Juan condenado a la nada

En poco más de 50 minutos, el guión detalla los gastos que debe afrontar este personaje de ficción, inspirado en el propio hermano del director. (Captura)
En poco más de 50 minutos, el guión detalla los gastos que debe afrontar este personaje de ficción, inspirado en el propio hermano del director. (Captura)

¿Cómo explicar a nuestros nietos el absurdo económico de la Cuba actual? ¿Qué malabares pedagógicos se necesitarán para detallar el mercado negro, la libreta de racionamiento, las tiendas recaudadoras de divisas y los precios topados? ¿Nos creerán cuando describamos al devaluado peso cubano y a su émulo, el chavito? La película La singular historia de Juan sin nada, del director Ricardo Figueredo, podría ayudar en ese empeño didáctico.

El documental cuenta la vida –la sobrevida– de Juan un trabajador que tiene como única entrada financiera un salario mensual de 250 CUP, equivalente a unos 10 CUC. Un hipotético "cubano de a pie" que no recibe remesas del extranjero, no desvía recursos del Estado ni revende productos para sobrevivir. Un ciudadano con una vida gris, que no puede permitirse siquiera comprar una camisa nueva, invitar a la novia a una cafetería o lustrar sus zapatos.

En poco más de 50 minutos, el guión detalla los gastos que debe afrontar este personaje de ficción, inspirado en el propio hermano de Figueredo, para alimentarse y pagar los servicios básicos como el suministro de agua, electricidad o gas. La historia se apoya también en testimonios reales que van delineando una economía distorsionada, plagada de contradicciones y donde la honestidad resulta un obstáculo en la lucha por subsistir.

En la voz del actor Luis Alberto García, que se desempeña como narrador, La singular historia de Juan sin nada detalla los productos que aún se distribuyen por la libreta de abastecimiento y sus correspondientes precios, un paneo por esa pobreza subvencionada que entroniza el mercado racionado y que , como dice el economista Juan Triana, también "transmite injusticia".

La selección de imágenes de archivo ayuda a comprender cómo se fue montando la trampa de miseria en que hoy están encerrados millones de cubanos. Es una explicación salpicada de sarcasmo y de ciertos detalles históricos que el oficialismo ha querido sepultar, como las promesas de que el desabastecimiento nunca llegaría a nuestros mercados o que los turrones no se ausentarían de nuestras Navidades.

La vida de Juan está siendo vista de la misma manera en que discurre: al margen de los focos institucionales y lejos de los privilegios oficiales

Es probable que esa mezcla de humor y buena memoria hayan contribuido a que la película no fuera seleccionada para participar en la última edición del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano el pasado diciembre. No obstante, el filme ya está circulando en las redes alternativas de audiovisuales, lo que le supone una mayor audiencia que en las sesiones de la cita cinematográfica de cada diciembre. Así que la vida de Juan está siendo vista de la misma manera en que discurre: al margen de los focos institucionales y lejos de los privilegios oficiales.

Entre los espectadores, el título de la cinta despierta el recuerdo del poema de Nicolás Guillén en el que se asegura que, tras enero de 1959, los cubanos nos convertimos en "Juan con todo", una aseveración que rueda por los suelos cuando el protagonista emplea la quinta parte de su salario en comprar un jabón y un desodorante en las tiendas propiedad del Estado, a precios con "impuestos de más del 200%", puntualiza el documental.

El mercado agrícola y las redes ilegales de comercio completan las opciones a las que el empobrecido hombre debe recurrir para poder alimentarse, mientras las matemáticas apuntan a que no va a lograrlo, a que nadie puede tener una vida decente con un salario ganado decentemente. La tensión crece y la desazón se va apoderando del público en la medida que el dinero se escurre de las manos de Juan y su plato de comida se va quedando vacío.

Las entrevistas con trabajadores por cuenta propia, jubilados, empleados estatales y analistas hacen que la cinta de Figueredo pueda trascender la mera explicación didáctica para alcanzar un alto valor testimonial, un retrato endurecido de una Cuba con la que nadie está conforme, ni siquiera las voces más cercanas al discurso oficial que se escuchan en la película.

Sin embargo, el mayor logro del documental solo se podrá apreciar más adelante, cuando las incrédulas generaciones del futuro crean que exageramos al contarles lo que hemos vivido. La singular historia de Juan sin nada será como esos fósiles que al ser desenterrados muestran la fiera anatomía de un animal extinto, el sombrío esqueleto de una economía en ruinas.

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