las calles.

Todo este conjunto de circunstancias ponen al Gobierno de Raúl Castro ante una disyuntiva muy evidente para el 2016. O avanza en el cumplimiento pleno de los acuerdos del VI Congreso y empieza un proceso de democratización interna que facilite un mayor relajamiento de las cuerdas del bloqueo-embargo, o la economía y la sociedad cubanas se verán envueltas en un grave periodo de turbulencias de consecuencias imprevisibles.

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