'Espacio Laical' aborda la identidad nacional, el 'affaire' Tania Bruguera y los crímenes del Estado Islámico

Número 4 de 'Espacio Laical', publicado en 2014
Número 4 de 'Espacio Laical', publicado en 2014

El cuarto número de este año Espacio Laical abre con un editorial uniéndose al reclamo que hizo el papa Francisco a la comunidad internacional para que "no permanezca muda e inerte" frente a los crímenes del Estado Islámico. En esta entrega, tienen también cabida un par de artículos a través de los cuales la revista se suma a la polémica entre cristianos y representantes del ateísmo militante, uno de ellos especialmente preparado para la revista por el sacerdote agustino Quirilio Matos Batista.

Muy recomendado es el texto "Acerca del decrecimiento de la población cubana", de Jorge Domingo Cuadriello con propuestas discutibles pero interesantes. Mientras, la crónica "Los palacios y las fritas", de Alfredo Prieto González, nos regala una mirada sobre las luces y las sombras de La Habana republicana.

El plato fuerte, sin embargo, es "Cuba es un ajiaco, sentenció Fernando Ortiz", de Sergio Valdés Bernal, una indagación en la identidad nacional. Su lectura estimulará a muchos a buscar la conferencia original de Ortiz, también conocido "como tercer descubridor" de la Isla: Los factores humanos de la cubanidad.

El rescate de la figura de José Ignacio Rivero Alonso, periodista y director del Diario de la Marina, es emprendido por Katia Figueredo Cabrera. El número se nutre, además, con los trabajos de Marifeli Pérez-Stable, Arturo López-Levy y una entrevista a Sergio Ramírez.

Otra de las "joyitas" de este número es una crónica rescatada de Álvaro de la Iglesia, en que la que retrata ciertos dislates de la policía colonial allá por 1892 y que, sin embargo, parecen referirse a una Cuba más actual que pretérita.

El plato fuerte es "Cuba es un ajiaco, sentenció Fernando Ortiz", de Sergio Valdés Bernal, una indagación sobre la identidad nacional

En la misma edición, las originales reseñas de Jorge Domingo Cuadriello, editor y jefe de redacción, resultarán todo un deleite. En ellas se da gusto en revisar nuestra historia pero sobre todo nuestra literatura.

El debate reflejado en la sección "En Diálogo" acerca de la situación de los afrodescendientes en la Cuba de hoy, deja sin embargo solo unos cuantos bostezos y alguna que otra cabezada, quizá por la composición del panel. Un buen consejo podría ser saltarse las presentaciones de los hermanos Espina Prieto o las del pitagórico Víctor Fowler y quedarse con la lectura de las opiniones de Tato Quiñones o las intervenciones del público.

El número cierra con la sección "La Polémica", que los cubanos de a pie, los que no tenemos acceso a Internet, agradeceremos siempre. Independientemente de la postura que asuma Pablo Argüelles, su redactor, lo cierto es que solo en sus páginas hemos podido encontrar en papel, impreso en Cuba por demás, detalles sobre el affaire Tania Bruguera, especialmente la polémica digital que motivó el incidente.

Con sus 126 páginas, este número de Espacio Laical viola una de las reglas que se había impuesto el nuevo consejo de redacción: no excederse de las noventa y tantas cuartillas. Esperamos que pronto la revista consiga actualizar y regularizar sus salidas, para saborear todos los números.

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