Maduro da un paso más hacia la 'cubanización' de Venezuela

El presidente aprendió del régimen cubano que puede justificar la falta de libertades con supuestas amenazas externas. (EFE/Cubadebate)
El presidente aprendió del régimen cubano que puede justificar la falta de libertades con supuestas amenazas externas. (EFE/Cubadebate)

Este domingo Nicolás Maduro enterró lo que quedaba de la democracia venezolana. Lo hizo pese a las críticas internacionales, las protestas que durante más de cien días han mostrado su desaprobación a la Asamblea Constituyente y la difícil situación económica que atraviesa el país. El nuevo órgano de poder que nace de esta votación copia el modelo cubano y cercena la vía pacífica para un cambio de sistema.

La Habana se apresuró este lunes y anunció la victoria oficialista en Venezuela. Los titulares aparecidos en el diario Granma, órgano del Partido Comunista de Cuba, tienen todas las trazas de una noticia dictada previamente por una Plaza de la Revolución que ha atado y bien atado el proceso electoral de este domingo. Ni siquiera la realidad de una pobre asistencia y del rechazo de varios Gobiernos latinoamericanos ha logrado revertir ese guión.

A Venezuela le aguarda el desmontaje de las pocas estructuras independientes que podían hacer frente a las ansias de control del Palacio de Miraflores

Venezuela ha comenzado a transitar por un camino sin vuelta atrás. Le aguarda el desmontaje de las pocas estructuras independientes que podían hacer frente a las ansias de control del Palacio de Miraflores. A partir de ahora, la batalla contra todo vestigio de ciudadanía se hará amparada en un supuesto ente de "poder popular" hecho a la medida de los intereses del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y triste copia de la Asamblea Nacional cubana.

En sus primeras declaraciones tras la votación, Maduro ya adelantó lo que se avecina y repartió amenazas contra el Parlamento, la Fiscalía, los líderes de la oposición y la prensa. Esa diatriba subirá de tono en los próximos días y, como el presidente alertó, podría terminar llevando a los más críticos a "una celda, bajo el mando de la justicia necesaria".

Como una vez Fidel Castro desarticuló la sociedad civil cubana, empujó a miles de personas al exilio y encarceló o fusiló a sus antagonistas, ahora el chavismo se prepara para hacer de Venezuela una tierra arrasada para la diversidad política y la participación cívica. En aras de lograrlo, mezcla con habilidad el garrote y la zanahoria al igual que se ha hecho durante casi seis décadas en esta Isla.

Un ejército de trabajadores públicos obligados a hacer lo que dicta el oficialismo, miles de familias dependientes de productos alimenticios subsidiados y una retórica de odio que asusta a los detractores son algunas de las armas que emplea Maduro para controlar ese país acosado por la crisis y el sinsentido político en que se ha convertido Venezuela.

En contra de las ansias totalitarias del heredero de Hugo Chávez se halla una parte de la población que intenta recuperar en las calles lo que le han quitado en las instituciones, pero que no podrá mantener por mucho tiempo el pulso frente a militares y cuerpos policiales entrenados. Está también la comunidad internacional, acostumbrada a expresarse en memorandums y declaraciones de poco efecto en la práctica.

Maduro entiende que una dictadura puede entronizarse y justificar la falta de libertades con supuestas amenazas externas, como le enseñó el régimen cubano

Maduro sabe que el tiempo y la diplomacia pueden apaciguar a los organismos internacionales y a los Gobiernos extranjeros. Ha aprendido a cabildear en Naciones Unidas y a comprar el beneplácito de figuras influyentes que braman por que se respete la soberanía venezolana. Entiende que una dictadura puede entronizarse y justificar la falta de libertades con supuestas amenazas externas, como le enseñó el régimen cubano.

El fraude de este domingo apenas deja dos vías posibles: la capitulación de la sociedad civil y la consumación del totalitarismo o el terrible sendero del conflicto social. Pase lo que pase, el país cargará por décadas con el fantasma que ha despertado esta Asamblea Constituyente.

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