Glosas ingenuas en torno a dos monedas falsas

Establecimiento que acepta el pago en las dos monedas. (14ymedio)
Establecimiento que acepta el pago en las dos monedas. (14ymedio)

No es común, en medio de la grisura y las cataratas de efemérides que constituyen el grueso de la prensa oficial, encontrar un trabajo periodístico que pone a la luz –aunque sea parcialmente– los obstáculos que se derivan de uno de los más peliagudos problemas de la economía cubana: la doble moneda.

Un reportaje publicado este domingo en el periódico Juventud Rebelde realizaba un balance sobre los resultados de las ventas en las dos monedas nacionales (CUP y CUC) en las llamadas shoppings en el cual se hace patente que casi tres años después del inicio de este "experimento" las ventajas resultantes se reducen casi exclusivamente a la simplificación del trámite cambiario.

La única mejoría consiste en que ya los interesados en comprar en las tiendas recaudadoras de divisas que solo cuentan con CUP no están obligados a realizar la transacción a CUC en las casas de cambio

Llevado a términos más comprensibles, la mejoría consiste en que ya los interesados en comprar en las tiendas recaudadoras de divisas que solo cuentan con moneda corriente (CUP) no están obligados a realizar la transacción de su dinero a CUC en las casas de cambio (Cadeca), con las consiguientes molestias de colas, pérdidas de tiempo y, a veces, el traslado desde lugares distantes, sino que pueden realizar su compra con CUP.

Otra ventaja que, sin adentrarse en detalles sórdidos, mencionan los reporteros, es que con el uso indistinto de ambas monedas se "ha restringido a la mínima expresión el mercado ilegal de divisas". En la práctica esto no significa que el mercado cambiario subterráneo haya desaparecido o se haya debilitado –como parece insinuarse en el texto– sino que las transacciones ilegales siguen gozando de excelente salud en recintos cerrados, como bien saben aquellos que venden sus propiedades con intenciones de emigrar, llevando consigo algún capital en moneda dura y acuden a esta vía para hacer la correspondiente transacción.

En contraposición con las dos modestas mejoras mencionadas, el reportaje enumera un rosario de dificultades, entre las que destacan los errores derivados de la no capacitación del personal para operar con las dos monedas, lo que ha provocado numerosas fallas; la inestabilidad de la fuerza de trabajo especializada y el "poco dominio" en el "tratamiento contable de la dualidad monetaria"; o la "insuficiente capacidad en las cajas fuertes y cajas registradoras" para custodiar el efectivo en las dependencias comerciales. Otros problemas son la inexistencia de un sistema automatizado para registrar las operaciones con el nuevo instrumento de pago, lo que supone "errores contables" o las "diferencias en el cuadre diario por errores en la operatividad de las cajas registradoras", entre otras limitaciones no atribuibles a las cadenas de comercio y que se relacionan con las sempiternas estrategias gubernamentales de improvisación y emergencias efectistas para paliar males profundos y de vieja data.

Un problema recurrente que se afronta es la inconformidad de los clientes que pagan en CUP y reciben el vuelto solo en CUC

Un problema recurrente que se afronta es la inconformidad de los clientes que pagan en CUP y reciben el vuelto solo en CUC. Resulta perenne la insuficiencia de moneda fraccionaria en las shoppings, de manera que muchas veces el cliente no recibe su vuelto completo, lo que redunda en perjuicio de su bolsillo y en beneficio del empleado encargado de cobrar en la caja, que al final del día se apropia de ese remanente. Este inconveniente se agrava al aumentar la demanda de menudo en CUC debido a que estas devoluciones al cliente que paga en CUP son obligatoriamente en divisas.

Entre los puntos más interesantes, aunque apenas mencionado tangencialmente en el reportaje, está el criterio de un entrevistado que se queja de la confusión creada por la compra-venta en dos monedas, especialmente por la tasa de ganancia que aplican las tiendas (1 CUC equivale a 25 CUP), mientras que el cambio de 1 CUC en las Cadeca equivale a 24 CUP.

Las tiendas van más allá de su función como entidades comerciales al realizar una operación bancaria o intermediación monetaria que legalmente correspondería al Banco Nacional, una distorsión propia de un sistema donde la economía en bancarrota no puede ofrecer un verdadero soporte financiero a la moneda, por lo cual el dinero no tiene un valor real. Por otra parte, existe una sola entidad, el Estado-Partido-Gobierno, como único administrador y propietario de todo, desde la Banca hasta las cadenas comerciales y la mayoría de los servicios, de manera que la moneda tiene una función prácticamente simbólica y solo opera dentro del territorio nacional.

Ya que de deformación monetaria se trata, el reflejo más palpable de la ambivalencia que porta una moneda tan ficticia como el CUC es la caprichosa diferencia de valor que adquiere en el uso popular, según se trate de moneda entera o fraccionaria. En el mercado informal la moneda fraccionaria pierde valor.

Misteriosamente parece existir una ley no escrita donde el uso del CUC en moneda fraccionaria lo coloca en el mercado informal en una equivalencia de 20 pesos en CUP

Esta aberración se manifiesta en cada transacción informal, como por ejemplo, en el caso de lo que abona el pasajero de un taxi botero (sector privado) cuando paga por el servicio: si el tramo cubierto cuesta 10 pesos (CUP) y el pasajero paga con un CUC, seguramente recibirá 14 pesos (CUP) como vuelto; es decir, el equivalente del CUC a razón de 24 pesos corrientes (CUP), que es el mismo valor de compra que impone la Cadeca. Sin embargo, si ese mismo pasajero paga el servicio con moneda fraccionaria de CUC (digamos, 50 centavos), lo más habitual es que no obtenga vuelto alguno, cuando supuestamente el chofer debería devolverle 2 pesos (CUP). Misteriosamente parece existir una ley no escrita donde el uso del CUC en moneda fraccionaria lo coloca en el mercado informal en una equivalencia de 20 pesos en CUP.

Lo mismo ocurre si la compra que se realiza es por valor de 1 peso CUP (informalmente, 5 centavos CUC), como es el caso de una bolsa de plástico o un periódico, comprados a los vendedores callejeros, por lo general ancianos jubilados que buscan redondear así sus magros ingresos.

Otro tema notorio que se menciona es el de los elevados precios de los productos de las tiendas, que se hacen más evidentes cuando el pago es en CUP. Obviamente, la utilización del CUP en las redes comerciales y de servicios pone de relieve la enorme inflación que se ha entronizado en la Isla y que de cierta manera se lograba enmascarar cuando la compra-venta se verificaba únicamente en CUC. No causa el mismo efecto psicológico comprar una bolsa de leche en polvo en 5,65 pesos CUC que en 141,25 pesos CUP, que es el 35,3% de un salario medio cubano (400 pesos CUP). Además, en Cuba se habla de "altos precios" cuando en realidad correspondería hablar de devaluación de la moneda CUP y de los bajos salarios de los trabajadores, que deprimen hasta niveles mínimos la capacidad de consumo del cubano promedio.

No hay que desdeñar el esfuerzo de quienes, desde el monopolio de prensa de la dictadura, se esfuerzan por tirar de la cadena, aun cuando le sigan temiendo al mono

Otros muchos puntos colaterales del reportaje merecerían ser comentados, como es el caso de la negativa de la mayoría de las cadenas comerciales a ofrecer declaraciones a la prensa oficial –un formidable escollo que constituye el pan diario de la prensa independiente cuando pretende interpelar a funcionarios o instituciones oficiales, o cubrir eventos supuestamente públicos–, y la alusión de los reporteros a la función informativa, cultural, social y cívica que debe cumplir la prensa. Pero no se puede abarcar en un texto la totalidad de los debates que permiten estos temas.

Pese a todo, con sus aciertos y sus evasivas, el artículo de Juventud Rebelde tiene el mérito de sacar al menos la punta del iceberg de algunos de los más graves entuertos que exhibe la economía cubana, e implícitamente apuntar a la necesidad urgente de poner fin a la dualidad monetaria, una cuestión espinosa que –inexplicablemente– no estuvo en la agenda de las sesiones de la Asamblea Nacional de diciembre último.

No están todos los problemas, ni sus soluciones. El villano sigue oculto tras un ejército de chivos expiatorios y funcionarios de poca monta. Pero no por ello hay que desdeñar el esfuerzo de quienes, desde el monopolio de prensa de la dictadura, se esfuerzan por tirar de la cadena, aun cuando le sigan temiendo al mono.

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